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¿QUÉ ES LA CHAMPETA?

Por: Isabella Leymarie

 

La región de Cartagena, en la costa atlántica de Colombia, es desde el punto de vista musical una de las más fertiles del país. El festival de música popular de la ciudad, organizado en la antigua plaza de toros de madera, ha acogido durante años a artistas de la región caribeña, favoreciendo el contacto entre formas de expresión muy diversas. A unos 7O kilómetros, el palenque de San Basilio es también un vivero musical. Depositaria de tradiciones bantues seculares celosamente conservadas, esta antigua comunidad de cimarrones (esclavos fugitivos) fue, hasta principios de siglo, una de las pocas que se mantuvieron al margen de toda forma de mestizaje.

Allí susbsiste aún el lumbalu, emotivo rito funerario con acompañamiento de música instrumental, de danzas y cantos, y el son, ritmo de la provincias cubanas situadas en el Oriente que llegaron al palenque a comienzos de la década de 193O, y se sigue interpretando con una instrumentación tradicional que en Cuba ha caido en desuso.

Puerto activo y populoso por donde transitaron durante mucho tiempo los esclavos procedentes de diferentes regiones de Africa, Cartagena sigue siendo hoy día una encrucijada de influencias muy diversas.

A fines de la década de 196O, los marinos introdujeron en la región grabaciones de las nuevas músicas populares africanas de la época -soukous zairense (derivado del son cubano), mbaqanga sudafricano, makossa camerunes, highlife ghanes y nigeriano-, con las que los jóvenes negros de la región se identificaron de inmediato.

Los del palenque de San Basilio adoptaron en particular el soukous, un ritmo en el que sentían resonar sus raíces bantúes.

Los discjockeys y los músicos locales no tardaron en triturar esos ritmos, reinterpretarlos a su manera y, a comienzos de la década de  198O, mezclarlos con rap y raggamuffin.

Fue entonces cuando hizo su aparición en los barrios negros de Cartagena y en sus suburbios, así como en el palenque de San Basilio, un nuevo género musical llamado "champeta", y luego "terapia criolla", términos que se han convertido en sinónimos.

Nacida en las villas miseria, la champeta se desarrolla primero discretamente, al margen de la cumbia y el vallenato -las músicas populares colombianas de mayor difusión internacional, también oriundas de la costa atlántica- y de la salsa, de inspiracion cubana pero profundamente arraigada en el país.

Difundida en los pueblos y los barrios pobres mediante sound systems (sistemas sonoros) con "picos" (del ingles pick-up) y amplificadores pintados a menudo con motivos psicodélicos, la champeta es una especie de soukous latinoamericano con una línea de bajo muy acentuada, una valorización de los solos de guitarra y de percusión, y con influencia de compás haitiano, de soca trinitario y de rap.

Adoptada inicialmente por pandillas que se enfrentaban en torno a los "picos" con largos cuchillos de pesca llamados champetas, se propaga luego en los medios populares, entre los trabajadores del puerto y los vendedores ambulantes.

La champeta es una creación de músicos autodidactas, que utilizan a veces el habla popular de origen bantú del palenque y conservan, en el modo de cantar, el fraseado sumamente africano de San Basilio.

La grabación de los discos se realiza en pequeñas empresas independiente, más cerca del tenderete que del verdadero estudio, con recursos muy limitados. Prácticamente cualquiera puede, según su inspiración, presentarse y pasar una audición sin acompañamiento instrumental.

Pero, como señala el cineasta colombiano Lucas Silva, autor de un documental sobre el tema (Los reyes criollos de la champeta), los champetuos (adeptos de la champeta) tienen preferencias musicales muy definidas, les gustan ciertos ritmos y rechazan otros.

En cuanto a su inspiración, se nutre de la realidad cotidiana, a veces incluso de los dibujos animados norteamericanos vistos en la televisión. Todo es propicio para la creación.

Al comienzo los propietarios de los sound systems iban al puerto a obtener de los marinos los últimos éxitos importados de Africa o del resto del Caribe, pues, al igual que en Jamaica, existe entre ellos una competencia feroz para atraer a los clientes, pero también para determinar quien cuenta con el mezclador más inventivo, el discjockey más locuaz, el equipo sonoro más atronador o la mayor variedad de grabaciones.

En la década de 198O, ante la importancia que adquiría la música africana en la región, algunos organizadores colombianos invitaron al Festival de Músicas Caribeñas a grupos africanos y antillanos como Kanda Bongo Man, Bopol Mansiamin y M'Bilial Bel, de Congo, Mahlathimi and the Mahotella Queens de Sudáfrica, y Coupe Cloue, de Haití, que obtuvieron un éxito fulgurante.

Hacia la misma época un músico jóven de San Basilio, Justo Valdéz, funda el primer grupo de soukous colombiano, Son Palenque, "que conserva -precisa el músico- numerosos elementos tradicionales del palenque y se canta en nuestra lengua".

Cantanes, raperos y discjokeys de la champeta se visten de forma extravagante, utilizan la hiperbole, la exageración y la metáfora sexual con un lenguaje expresivo y sabroso, e incitan al público a torridas danzas que hacen pensar en el "despelote", una danza cubana muy de moda actualmente entre la juventud de La Habana (capital). Entre las nuevas estrellas de la champeta y del soukous colombiano se cuenta el grupo Kusima, Shaka el rey zulu de Cartagena, Cándido Pérez (el doctor de la "terapia"), Luis Towers y sobre todo Elio "Boom" (Francisco Elio Corrales), un muchacho oriundo de Turbo, un pueblo de la región de Antióquia donde interpretaba desde los siete años canciones de las vedettes panameñas. Establecido en Cartagena, se ha convertido en el ídolo de poblaciones desfavorecidas y ha vendido miles de ejemplares de sus dos primeros discos: La turbina y el caballero de la champeta criolla.Es muy conocido en Panamá, Puerto Rico, República Dominicana, Jamaica y entre las comunidades de habla española de Estados Unidos.

Ante el éxito comercial de la terapia criolla, en abril de 1997 se organizó el primer festival consagrado a esta música en la plaza de toros de Cartagena, donde se presentaron artistas como Melchor El Curel, Alvaro el Bárbaro, Dogardise y Bustafá.

Siempre se ha pensado, explicaba en esa oportunidad José Quessep, organizador del festival, que se trataba de una música agresiva para genta de baja ralea, pero estamos seguros de que este festival demostró que la terapia criolla es también un fenómeno cultural profundamente enraizado en Cartagena, que está alcanzando difusión mundial.

La champeta, de una vitalidad desbordante, obedece a la vez a un deseo de novedad y de retorno a los origenes, fortaleciendo los lazos indisolubles entre la madre Africa y el nuevo continente y demostrando, una vez más, la inagotable fuerza creadora de las Américas Negras.
 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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