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MODERNA OLA DE AFROCOLOMBIANOS

EN LA ESCENA MUSICAL COLOMBIANA

Voces de la nueva África

 Por: Sergio Cárdenas

 

 

La reciente generación de músicos negros combina tradición y tendencias actuales para rescatar su herencia cultural y proponer nuevos sonidos y ritmos. Convertir una moda en un movimiento, parece ser el reto que afrontan.

           

Para el esclavo, la música era una forma de resistencia al abuso del blanco, de evocar su tierra y de acompañar el arduo trabajo. La esclavitud fue uno de los negocios más rentables durante muchos siglos. También, uno de los crímenes contra la humanidad más horrendos que jamás se hayan cometido. Las poblaciones negras fueron cazadas como animales y sacadas de su natal África, para ir a construir imperios y naciones en otros continentes y al otro lado del mar. Obligados a dejar todo, lo único que pudieron llevar fueron sus costumbres, sus leyendas y sus lenguas. Pero sobre todo su música.

 

Al negro siempre le tocó llegar. Como siguen llegando hoy, por muchas razones, miles de compatriotas negros a Medellín, Cali o Bogotá, siempre decididos a difundir y a reivindicar su cultura, como lo hicieron sus ancestros. Y en los últimos tiempos, con mayor visibilidad, a través de diversos grupos de jóvenes afro determinados a mostrar la faceta más publicitada de su alegre mundo interior: su música.

 

Un movimiento musical que, sin embargo, no es nuevo. Llegó a Colombia hace varios siglos, cuando aparecieron en Cartagena las primeras embarcaciones de esclavos, en tiempos de la Colonia. Siempre fue importante pero no muy visible, poco a poco se fue imponiendo, pero a mediados del siglo pasado, ya invadía las pistas de baile. Cuando se combinó con instrumentos clásicos e indígenas como el clarinete y la gaita, nacieron ritmos como el porro y la cumbia, hoy característicos de la Costa Atlántica.

 

Así empezaron a surgir artistas de renombre como Petrona Martínez o Joe Arroyo. Y con ellos, aparecieron nuevos ritmos producto del mestizaje. Como la champeta, el mapalé o el chandé en distintas regiones del país. De otras latitudes llegó a sumarse la salsa, originaria de Nueva York, pero con el “veneno” que le imprimieron en Colombia Fruko, Guayacán o Niche. También el reggae procedente de Jamaica o el blues y el jazz, padres del  rock & roll, nacidos en E.U.

 

En otras palabras, como lo refiere Tostao, uno de los vocalistas del grupo chocoano Choc-Quib-Town, “es la música afro, regada por la diáspora africana, que hoy está presente en todo el mundo. Siempre estuvo ahí. Lo que sucede es que ahora, con la música moderna, se le presta más atención. Pero el pescadito siempre ha permanecido. Lo que pasa es que ahora es un tiburón”. Lo ratifica Goyo, la vocalista del grupo: “Nací en Condoto (Chocó)  y antes de venir a Bogotá viví en Cali. Aunque en las grandes ciudades uno se siente sola, sigo rapeando y cuando abro la boca, se oye Condoto, se oye Chocó”.

 

Pablo Fortaleza y Antombo Langangui (nacida en África central pero de madre colombiana), integrantes del grupo Profetas, añaden convencidos: “Este nuevo movimiento musical de los jóvenes afro arrancó cuando, por distintas razones, la gente decidió salir del Pacífico colombiano y ubicarse en ciudades como Bogotá, Medellín o Cali. Los pioneros, igual que nosotros, llegamos a enfrentarnos armados de nuestra herencia africana, para asumir una realidad  cultural contrastante”.

 

Fue en ese contraste entre la realidad urbana y la herencia africana, donde empezaron a surgir las nuevas corrientes de música afro que hoy no sólo  protagonizan a través del hip-hop. Por ejemplo, en el campo del pop, hoy existe el grupo Zona Prieta, originario de Medellín, una alianza de músicos jóvenes  que combinan ritmos del Pacífico con sonidos más cercanos al reggae, al dancehall y, por supuesto, al pop.

 

La conformación misma del grupo es una muestra de esa mezcla cultural. Algunos de sus integrantes vienen de la zona de Urabá, donde la tradición africana sigue siendo muy fuerte. Salieron de su tierra y se unieron a otros jóvenes afro que fueron criados en Medellín, pero que tenían dentro de sus influencias a artistas urbanos como Shaggy, El General y Nando Boom, entre otros.

 

Rana, Anthony, Joe, Omar y DJ Goiva, los integrantes de Zona Prieta, ratifican que estas dos corrientes, lo urbano y lo negro, son las características que definen su música. ¿Pero en qué consiste el lado negro? Antombo, del grupo Profetas, así lo define:  “Lo negro es más que la piel. Tiene que ver con actitudes, con una forma de caminar, es todo un lenguaje. Es un feeling que se traduce en música. No todos los negros somos iguales, pero sí tenemos algo en común. Por eso, si nos encontramos en la calle, así no nos conozcamos, hay saludo”.

 

Luis Gerardo Martínez, oriundo de Palenque, historiador de la Universidad de los Andes e investigador, quien adelanta una investigación sobre la música producida y grabada en lengua del Palenque de San Basilio, a través de un trabajo que fue beneficiado en la última convocatoria de investigación del Ministerio de Cultura, opina:  “Lo negro sale del folclor para invadir otros espacios. La música pop de Shakira o Cabas, por ejemplo,  rescata ritmos que son fundamentalmente negros”.

 

Y agrega en tono de propuesta: “La idea es volver a mirar hacia las bases populares. Eventos realizados en Bogotá, como el Rastazo, o el Festival de Tambores en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, constituyen una muestra de que las expresiones y la música afro han conquistado nuevos campos”.

 

Según Pablo, del grupo Profetas, “una oleada que se mantendrá porque las nuevas generaciones son más astutas y saben qué es lo que se quema rápido. Por eso tratan de meterse por lados donde la música tenga más permanencia y cabida en las estaciones de radio”. Choc-Quib y Profetas, entre otros, ya saben que la globalización y la tecnología son agentes impulsores de su música. Además entienden que los medios de comunicación y la velocidad con que estos funcionan, han hecho que la difusión de sus ritmos sea más rápida y que ahora el público tenga acceso a más sonidos y tendencias.

 

Son jóvenes afrocolombianos que  tienen muchas ganas de hacer cosas. Y lo están logrando. Sin embargo, el investigador Luis Gerardo Martínez advierte sobre una oportunidad con algunas limitaciones: “En Bogotá se creó la Conferencia Nacional de Asociaciones Afrocolombianas con un objetivo importante: unificar los movimientos afro para que sean más efectivos y logren mayor impacto y difusión, pero de entrada hay diferencias políticas regionales. Por eso el punto de encuentro debe ser el hecho de ser afro. Ese es nuestro valor y debemos defenderlo”.

 

Está el talento. Está el sentimiento. Está el discurso. La difusión viene lenta, pero en crecimiento. Haría falta más reconocimiento de los no afro y, sobre todo, que las iniciativas por parte de la población negra jalen todas unidas para el mismo lado. Hasta ahora, lo que hay son esfuerzos aislados y particulares, que se reconocen como parte de algo, pero que no han podido consolidarse como un movimiento unido y con un norte común. El peligro de pasar de ser un discurso y un movimiento serio a ser una moda más, es muy grande.

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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