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TICO ARNEDO, UN IMPULSO VITAL
La música ha sido su vida, y la vida, el tema preferido de sus obras
Por: Fernando Araújo Vélez
Hubo tiempos lejanos, más allá de los años 40 del siglo XX, en los que la música viajaba por tierra, a lomo de burro o en canoa. En el camino se transformaba, y en el punto de destino ya era otra. Las fusiones eran naturales y manuales. Nada de cintas ni de discos. Por aquellos caminos de tierra que iban de Turbaco a Sincerín, o de San Basilio de Palenque a María La Baja, Julio Arnedo Padilla fue descubriendo su vocación.
Aprendió la nostalgia y la cadencia por los técnicos cubanos que trabajaban en el ingenio de azúcar de la Central Colombia. Allí, ingenieros y asesores se reunían todas las noches con los palenqueros, jornaleros de la caña, y con los trabajadores de Turbaco y de los pueblos vecinos. Improvisaban, entre el estruendo de las zafras, y mezclaban. Tomaban ron, emocionados, para luego encontrar entre todos un nuevo ritmo, una armonía hasta entonces desconocida.
Arnedo se fue nutriendo de música, de músicas. Las melodías lo buscaban, como diría 50 años más tarde su hijo Tico sobre él mismo. Con el tiempo, Julio Arnedo se fue convirtiendo en una leyenda. “Nadie toca el clarinete como él”, solían decir por las sabanas de Bolívar. Explicaban el talento del muchachito relatando que Julio César había nacido entre músicos, pues su padre y sus tíos formaron una orquesta, Los Arnedo, que hizo época en la Costa.
La herencia
Así, con palabras y hechos similares, explicarían muchos años más tarde en Bogotá el talento de sus hijos Antonio y Tico. “Desde que yo me acuerdo oigo música, y quise ser músico también desde que tengo recuerdos. Yo iba a los ensayos de papá, loco por tocar la batería, por ejemplo. A veces me dejaban, a veces no; a mí como que se me iban los ojos y las manos cuando veía una batería. Y en casa apenas si sabía hablar para pedirles a él o a mamá que me pusieran un disco de Tito Rodríguez, que fue mi preferido por mucho tiempo”.
Tico Arnedo nació en Bogotá, lejos, muy lejos en lo físico de las calles de polvo y las casas de techo de palma de la tierra de su padre, Turbaco, y más lejos aún de los aspirantes a campeón mundial de boxeo o paracortos de la selección Colombia de béisbol. Julio César Arnedo había emigrado a los 19 años, seducido por el primo Carlos para que se uniera a la orquesta de Pacho Galán. En Bogotá se casó con Amada, una mujer ecuatoriana hecha a su medida. Entonces fueron llegando los niños, hasta sumar siete. “La influencia de Turbaco y de la Costa en mí es obvia: la cumbia, el porro, los tambores. Es imposible ignorar que nuestra sangre es caribe, por fortuna además”.
Aprendió a tocar el clarinete a los seis años. “Tico, ten paciencia”, le repetía hasta la saciedad su padre, porque él quería comerse el mundo con la música. Sentía que con ella vivía en otro mundo que no requería de explicaciones racionales, un mundo en el que sólo había espacio para los sentimientos. La música lo hizo ir rejuveneciendo, después de una infancia de dolores y amarguras, de preguntarse todos los días por qué la vida, por qué el sufrimiento, y más que nada, por qué él era tan diferente a todos los otros niños de su edad. Fue rebelde.
Con su padre estudió solfeo y luego saxofón. A los 13 años se matriculó en el Conservatorio de la Universidad Nacional. Estudió flauta traversa, fue solista de la Sinfónica Juvenil, compuso sus primeras obras.
“La música llega a mí, siempre fue de esa manera. No es que yo vaya por ahí buscando melodías, no sé, es difícil de explicar. Llega a mis sentidos, y según el momento que viva, así es su intensidad, o su melodía. La música es una gran parte de mi vida, y yo vivo enamorado de la vida, de las montañas, del cerro que miraba horas y horas por mi ventana, eso me ha hecho pensar mucho en la naturaleza”.
Los matices
Con el tiempo empezó a ver y sentir la vida de otro modo. Conoció los matices. Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Claude Debussy, Igor Satravinski, Bela Bartok lo atraparon. Con ellos como música de fondo, con sus propios dramas y pensamientos, concluyó que la vida era todopoderosa, que estaba mucho más allá del hombre y sus decisiones. Luego se dejó llevar por lo andino, por lo español, se prendó de Atahualpa Yupanqui, y de todo ello tomó un poco.
“El material del disco que va a salir es un encuentro con ritmos de la Gran Colombia, por decirlo así. Hay cosas de Venezuela, el merengue venezolano, temas andinos, del Perú y de Ecuador, incluso con la quena, y uno que es español, o una variación de aires españoles hecha por mí”.
Algunas de sus canciones las ha trabajado por más de 15 años, y todas, de una u otra forma, han sido un homenaje a la vida, a los impulsos de la vida y a aquello que no tiene comprobación. Por eso el nombre del disco, “Impulso Puro”, y el título de algunos cortes: Naturaleza viva, La vida siempre gana, Certeza...
“Sí, ha sido un trabajo largo el de éste, mi primer disco. La idea surgió hace algún tiempo, como dos años, pero ya veníamos tocando el repertorio de tiempo atrás, siete u ocho años. Es el producto de una gran amistad, de una relación entrañable con Javier Colina, uno de los músicos españoles más importantes del momento, con Johannes Bockholt y con Cristóbal Montesdeoca, un gran pianista que accedió a tocar con nosotros”.
Hoy, después de haber tocado con Larry Harlow y Alfredo de la Fe, con Chocolate Armenteros, y después de tantos homenajes como el de Barcelona hace cuatro años, cuando se le consideró poco menos que un patrimonio del jazz, Arnedo sigue viviendo como el primer día, haciéndoles caso a sus impulsos.
Impulso puro
En el mes de marzo de 2005, en los estudios de Sonolux, Colombia, se reunieron Tico Arnedo de Colombia, Javier Colina y Cristóbal Montesdeoca de España, y Johannes Bockholt de Alemania, para grabar algunas de las obras inéditas del maestro Tico Arnedo. El resultado de este trabajo es el disco “Impulso Puro”, producido por MTM Colombia y mezclado por el ingeniero de sonido Oliver Bergner en los estudios Hansastudio Bonn, Alemania, trabajo discográfico que estará disponible en el mercado nacional a partir del mes de agosto.
En este proyecto, en donde se reúnen importantes y reconocidos músicos internacionales alrededor de la obra del maestro Arnedo, se puede apreciar no sólo la gran experiencia que el maestro tiene con los diferentes estilos de la música latinoamericana, sino también una auténtica reflexión jazzista colombiana sobre la música de su tierra. El trabajo que se reúne en esta producción se caracteriza por su sencillez y moderación, características difíciles de encontrar en el jazz colombiano.
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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