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Musica Tradicional del Caribe Colombiano

 

 

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“Oíd con atención los cantos nacionales, porque son una mina inagotable en la que se encuentran las melodías más hermosas, que os darán una idea del carácter de los diferentes pueblos”.

Robert Schumann.

 

 

Las músicas que no están relacionadas a composiciones elaboradas y escritas, ni a teorías musicales occidentales basadas en sistemas modernos, tratados académicos,  clásicos, medievales o incluso antiguo, constituyen un vasto campo cultural en todos los pueblos del mundo, y son patrimonio de los diferentes grupos étnicos de la humanidad. En muchas ocasiones se las relaciona con el mismo origen de la música, en ciertos casos hasta con rareza o rusticidad considerándose como primitivas.

 

 

En los últimos años ha tenido auge el estudio y conocimiento acerca de las músicas étnicas por parte de muchas esferas y clases sociales que anteriormente y de forma despectiva, las consideraban de “bárbaras”, hasta el punto de incluirlas en la clasificación internacional como “World Music”, y gracias a la divulgación de grabaciones realizadas por etnomusicólogos, intelectuales, movimientos culturales tradicionales, músicos de vanguardia amantes de lo exótico, jazzistas internacionales entre otros,  han contribuido al realce y valoración de estas manifestaciones espontáneas que representan la cultura e identidad de muchos pueblos del planeta y que se conocen como “músicas tradicionales y populares”.

 

No obstante, en los últimos años y debido al postmodernismo y cambios socioeconómicos en el mundo, se ha venido revaluando los conceptos de música tradicional, popular y el término Folklore. 

 

“Tradición” es una palabra llena de evocaciones. En diversas corrientes de pensamiento ha sido caracterizada como una forma de autoridad (Weber), un modo de  transmisión comunal, la expresión de un vínculo comunitario (Tönnies) o un horizonte de sentido heredado discursivamente (Gadamer). Los conocimientos se heredan de padres a hijos de manera directa a través de la experiencia, de la práctica inmediata, y con ellos también se difunden los conceptos, ideas, historia, significado y uso de los hechos sonoros.

 

Las canciones se aprenden “de oído”, sin análisis, sin explicaciones teóricas, lo mismo la interpretación, la manera de elaborar los instrumentos se hace de la observación directa.  En una acepción más restringida, se refiere a las formas culturales de continuidad intergeneracional en el tiempo y el espacio. En el sentido común moderno como en la práctica de quienes se han dedicado al folclor, el concepto de tradición posee otras connotaciones añadidas: la nobleza de los orígenes; la Voz del Pueblo; el alma o el carácter de las gentes de determinado lugar o grupo social. Históricamente, el concepto de tradición ha podido vincularse con el paisaje, el amor de madre, la castidad, la inteligencia campesina, diferencias de géneros, las razas o las regiones.

 

 

La tradición oral es común a toda manifestación musical que pueda ser considerada inicial en una evolución histórica de la música. La música tradicional es un medio de transmisión de aspectos culturales, ya sean de carácter religioso, histórico, sobrenatural, social, etc.

 

La música étnica concentra su importancia en lo funcional y ritual, el lugar que ocupa en el desarrollo de la vida humana puede dar una idea más compleja aún, hechos como el nacimiento, un matrimonio, un funeral, se hallan marcados con la impronta de la música.

 

Toda música se explica desde la hibridación de diferentes culturas, del mestizaje cultural y desde la interculturalidad, como resultado de largos procesos de intercambios dentro de una región o zona geográfica, que dan nacimiento a nuevas entidades musicales y nuevos géneros. La mezcla de culturas se remonta a los orígenes del mundo. Pero, lo que se inicia con la conquista española de América en el siglo XVI es el mestizaje a escala planetaria. Por primera vez se mezclan culturas de distintos continentes que, hasta entonces, habían permanecido aisladas, procedentes de América, África y Europa.

 

Por su parte las músicas populares tienen una connotación más elaborada, una  concepción más académica y racional, las cuales utilizan instrumentos técnicamente elaborados, temáticas intelectuales, formas y tímbricas desarrolladas, etc.

