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¿QUÉ SE ENTIENDE POR MÚSICA TROPICAL  BAILABLE?

Por: Manuel Antonio Rodríguez

 

En el ambiente musical popular colombiano, especialmente en el interior del país,  se sigue presentando una confusión con respecto a la denominación genérica y el concepto  de “Música Tropical Bailable”. Este breve ensayo, pretende demostrar, que es  erróneo  designar el término “chucu-chucu” a todo lo que suene música tropical bailable de salón.

 

Tanto algunos comunicadores sociales como  público en general, especialmente en la jerga juvenil, existe la tendencia a usar los términos “chucu- chucu” o “raspa” de manera peyorativa, para referirse  indiscriminadamente en su mayoría, a los estilos de música popular bailable de salón del contexto Caribe e Iberoamericano.

 

Con el propósito de ir delimitando el tema en discusión, es preciso distinguir tres grandes bloques dentro de una clasificación taxonómica universal de la música:

 

En primera instancia, la llamada música clásica, sinfónica, artística, erudita o culta europea, cultivada desde los periodos de la edad media, el  renacimiento (1450-1600), el barroco (1600-1750), el clasicismo (1750-1820), el romanticismo (1820-1920) y el periodo moderno o contemporáneo, la cual tuvo mucha influencia en el mundo occidental.

 

En segundo lugar, la música popular o ligera, que por referencia oral y escrita  se conoce desde hace mucho tiempo atrás, pero que solo desde el siglo XIX con la independencia de algunos países del Nuevo Mundo y la invención del fonógrafo, marcó diferencia de la música elitista europea.

 

Y en tercer orden, la música étnica, folclórica, exótica, tradicional, trival, la cual durante mucho tiempo no fue objeto de estudio académico y que se considera  patrimonio de los diferentes grupos étnicos de la humanidad. Gracias a la nueva categoría conocida como  “World Music”, ha tenido gran reconocimiento a nivel mundial.

 

En el léxico  de la música popular, se creó la clase o  categoría “Música Tropical bailable” como resultado de un largo proceso sincrético e  intercultural, producto  de la influencia  musical europea, norteamericana, caribeña y elementos de las manifestaciones tradicionales rurales y urbanas  colombianas y de algunos países latinoamericanos. En otrora tiempos, fue considerada por antonomasia en Colombia como la Música Nacional, lo que llevó a convertirla en un modelo para  la industria del entretenimiento, dirigida a las clases sociales pudientes, quienes disfrutaban en los clubes y salones de las principales ciudades del país.  Dado, el devenir de los tiempos, como todo arte, la música tropical bailable ha tenido transformaciones, evoluciones y adaptaciones, las cuales han dado  origen a  nuevas tendencias sonoras.

 

Muchas de las referencias que hacemos en el arte musical, se plasman  a través de generalizaciones. La construcción de las palabras se genera fundamentalmente por etimología, analogía, combinaciones y aglutinaciones. Utilizando una analogía o recurriendo a una metonimia, el término “Música” corresponde al género, mientras que  “Tropical”, es una especie o categoría de la misma. La idea o el concepto de “Música Tropical”, se puede  entender como  una sonoridad típica que se cultiva en la región del Trópico o de la zona tórrida, comparación  que  también se interpretaría como algo ilógico y sesgado, por cuanto la denominación no corresponde a la realidad total.  

 

Desde luego, delimitar los límites de las músicas populares, es un proceso demasiado complicado e impreciso, lo que regularmente conlleva al uso de terminología genérica. Si hacemos un breve análisis desde una mirada lingüística, se puede  afirmar, que las denominaciones de los  géneros musicales populares obedecen a la arbitrariedad del lenguaje, acusan problemas de ambigüedad y confusión,  debido a la fuente desde donde se emite el concepto.

 

Pero,  preguntémonos ¿porqué se presenta toda esta confusión a la hora de identificar cada estilo musical? La respuesta, no es fácil. Quizá, en parte, tenga mucho que ver la poca educación musical y el pobre criterio técnico que tienen muchos periodistas, productores y empresarios de la industria del disco, quienes por tener a su alcance medios masivos Influyentes de comunicación, terminan imponiendo modas y postulando vocabulario musical  sin criterio lógico.

