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 UN FESTIVAL PARA LEER Y REPENSAR UN PAÍS

Por: Nicolás Contreras.

Comunicador Social. Fundación Cultural Afroamericana (FUKAFRA) y Asociación de Radiodifusión Comunitaria –VOKARIBE.

 

Decidí esperar una semana para poder hacer un análisis de lo cultural,  social y político, que es inherente y que trasciende a la música, en un Festival de la talla del Cartagena Caribe,  que al igual que su antecesor,  son fiestas que nacen grandes y en un escenario igual,  de magnas significaciones como las de Cartagena en la historia de Colombia y del Gran Caribe.  Se hace necesario,  ya que en cierta medida fui también protagonista de un incidente,  que pone en evidencia las fracturas de la nacionalidad. Un relato que tampoco menoscaba lo que de actuaciones musicales se refiere,  también con sus ocultas simbologías.

 

Todo comenzó en la entrada de la Plaza de Toros Cartagena de Indias cerca de la medianoche,  cuando a la entrada, un grupo de cartageneros y yo, nos encontramos con un personal de portería 70% bogotano – debido a los inversionistas del evento también interioranos – que se negaban a dejarnos entrar con boletería de cortesía para arena,  argumentando que a esa hora ya no tenían validez,  pese a que no había ninguna advertencia horaria en los pases.  Los ánimos ardieron velozmente al ritmo de la adrenalina y el cruce de ofensas regionalistas hizo su aparición.

 

Más tarde un conciliador organizador también bogotano,  me explicó que esa medida se había adoptado, porque muchas personas que habían ganado pases de cortesía,  las estaban comercializando haciendo uso de la dinámica del rebusque,  que acompaña todo evento costoso en un país en crisis económica, pero que en expresiones de otros interioranos, “ahi estaban pintados los costeños”. Un poco antes y por la mediación del mismo bogotano amable, se superó el impase y todos los que poseíamos boleta de cortesía hicimos filas para entrar,  pero para mi mala fortuna,  una cerveza para ahuyentar el calor que estaba consumiendo le dio pretexto al mismo cancerbero envalantonado -también bogotano - que se abalanzó a sacarme,  pero durante un rápido forcejeo,  me sacudí del portero que llamó a un policía,  también interiorano  y ahi fue la de troya:

 

A pesar de que abrí los brazos y me quedé estático,  el sargento Flores –según rezaba en su heráldica militar – me tomó con toda la violencia que pudo,   pese a que intenté explicarle que me estaba sometiendo a la autoridad.  Otro policía también interiorano acudió en apoyo del superior,  pero el incidente no pasó a mayores ya que logré safarme y ponerme a seguro y unas agentes entre las que había costeñas y cachacas, calmaron los ánimos.  Entra las múltiples lecturas que deja este suceso,  una salta a la vista y la han planteado varios politólogos como Gómez Buendía y Cepeda Ulloa,  es la urgencia de capacitar a nuestras fuerzas militares para actuar en escenarios civiles multitudinarios no violentos – como el Festival Cartagena Caribe. Los ha golpeado tanto el largo conflicto “de baja intensidad” que hoy por hoy muchos están incapacitados para brindar “la seguridad con equidad” y sin grosería,  a pesar de que la policía está creada universalmente con el criterio de “fuerza pública”.

 

Es urgente que el Ministerio de Educación Nacional y el Ministerio de Cultura, se embarquen en un proyecto más realista,  encaminado a la reconstrucción de la nacionalidad desde la diversidad.  Algunos dirán que esto también sucede en Europa,  pero pienso que estos incidentes aparentemente inofensivos, deben afrontarse ahora cuando es posible y no cuando el país, encamine las energías de la frustración y el desencanto,  por las consecuencias de un modelo económico criminal y llevado por un orador populista,  trate de solucionar el problema planrteando una nueva escisión del mapa colombiano,  como sucedió con Panamá.

 

En cuanto al espectáculo,  muy triste lo que sucedió a una grande artista idolatrada en el exterior como Totó La Momposina,  con un escenario casi vacío, a pesar de la calidad integral de su presentación - y  a pesar de que abrió el espectáculo - mereció un lugar mejor diseñado en la agenda de la presentación.  Igual le sucedió a los vallenatos, que los dejaron de últimos después de un show internacional,  como le sucedió a Jorge Oñate con Diblo Dibala y a Los Zuleta con Shaggy,  todo ello evidenció desequilibrios y angustia por la amenaza de baja asistencia del primer día.  Afortunadamente,  el segundo día la plaza se llenó como en los mejores tiempos –quedan testimonios audiovisuales amplios.  En este sentido,  para los veteranos reporteros de Uniautónoma la lectura fue que,  el espectáculo artístico del primer día fue superior al segundo día, a pesar de Shaggy.

 

Un detalle que pasó desapercibido para muchos,  fue la no aceptación total de la verdadera champeta:  en lugar de mostrar auténticos bailadores de Champeta de la zona suroriental,  para acompañar la impecable presentación de Luis Tower y su tropa,  se prefirió a bailadores de academia con movimientos de gimnasio,  que repito están muy lejos de la rica estética popular, de los tiradores de pase que deleitan en los duelos de movimientos en las casetas de la Boquilla.  Excelente la presentación de Latin Dream y muy cerrado el duelo entre Wilfrido Vargas y su coterraneo Eddy Herrera, que escogieron “El Jardinero”,  como la mesa artística para medir fuerzas. Lo de Diblo y Shaggy fue apoteósico,  el público los hizo repetir y eso que no hablaban los idiomas nativos occidentales de los dos concertistas.  Dios quiera y la próxima vez Diblo sea llevado a un picó,  para que conozca la emisara alternativa que hizo pegar la música afrocaribe, incluyendo a la suya.

 

Pero el Festival Cartagena Caribe,  nació con pueblo, en varios de los trayectos,  la mayoría de los taxistas y cartageneros con quienes departimos,  se sentían orgullosos de tener un nuevo festival.  Uno de ellos me corrigió: “esto no es un concierto cualquiera, este es el festival Caribe de Cartagena,  mi hermano,  no confundas”.  Por esta razón, el festival el próximo año debe pensar en un estudio de expectativas,  en el cual debe tener en cuenta a los picoteros, acerca de que artista está más vigente y es más sentido para el ethos fiestero urbano de Cartagena. Comenzar con tres meses de anticipación, la promoción en picós y emisoras de las estrellas de África y el Caribe.  Si es posible, debe contar con un espacio radial propio para mantener la expectativa del evento todo el año.

 

Quiera Dios que esta vez,  la universidad y la escuela del Caribe Colombiano y del país,  no esté de espaldas a este festival,  es mucho lo que ofrecen este tipo de eventos para la formación cultural cosmopolita de una cultura como la caribeña,  que necesita reconocerse y trascender la visión de parroquia que nos han inculcado secularmente contra nuestra voluntad.  Por eso es muy temprano para festejar el supuesto fracaso de un festival en un lugar como Cartagena. Alex Boicel y una periodista internacional como Jade Lingaard de Irrockuptibles – un portal web galo de vanguardia – coinciden en que Cartagena, es el mejor lugar para hacer un festival,  por su historia, paisajes y sobre todo por sus gentes.  Lo demás es meterle más pueblo y academia al evento;  que mis colegas se preparen para hacer un mejor cubrimiento, es lamentable que algunos corresponsales locales no sean capaces de distinguir a un músico como Diblo Dibala - en un pie de foto de uno de nuestros diarios insignias se limitó a señalar:  “uno de los invitados internacionales en plena actuación”. ¡Larga vida al nuevo festival!

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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