 

 

Entre tanto,  el término Folklore se deriva del anglicismo Folk, pueblo y Lore, sabiduría. La palabra “Folklore” apareció por primera vez en una carta que el arqueólogo inglés William John Thoms (1.803-1.885) publicó el 22 de agosto de 1846 en la revista londinense Athenaeum. En esa carta, Thoms proponía a los estudiosos de las tradiciones populares, las supervivencias antiguas de los usos, costumbres, ceremonias, creencias, romances, refranes, fiestas,  que entonces discutían sobre el nombre que debían dar a la materia de sus investigaciones, sustituir las extensas denominaciones Popular Antiquites y Popular Literature por la nueva palabra más corta y eufónica y cuyos componentes o raíces Folk y Lore se encontraban en el diccionario de la lengua inglesa.

 

Este concepto de folclor sigue siendo tema de controversia según los críticos en esta materia, variable de acuerdo con las épocas y las tendencias. En su mayoría, los folclorólogos coinciden en afirmar que la cultura y las tradiciones populares, parecen ir en decadencia ante la modernización y el progreso mundial. Por tal motivo, éstos proponen rescatar todo lo concerniente a la cultura tradicional y popular, con el fin de mantener vigente el pasado en distintas formas representativas, ya sea en forma de grabación, fotográficas, videográficas, etc. Estamos inmersos en un fenómeno de globalización o mundialización, lo que nos obliga a adoptar formas de comportamiento y maneras de pensar distintas.

 

En Colombia, tanto investigadores, sociólogos, historiadores, periodistas, antropólogos, etnólogos, arqueólogos, escritores, lingüistas, músicos, pedagogos, folclorólogos y demás, han  hecho un aporte en la contribución de divulgar las tradiciones populares en todos sus ámbitos. En parte, como una forma de reafirmar nuestra  identidad nacional y como manera de establecer ciertos modelos, prototipos, patrones, rasgos y características regionales.  Todos los trabajos y aportes que se han hecho durante los últimos 70 años, tienen su mérito y reconocimiento a pesar de presentar algunas carencias en sus enfoques, conceptos, poca profundidad o deficiencias en las investigaciones. Debido a lo complejo y extenso del estudio de las músicas regionales, los tratados, manuales, diccionarios y compendios nacionales se tornan en algunos casos superficiales, pues no presentan investigación de campo, en algunos casos la fuente no es directa, y se incurre en imprecisiones conceptuales y técnicas, como en el caso de transcripciones melódicas y rítmicas, en su mayoría, los escritores no manejan teoría ni rudimentos musicales. Pronto van surgiendo en el panorama regional colombiano, investigadores locales, quienes por su contacto y experiencia  directa con la población, adquieren un mejor conocimiento y aproximación de una cultura en particular.

 

Con el lema de que hay que conservar la “pureza”, las “raíces” o autenticidad, se imponen las condiciones para los festivales y concursos bien sea de música o danza. Ello ha dado como resultado, la constante discrepancia entre los tradicionalistas puros, radicales y conservadores quienes persisten en creer que el concepto de folclor es intocable, contra los críticos vanguardistas  que van mucho más allá, cuestionando el concepto estático de las tradiciones.

 

El estudio  acerca de la historia de las músicas tradicionales  en  Colombia se hace limitado por el carácter diverso de las fuentes de donde se obtiene información sobre los distintos tipos de música que pudieron haber hecho los grupos étnicos amerindios, esclavos africanos y sus descendientes, los diferentes grupos raciales que se consolidaron como resultado de nuestra peculiar mezcla de razas.

 

La música de los pueblos americanos antes de la época del descubrimiento del Nuevo Mundo, presenta analogía o algún grado de similitud con la asiática, con la de la antigua Grecia y otros pueblos de la vieja Europa. Una gran parte de ella, deriva de la escala pentafónica.