 

Ello, conlleva a un círculo vicioso. La destacada coreógrafa Delia Zapata Olivella afirmó en alguna ocasión “Uno no puede amar lo que no conoce”. Obvio, si la radio y la televisión comercial no difunden el estilo “Tropical bailable”, con el argumento de que es “música para viejos”, “pasada de moda” o “no produce rating”, la población juvenil  en general, difícilmente logrará distinguir los diferentes estilos del complejo tropical bailable. Al fin de cuentas, la industria discográfica y los medios masivos de comunicación en su afán mercantilista,  siempre han hecho intentos  por facilitar asociar un determinado estilo sonoro con una denominación genérica aproximada según sus propios criterios  caprichosos.

 

En efecto,  la categoría  “Música Tropical Bailable” no presenta rasgos homogéneos.  Por el contrario,  cada género y cada estilo musical dentro de este movimiento, posee una  fisonomía propia que debe ser analizada desde una perspectiva musicológica, en cuanto a su comprensión se refiere.

Ahora bien, detengámonos por un momento y abordemos el tema de los géneros musicales. En el lenguaje académico,  el concepto de  formas musicales corresponde a las estructuras o la morfología de las obras sonoras, es decir, la organización de las ideas musicales, como por ejemplo podemos mencionar la suite, la sonata, la sinfonía, la fuga, entre otras. En tanto que en lenguaje popular se menciona el término “ritmo” para referirse a lo que en lenguaje técnico se conoce como “género musical”. Por mucho tiempo, se creyó que las estructuras rítmicas percusivas determinaban los géneros musicales, concepto este que ha sido revaluado en el medio académico, por cuanto el ritmo es uno de los elementos constitutivos de la música junto con la melodía, la armonía y la tímbrica. En consecuencia, se ha propuesto el vocablo “Género musical” para referirse a los prototipos o moldes sonoros de las distintas categorías musicales.

Un género musical se puede definir por su identidad estilística, por su estructura morfológica, por su esquema rítmico, por sus líneas melódicas, progresiones armónicas y elementos  tímbricos. Desde luego, no es nada fácil tener la competencia de reconocer la diversidad de géneros y estilos musicales populares que pertenecen al vasto complejo de la música tropical. Ello,  sugiere cierto grado de educación artística o saber musical, desarrollo auditivo o habilidad cognitiva de un oyente para entender y aplicar principios estilísticos.

 

En tal virtud, conviene  mencionar de manera sucinta  las especies o variantes musicales que comprenden el complejo “Tropical Bailable” con fines ilustrativos. Así, podemos hablar  entre otros de   el porro de salón, la cumbia, la gaita, el fandango, el merecumbé, el paseaito, el mapalé, la puya, el cumbión, el chiquichá, el merengue, el garabato, el  pompo, el porrocumbé, la tamborera, el sonsonente, el afro, el Danzonete, el tumbason, patacumbia,   el jalaíto, el Caracolito, la parranda, el son palenque, el baión, el tuqui tuqui, el mece -mece, el bambugai, Tumbele,  la Maestranza, Chunga, el Pilón, el  pasebol,  el currulao, brinca brinca, Rumbón etc.

 

Muchos de estos géneros musicales tienen sus orígenes en las músicas tradicionales, otros son el resultado  de hibridaciones y experimentos genéricos urbanos y rurales. Cada género o estilo musical, tiene una característica propia, determinada por  muchos  componentes. 

 

Ahora bien, la “Música Tropical Bailable” de tipo “sabanero” o “costeño”, connota características diferentes al estilo conocido como “chucu-chucu” o “raspa”, incluso, el estilo tropical internacional, no obstante, compartir algunos rasgos en común.

