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A LA MÚSICA LE CAMBIARÍA
Por: Iván Benavides
NOS SENTIMOS orgullosos de Shakira, Juanes y Vives. Su importancia e impacto nacional e internacional son innegables. Han trabajado duro para llegar a donde están. ¿Pero nos sentimos igualmente orgullosos de que grandes maestros de la música popular colombiana, como Gualajo, el marimbero de Guapi, o los viejos Gaiteros de San Jacinto vivan en la pobreza y el olvido?
Nos gusta sacar pecho. Los colombianos somos presa fácil del éxtasis eufórico nacionalista con las pocas cosas en las que tenemos éxito y, al igual que las mujeres poco agraciadas, gastamos en maquillaje para ocultar nuestros defectos. Nos miramos al espejo y decimos henchidos de fervor patriótico: "Colombia es pasión", "Colombia es el mejor vividero del mundo" o "Sólo a un colombiano se le ocurre tal cosa".
Nos ponemos la manillita tricolor, convertimos a Juanes en héroe nacional y hablamos de Shakira, que era tratada con desdén por ciertos medios al comienzo de su carrera, como una de las mujeres más sexis del planeta. Diez años después del éxito de Carlos Vives con La tierra del olvido, aparecen docenas de clones repitiendo hasta el agotamiento la fórmula tropi-pop. Amantes del melodrama, elegimos ganador de un reality a alguien que no canta. Y es que hasta en política tenemos a un director mesiánico que conduce, con movimientos histriónicos, a una orquesta que desafina. El público aplaude a rabiar.
Pero no quiero aguar la fiesta, somos músicos célebres: celebre que celebre. Somos Colombia positiva. La buena imagen ante todo. Cualquier artista que se atreva a criticar es considerado traidor a la patria. Afortunadamente por ahí andan Odio a Botero, La Pestilencia y otras ovejas negras, diciendo lo que el arte empaquetado por lo corporativo y la cultura oficial no se atreven a decir.
Nos gana el arribismo. A veces tenemos una manera particular y provinciana de querer ser cosmopolitas. Hace unas semanas recibí un demo de una banda de la que me dijeron que era "tan buena, que sus integrantes parecen ingleses". ¿Será que para hacer buena música debemos dejar de parecer colombianos? Pululan las bandas de wannabes (want to be) que hubieran querido nacer en Nueva York, pero que para su infortunio nacieron aquí.
Por fortuna hay gente que se atreve a proponer nuevas posibilidades. Los músicos ya no habitan la localidad sino los cruces de caminos. La tecnología y las migraciones están cambiando al mundo. Las músicas se tornan impuras, contaminadas y mutantes. Los puristas de la identidad nacional saltan; pero se olvidan de que el acordeón vallenato es de origen alemán y que cuando llegó era tan extranjero como lo es ahora un sintetizador.
Gozamos de una escena diversa: del rock a la electrónica y de lo popular a los nuevos mestizajes. La escena independiente es el caldo de cultivo de las propuestas más refrescantes. Por todo ello, interrogado acerca de qué le cambiaría a la música nacional, pienso que habría que darle a los jóvenes herramientas para afrontar los retos de la globalización, así como acceso a la educación y la tecnología. Habría que inculcarles que dejaran de soñar en que alguien los va a descubrir y a lanzar a la fama. Habría que buscar nuevas formas de gestión para generar una escena dinámica, sin perder la independencia, así como reformular las relaciones entre centro y periferia. Miami no es la única posibilidad.
¿Por qué en lugar de preocuparnos tanto por mejorar la imagen, no nos preocupamos por mejorar la realidad?
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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