 

Al momento de la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, la Costa Caribe colombiana estaba habitada por diversas comunidades indígenas las cuales tenían un desarrollo desigual. Entre los grupos más sobresalientes estaban los Tayronas, y los zenúes, quienes conformaban confederaciones complejas, organizadas en cacicazgos. Entre sus instrumentos musicales se destacan los sonajeros de concha, pitos de cerámica, flautas cabeza de cera, baquetas, silbatos,  flautas, guacharacas, tambores encorados y maracas entre otros.

 

El aporte hispánico a la identidad del hombre colombiano se refleja en la etnia, la filosofía, la religión católica, la cultura musical, el lenguaje y diferentes  costumbres entre otros. De su gama y arsenal de instrumentos musicales que trajeron al Nuevo Mundo se encuentran los cordófonos como guitarras, bandurrias, vihuelas, y demás, aerófonos como trompetas, trombones, clarinetes y otros, al igual que los redoblantes o cajas, bombos, platillos y otros efectos sonoros, De igual forma introdujeron cantos y líneas melódicas occidentales que desplazaron de cierta forma las tradiciones indígenas y forzaron a los mismos esclavos negros  a adaptar tonadas europeas y cortesanas.

 

El gran enclave africano en América depositó sus culturas y se nutrió con las raíces propias que sus hombres echaron en una tierra nueva. Se precisa partir de ellos, los negros, para comprender las frondosas ramificaciones que facilitaron la compleja red transcultural.

 

En la música, el negro conservó en América sus cantos rituales, muy sostenidos por los restos lingüísticos transportados a estas tierras. Esa música originaria se volvió un foco de dispersión de influencias africanas. A través de las formas de vida urbana, en la que el negro participara, se fueron introduciendo más peculiaridades en el hacer y decir musicales que terminaron por caracterizar las músicas de los pueblos latinoamericanos.

 

De la música de aquellos africanos que arribaron al Nuevo Mundo quedan reseñas fútiles de viajeros, algunos grabados, descripciones exteriores muchas veces tergiversadas de la realidad. Las referencias a la música africana, aún reducidas, aluden también a una expresión sonora actual que ha evolucionado según razones propias, de acuerdo con las causalidades históricas que han obrado en los pueblos del continente negro. La música de origen africano en América se presenta hoy en un estadio algo lejano en el tiempo de lo que fueron sus aportaciones originarias. No todos los africanos transportados en los barcos negreros poseían las mismas capacidades y habilidades musicales. 

 

Dentro de este proceso transcultural, la música persistió como el más poderoso elemento enraizado en sus viejas tradiciones. Esto ha producido en América una música afroide mantenida en la actualidad por los rituales de ciertas creencias que se conservan en el pueblo. La presencia del africano en las nuevas tierras de este continente sufrió un proceso de ajuste en la nueva sociedad dentro de la cual, éste  se vio obligado a vivir.

 

El canto permaneció muy apegado a las funciones rituales. El negro tuvo que reconstruir sus tambores, y la variedad de su conjunto ilustraría este hecho, dada la imposibilidad del transporte de toda gama de percutientes en los barcos negreros. Dicha reconstrucción de sus instrumentos en el Nuevo Mundo implicaba la adopción de nuevos materiales. La construcción organológica está determinada por las funciones de la música en el medio social. En los ambientes rituales, el instrumento africano llega a ser en sí mismo una entidad mágico-religiosa, cuyo poder está en la voz y en las fuerza secretas que se le transmiten durante su construcción. 

 

Los tamboreros adquieren un reconocido prestigio, discuten sobre quién es mejor que otro.

Entre los cantadores tiene lugar un proceso de selección dentro del grupo, con el consiguiente reconocimiento de los méritos y habilidades de los mismos. Aquí el prestigio se cifra en la capacidad para improvisar en lo que ha quedado en América de las lenguas africanas, y en la fuerza que se logre en el canto como para acelerar los estados de posesión, a través de los cuales, asoman las deidades africanas. Esta posición de tamboreros y cantadores se sustenta en la misma posición que el toque y el canto tienen en el rito, además de las naturales capacidades de los intérpretes.

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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