Atrás

 

 

ÁNGEL MARÍA CAMACHO Y CANO, VIDA Y OBRA

Por: Alfredo De La Espriella

 

Ángel María Camacho y Cano es músico desde los cuatro años de edad y sus hijas heredaron su arte, constituyendo, sin proponérselo, una orquesta familiar. En la fotografía de Vivian Saad, Ángel María
y sus hijas, Viola y Rosita, en una sesión musical informal.

 

Ángel María Camacho y Cano ocupa en la historia de nuestra música colombiana puesto de vanguardia y papel destacado por su tesonera labor didáctica y extraordinaria tarea de divulgador, creador e intérprete.


Después muy joven empezó a revelar su laboriosidad, así como su entrega y fecundidad en el oficio. Oriundo de San Estanislao -Arenal— departamento de Bolívar, en donde nació un 1º de agosto de 1901, realizó sus estudios en Cartagena en el Seminario de San Carlos Borromeo, con vocación sacerdotal como nos comunicara en amplio reportaje sobre su vida, una vez.


Se graduó de Bachiller en el Colegio de San Pedro Claver y se doctoró en Derecho en la Universidad de Cartagena en 1923.
Preparado con mística: idealista y artista a la altura de su propia vocación su juventud la rodeó de grandes empeños culturales en torno a cuya tarea sobresalía el entusiasmo y consagración que lo llevaron rápidamente al éxito y a la popularidad.
Fue alumno del reverendo padre Adolfo Massó, de sabia estirpe, quien durante cinco años fue su profesor de: Teoría, Solfeo y Armonía. Estudió violín con el profesor Bardi en Cartagena, y con el maestro Begué los continuó en Medellín.


En 1930 viajó a Nueva York contando con el patrocinio de don Ezequiel A. Rosado quien representaba aquí en Barranquilla los discos de la ‘Columbia’ y los ‘Brunswick’. Allí fue alumno del famoso organista Lew White.
El objetivo en la ciudad de los rascacielos por parte de la empresa que auspició su viaje fue cruzar ideas en torno al interés que aquellas compañías poderosas tenían de recoger música popular latinoamericana. Allí tuvo oportunidad de grabar 88 composiciones suyas para la ‘Brunswick’ y 14 para la ‘R.C.A. Víctor’.


Cuando le preguntamos dónde se podían conseguir esos discos tan valiosos nos dijo que ni él mismo los guardaba. Que había sido, en verdad, muy descuidado. La mayoría los fue regalando a sus amigos y a las emisoras. A excepción de algunas partituras, como algunas de aquellas canciones y temas que grabó: ‘Por lo bajo’. ‘Por la madrugá’, ‘La gaita’, ‘La panela melcochá’, ‘De Cartagena a Barranquilla’. ‘Agua de panela’, ‘Cielo azul’, ‘Perdón’ y un pasillo que también gustó muchísimo ‘Hortensia’. Pero la que más éxito entre todas tuvo fue ‘Óyeme, Lorenza’ que fue una de las primeras que grabó y que “Yo creo que es la mejor de todas mis composiciones”.


Cuando regresó al país, cargado de ilusiones y muy feliz por supuesto, por sus contactos y éxitos obtenidos, se vinculó a la radio de Pellet, como se llamaba cariñosamente a ‘La Voz de Barranquilla’ la emisora fundada por Elías Pellet Buitrago un 8 de diciembre de 1929.
Allí, frecuentemente, ofrecía conciertos de piano en horas especiales que Pellet muy gentilmente le cedía. Con el actor y compositor Raúl Ughetti de la Compañía de Operetas y Zarzuelas de Marina Ughetti estableció después otra hora comercial-artística que tuvo fama, gozando siempre de extraordinaria popularidad, cual fue ‘La hora de todo un poco’.

Dicha ‘Hora’ la primera en su género que se conocía a través de la radio por sus amenos comentarios, chispeantes opiniones y diálogos originales se inauguró el 1º de mayo de 1936. Me comentaba entonces el Maestro que “guardo además recuerdos y gratitud a la figura de un locutor estrella cuya incomparable voz y estilo no ha sido superado en nuestro medio —Sansón Vellojín— quien, además, recitaba la letra de mis canciones mientras yo las interpretaba al piano. Entre otras que causaron impacto recuerdo ‘Adiós’. Siempre, decía él, “he guardado por la memoria de Elías Pellet un recuerdo de gratitud por todas las oportunidades que me brindara. Entre otras, una transmisión desde el escenario del Teatro ‘Colombia’ con mi música grabada en Estados Unidos promocionando junto con otro técnico de la radio y promotor también de muy grata memoria Jesús Amórtegui cuyo genio aportó mucho a esta función de gala que, como nunca, se vio taqueado el ‘Colombia’ con ovaciones que todavía retumban en mis oídos”, recordaba emocionado.


Camacho y Cano es un nombre respetable y una institución en el campo de la música colombiana y costeña, en particular. Desde entonces, al fundar su Academia se dedicó en 1934 a trabajar por la educación, formación y preparación de las nuevas generaciones en el campo de la música. En 1937 casó con doña Mercedes Alandete. Y con sus hijas conforme fueron creciendo —Rosita, Viola, Zoila y Lira— fue ampliando el campo de sus actividades con éxito acomodado a la sencillez que siempre cultivó y a la discreción que le inspiraba su consagración, talento y disciplina.


