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BUITRAGO Y LA MÚSICA ‘PROVINCIANA’, HOY VALLENATA

Por: Ismael A. Correa Diazgranados

 

 

El músico, escritor, periodista y musicólogo cubano Leonardo Acosta, en su libro ‘Raíces del Jazz Latino’ (un siglo de Jazz en Cuba), hace interesantes y bien documentadas anotaciones sobre la evolución de la música o aires musicales cubanos.

Entre estas referencias, comenta la presencia africana en la música popular de distintos países de América, sobre todo en Estados Unidos, Cuba, Brasil, Haití y demás islas del Caribe de habla inglesa, como también la manifiesta influencia y presencia de aires musicales de origen español y cubano en Nueva Orleáns, la capital Meca del Jazz, y de este ritmo en los conflictos bélicos o guerras española-cubana-norteamericana. Música con modalidades africanas que trajeron los negros que formaban parte de batallones norteamericanos como consecuencia de la ocupación estadounidense (1898 – 1902). Aún después del retiro de los norteamericanos, la isla de Cuba fue prácticamente inundada con todo tipo de música y bailes procedentes de Estados Unidos, país que controlaba la economía cubana, incluyendo el turismo y el entretenimiento.

En cuanto al desarrollo de la música cubana, el autor hace alusión a la década del 20 para establecer el éxito definitivo del son oriental con su máximo intérprete: El Trío Matamoros.

El son se modifica en La Habana. Es interpretado por grupos o conjuntos musicales de seis o siete músicos, llamados ‘Sextetos’ y ‘Septetos’.

El Septeto Habanero —fundado en 1919— es el primero en introducir el contrabajo en sustitución de la botijuela o la marimba. Después es introducido el clarinete. De esa época se destaca ‘El Sexteto Nacional’ —allá por el año 1925— que domina el ‘Movimiento Sonero’.

Este célebre sonero logra un importante acercamiento de los dos géneros populares básicos, la rumba de Occidente y el son de Oriente, ambos representativos de la música popular cubana que más tarde se fusionan o conjugan felizmente con el nombre de ‘Salsa’. Piñeiro decía “échale salsita” o sea, las amalgamas de afrosón, guaguancó son, la rumba son, el tango son y otras mezclas de ritmos bailables. Así mismo evolucionan el uso de instrumentos musicales o incorporación del piano, el contrabajo y por último la trompeta. Años después surge la fusión de lo afrocubano con el jazz, en donde fueron sustituidos el bajo y la tuba, por la guitarra y el contrabajo.

En cuanto a la trayectoria musical anteriormente mencionada, se puede apreciar la influencia de la música cubana en la música cienaguera, en especial en la música con guitarra, timbales y tambores de Guillermo de Jesús Buitrago. Pero antes que todo hagamos una alusión del son cubano, alma creadora de los aires musicales de la más importante y soberana isla del Caribe.

El son nació de las cuerdas pulsadas de la guitarra. Se dice que en el siglo XVI la vihuela alcanzaba su máximo esplendor, para luego dar paso a la popularidad de la guitarra, un instrumento que proviene del Laúd, introducido por los árabes en la Península ibérica. La mayoría de los musicólogos cubanos sostienen que el ‘Son’ llegó a la Isla de Cuba por las montañas de oriente. Se gestó principalmente, en las regiones de ‘La Loma’. Que comprende las actuales provincias de Guantánamo, Guaracón, Santiago y Granma.
Los barcos cargados de colonizadores españoles y más tarde, mezclados con esclavos africanos, acompañaban sus décimas y cuartetas hispánicas con improvisados aires musicales al compás de la vihuela, tambores e instrumentos de percusión. Con el transcurso del tiempo surgen mezclados los cantos o sonadas de los yorubas, lucumís, arara, congos y carabalís.

Es la herencia afroespañola. Música y canto que se fusionaron y evolucionaron de manera primigenia en agrupaciones denominadas ‘Gungas’, luego en sextetos o septetos habaneros de renombre que interpretaban las inolvidables canciones ‘El manicero’, ‘Son de la loma’, y ‘Guantanamera’. Rumba son y guajira respectivamente, tres armoniosos y condimentados ritmos que componen, entre otros, la gustadora salsa que los buenos bailadores se complacen cuando escuchan con mayor atención.

De La Habana se difundió a Europa y América el apasionante Son, origen del Danzón, la Guaracha, la Rumba, la Guajira, el Mambo, etc. El Son sabrosón de azúcar se impone. Recordemos al Trío Matamoros, los aires musicales de Celia Cruz, Miguelito Valdez, Mongo Santamaría, Chapotín, Miguelito Cuni y muchos más de la Vieja Guardia.

