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El término moderno se refiere a los cambios revolucionarios que gracias a las técnicas de grabación, los conceptos de moda, el perfil de imagen de los artistas, cambios organológicos, temáticas artificiales, industrialización del arte, afán lucrativo de las casas disqueras, homogenización de la música, globalización, etc., han contribuido a posicionar la música vallenata en un contexto nacional e internacional hasta lograr convertirse quiérase o no en una cultura que ha adquirido rango social, reconocimiento, estudio, crítica, aceptación y hasta rechazo por parte de quienes defienden la teoría de que el vallenato moderno perdió su esencia, su naturaleza, su idiosincrasia y se ha convertido en un mero producto comercial.
Es difícil
entrar a precisar desde cuando el vallenato se modernizó, porque desde esa
perspectiva podríamos afirmar que podría haber sido desde el mismo momento de la
llegada del acordeón por el desplazamiento de las gaitas y pitos aborígenes.
Pero si entendemos que las músicas son el resultado de procesos de intercambio cultural, sociales, políticos, económicos, religiosos que reciben influencias externas y formas de adaptaciones y evoluciones de cada época, entonces tendríamos que analizar desde cuándo entró el modernismo al vallenato.
Indudablemente la música popular costeña siempre ha tenido influencia especialmente del contexto Caribe en general y en particular de la música cubana, influencia norteamericana y europea. Si se tiene como referencia grabaciones de principio de los años cincuenta en la cual ya había grabaciones con bajo eléctrico, tumbadoras afrocubanas, timbales o pailas cubanas, formato tanto de orquestas de salón tipo charangas y otros formatos, las casas disqueras siempre han venido buscando “sonoridades o tímbricas” pegajosas, comerciales, audibles, enriquecedoras y modernas.
Naturalmente que desde que apareció la industria discográfica el objetivo principal de ésta ha sido su ánimo de lucro, es decir, producir para ganar dividendos económicos. Siempre ha sido así, tal vez en los últimos 20 años se ha incrementado ese afán mercantilista por multiplicar la producción y ganar más a como de lugar, sin criterio artístico, burlando tradiciones, imponiendo modas y estilos copiados de otras latitudes, irrespetando formatos típicos, concentrando la importancia en la imagen más que en lo artístico, y cualquier cantidad de estrategias para alcanzar sus intereses, es decir, estamos en la época de “se vale todo” no importa a costo de qué, pues finalmente ellas imponen sus condiciones a los músicos, contratan directores artísticos, invierten en publicidad y obtienen en muchos casos sumas considerables, pues estamos en los tiempos del “capitalismo salvaje”, donde el arte hace parte de la industrialización, es decir, es un negocio, una empresa que persigue dividendos económicos.
Obviamente
en los últimos años a raíz de la masificación de los
llamados “Home Studio” en
la cual cualquier músico o melómano tiene la oportunidad de hacer su propia
producción discográfica en su lugar de residencia, las cosas han cambiado,
bajaron costos de inversión en la producción y hay autonomía de hacer propuestas
con criterio artístico y no caer en el sistema homogenizado de parecerse a todos
los que pertenecen al “club alineado” del vallenato romántico.
El complemento publicitario lo conforma un conglomerado de emisoras radiales, programas de televisión, revistas, videos, páginas Web, canales de televisión, libros, etc.
En muchas regiones de la geografía nacional se difunde la música vallenata, emisoras como Olímpica Estereo, la Vallenata, Radio Uno, Rumba Estereo, La Tropicana, la FM Estereo, La cheverísima, entre tantas difunden este género musical.
Pero el vallenato tampoco se escapa del efecto globalizante. No todas, pero en su gran mayoría, las emisoras comerciales manipulan la programación musical con ánimos puramente “mercantilista”, es decir, cobran la llamada “Payola” a las disqueras, promotores y artistas para la difusión del nuevo producto musical, generando una guerra de centavo entre quienes tienen más “suenan”, están de moda, pegados, les llueve contratos, y quienes no tienen como pagar la “coima” o mordida padecen el llamado “Cable”, es decir, ausencia de trabajo.
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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