Entre otros logros artísticos de su carrera Ángel María fue por espacio de cuatro años pianista y arreglista de la mejor orquesta que había entonces en Cartagena, la del maestro Lorduy. Con ella tuvo oportunidad de estrenar casi todas sus composiciones. Allí, en la ciudad heroica hizo estrecha amistad con otro genio musical costeño el maestro Adolfo Mejía.


Algo que, ya corriendo la década de los cincuenta sorprende, y de lo cual doy fe porque asistí y comenté en su tiempo el espectáculo, fue el concierto que ofreció la Orquesta Filarmónica de Barranquilla fundada por la década de los cuarenta por el maestro Pedro Biava estrenando su obra clásica cumbre ‘colombofonía No. 1’ y luego la ‘Colombofonía No. 2’.


A propósito del maestro Biava, en un tiempo se asociaron ambos para compartir esta tarea educativa. No se había fundado todavía la Escuela de Bellas Artes y solo existían en la ciudad dos muy respetables Academias de Música, la que había fundado el profesor eminentísimo también Manuel Ezequiel De la Hoz, bajo los auspicios del ‘Centro Artístico’ desde 1914 y la no menos acreditada por la misma época, la de otro ilustre compositor y maestro, el profesor Emirto De Lima. Huelga comentar que, por aquellos tiempos, eran muy notables y solicitados los maestros y profesoras de piano y violín, particularmente quienes en las propias residencias de las familias prestantes de Barranquilla daban clases a sus hijos, entre otras se recuerdan a doña Aurelia Pantoja y a doña Flor Glen, quienes desde tiempos atrás también consagraron sus vidas a esta labor tan noble. Como después continuarían Esther Tinoco y Cecilia Barranco.
La Academia de Música de Camacho y Cano funcionó hasta su muerte en el barrio de El Recreo, por el mismo sector de la Avenida. Allí, discretamente, continuó disfrutando con su misión educativa y contando con sus hijas, todas las cuales como su padre consagraron su vocación al estudio y compartían con él su didáctica tarea.

Viola y Lira queriendo rendir tributo a la memoria de su ilustre padre preparan un homenaje con su música, acto brillante y de excepcionales perspectivas cual se ofrecerá en el Teatro Amira de la Rosa el próximo 8 de noviembre. Teniendo la particularidad de que, además de ellas, toman parte, nietos y biznietos del compositor. Una herencia fructificante que honra el patrimonio de esta estirpe ‘camachoycana’ donde la música siempre ha inspirado el talento de los suyos que continúan ya como concertistas, ora como profesores y aficionados con este cordial mensaje que les inspiró su progenitor y que ellos todos ahora en testimonio de gratitud desean que Barranquilla se reencuentre con la música de Ángel María Camacho y Cano, quien fuera entonces por aquel tiempo el compositor de mayor prestancia y prestigio conque contaba la Costa.
El historiador costeño Julio Oñate Martínez, quien sea acaso, el más autorizado para biografiar la personalidad y obra de Camacho y Cano, pues, además guarda prácticamente toda su música escribió sobre él, que:
“Al llegar a los estudios de la casa disquera como no tenía acompañamiento alguno, para su fortuna allí también se encontraba el maestro Rafael Hernández, quien dirigía la agrupación de planta de la compañía, cual se denominaba ‘Orquesta Brunswick antillana’. Tal vez, por afinidad, el maestro portorriqueño lo atendió muy bien y puso los músicos a su disposición para que se realizaran las grabaciones.
Hubo también otra circunstancia afortunada. Se encontraban allí los cantantes Alcides Briceño y Jorge Añez, dueto muy famoso, quienes cantaron algunas de sus composiciones”. Y otra anécdota muy relievante de Oñate la cual se refiere a: “Que, en un trabajo recopilado de música grabada en la Brunswick ‘Music on Records’ cuyo autor es Richard K. Spotwood señalaba históricamente que el primer tema grabado de música colombiana en ese año de 1929 en un disco de 78 RPM fue ‘Por lo bajo’ (Under cover) en tiempo de parranda.


Otra circunstancia que hay que celebrar es la que comenta Mariano Candela en un artículo que publicó en EL HERALDO hace algunos años —”El primer disco dedicado al Carnaval”, también fue por los años de 1929. Y que, fue registrado en inglés, por supuesto, con el título ‘¡Hurra, the Carnaval!’, ritmo danzón. Letra y música: Ángel María Camacho y Cano.
Quien murió en Barranquilla el 29 de diciembre de 1993, a la edad de noventa y dos años.

 

¡Viva el Carnaval!

Ritmo: danzón
Letra: Ángel María Camacho y Cano
Arreglo: Ángel María Camacho y Cano

Ay compadrito
venga al Carnaval
de Barranquilla
pues no hay otro igual (bis)

Esta es la tierra de mis amores
esta es la tierra de libertad

Ay compadrito venga al Carnaval
de Barranquilla
pues no hay otro igual (bis)

Ese es el pueblo más parrandero
esa es la tierra para gozar.

Ángel María Camacho y Cano, primero en grabar música costeña.

‘Grito vagabundo’, ‘Compae Heliodoro’, ‘Las mujeres a mí no me quieren’, ‘La capuchona’, ‘La hija
de mi compadre’.

 

Atrás

 

MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

HOME