Como era de esperarse, la música cubana y muchas otras caribeñas y tropicales llegaron a la Costa Caribe de Colombia, primordialmente a Ciénaga, Magdalena, en la primera década del siglo XX. En ese entonces Ciénaga estaba ‘ad portas’ de destacarse como una próspera y acogedora ciudad. Los cienagueros anhelaban reponerse de los días aciagos de las guerras civiles y confrontaciones políticas en las que tuvieron que participar.

Los cienagueros querían vivir en paz. Todo era propicio para el cambio y por esta razón se fomentó la música artística y popular. No hay que olvidar que Ciénaga fue la capital musical de Colombia y sede del primer Conversatorio Nacional de Música.

Por iniciativa del presidente del Concejo Municipal, don Rafael Barranco, se adquirieron y compraron grandes lotes de instrumentos musicales —tanto de cuerda como de viento— que fueron útiles para la enseñanza de la música a la comunidad. Eran otros tiempos, tiempos en los que se pensaba en el bien común y no en el particular. En estas circunstancias se organizaron agrupaciones bajo la batuta del profesor Guillermo Nimer, de nacionalidad alemana, y el profesor Pugliesi de nacionalidad italiana. Así mismo se conformaron conjuntos musicales, bandas de viento y orquestas de gran prestigio. Existía una admiración y devoción por la música que aun se disfruta en todas las clases sociales.

Ciénaga fue la capital bananera de Colombia, la meca de los carnavales, de los salones de baile, de las casas de diversión en donde se disfrutaba de la buena música. En este ambiente propicio y adecuado surgieron grandes compositores musicales, entre ellos el cantante y guitarrista Guillermo Buitrago (1920-1949) de quien aun se lamenta su repentina partida.

A propósito de la música y canciones del guitarrista cienaguero, su amigo Toño Fuentes, gran promotor de la música costeña mediante la radiodifusora y discos de su propiedad, comentaba que unos días antes que dejara de existir Buitrago había acordado con él hacer una gira por Cuba para promocionar su música y canciones. También decía Toño Fuentes que en el Valle de Aburrá se cantaba con Gardel y se bailaba con Buitrago, aseveración luego confirmada por varios escritores.

Es justo y necesario reconocer una vez más que el creador, compositor e intérprete del ‘Paseo son cienaguero’ fue Guillermo Buitrago en una acertada conjunción del paseo provinciano o vallenato y el son cubano. El ‘Son’, con sus notas recogidas —apropiadas para el canto—, y el ‘paseo’, con sus notas más extensas, adecuadas para el baile. Sin duda alguna, el estilo propio de Buitrago, y el dejo especial en la cadencia de su voz, hasta ahora no han podido ser igualados.

En los cantos de Buitrago con música de guitarra se conjugan el ritmo adecuado para el entusiasmo bailable (paseo) y la cadencia musical, que permite escuchar mejor la letra de las canciones, por ser más reposado y sentimental (son). Hablamos aquí del caso inconfundible de ‘La varita de caña’, ‘Compae Heliodoro’, ‘El amor de Claudia’, ‘La hija de mi comadre’, ‘El grito vagabundo’, etc. En verdad Buitrago, era un clásico ‘sonero’ o ‘cantante del son’.

El Son ‘Paseo Cienaguero’ se fue enriqueciendo con la introducción de dos guitarras (puntera y acompañante), caja y charrasca; después clave y bongoes en los años 40 del siglo pasado.

Se establece la diferencia y deslinde entre su desarrollada música provinciana, hoy llamada vallenata, y la auténtica música cienaguera. Buitrago acostumbraba hacer frecuentes correrías por las antiguas provincias de Padilla y Valledupar del Magdalena Grande para escuchar la música y cantos de esa región, como aconteció en Villanueva, Fonseca, San Juan del Cesar, Urumita, Badillo y El Molino. Así mismo, por las muy cantadas sabanas de El Diluvio, María Angola y Camperucho, dándolos a conocer con prestancia y calidad, como en el caso de ‘Qué criterio’, (‘La gota fría’), ‘La cita’, ‘Víspera de año nuevo’, ‘El testamento’, entre otras.

Los cienagueros estamos complacidos y agradecidos por la expedición de la Ley 1078 del 31 de julio de 2006 por la cual se “…rinde homenaje a la memoria del compositor, arreglista y músico Guillermo de Jesús Buitrago, y se declara Patrimonio Cultural de la Nación, al Festival Nacional de Música con Guitarra ‘Guillermo de Jesús Buitrago’”. Un merecido reconocimiento para nuestro ídolo musical, sin duda alguna ‘El cantor del pueblo de todos los tiempos’.

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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