Sin pretender ser excluyentes, rigurosos  ni parcializados, se hace pertinente hacer una retrospectiva cronológica del desarrollo del movimiento tropical en Colombia y en Latinoamérica, en aras de tener referencias de quienes han hecho un aporte al cultivo de este movimiento. Veamos:

 

En primer lugar, surge un  período al cual denominaremos “arcaico” o “vieja guardia”; comprendido entre 1927 y 1930,   caracterizado por un estilo “Tropical danzoneado”; en cuyas grabaciones se aprecia tanto  la influencia de la música cubana  como la norteamericana y europea, en la organología y  las formas musicales.  No obstante, la industria discográfica neoyorquina  de ese entonces, publica masivamente  géneros criollos poco conocidos como “parranda”, “porro” y “fandango” “mapalé”, “rumba”, “danzón”, entre otros.   Al maestro Ángel María Camacho y Cano se le considera como el “Abuelo” o padre de la música tropical en Colombia, por haber sido el primer artista que realizó un registro sonoro de este estilo. Como compositor,  es   recordado por sus éxitos “Óyeme Lorenza”, “Perdón”, “Cielo azul”.  Así mismo, los maestros  Adolfo Mejía y José Pianeta Pitalúa   grabaron en Nueva York  obras del compositor  Cipriano Guerrero.

 

Luego, en la década de los años 30 surge el movimiento conocido como “jazz bandístico”,  especialmente en Barranquilla y Cartagena.  El tipo de agrupación es una  réplica de las bandas de jazz norteamericanas de la época. Se recuerda la Orquesta A. # 1, La Jazz Band Colombia, la Jazz Band Atlántico, la Jazz Band Barranquilla, Orquesta Emisora Atlántico Jazz Band, Orquesta de Emisoras Fuentes, Orquesta Emisoras Unidas, Orquesta de Emisoras Fuentes, Orquesta del Caribe, la Orquesta Sossa,  Orquesta Nuevo Horizonte, Orquesta de los Hermanos Lorduy y demás.

 

Pronto, el interior del país, pero especialmente Bogotá, va paulatinamente entrando en la moda  “tropical”. Así, en la década de los años 40 se destacó el maestro Lucho Bermúdez, los maestros   Alex Tovar y  Milciades Garavito,  el rey del porro Luis Carlos Meyer,  Esther Forero quien grabó junto al reconocido compositor boricua Rafael Hernández,  el insigne compositor y cantante banqueño José Benito Barros, el clarinetista momposino Juancho Esquivel con   Los Trovadores de Barú, José María Peñaranda  y otros.

 

La época clásica o dorada de la música tropical en Colombia,  tuvo auge entre los años 50 y 70 tanto en el interior del país  como en el Caribe colombiano, gracias a la difusión masiva que protagonizaron especialmente  Discos Fuentes y Discos Tropical. Entre los  principales exponentes del estilo tropical de ese entonces fueron entre otros el gran   “Francisco “Pacho” Galán, Ramón Ropaín, Jesús Nuncira Machado, Julián Pérez Carvajalino, Rafael Campo Miranda, Efraín Orozco,  Clímaco Sarmiento, Rufo Garrido,   Pedro Laza y sus Pelayeros con Crescencio Camacho,  Marcial Marchena, Rafael Mejía Romani, Antonio María Peñaloza, Sonora Curro, Nelson Pinedo, Fortich y Valencia, Guillermo Buitrago, Julio Bovea, Alberto Fernández, el Cuarteto Imperial,  Crescencio Salcedo, Pedro Salcedo, Wilson Choperena, Los Corraleros de Majagual,  Francisco Zumaqué y sus Macumberos del Sinú, Pello Torres y los Diablos del Caribe, Noel Petro, Juan de la Cruz Piña, Los Caporales del Magdalena, La Sonora Cordobesa, Cascarita y su Combo, la internacional Sonora Dinamita, Lucho Campillo y Los Truenos,  Antolín Lenes y su Combo Orense, Michi y su Combo, el Afrocombo, el Supercombo Los Sucreños, La Sonora Panagua de Johnny Sáenz, Los Curramberos de Guayabal de Alberto Pacheco, Los Gavilanes de la Costa de José Castro, Los Piratas de Bocachica, Ariza y su Combo, Aniceto Molina,   Los Satélites, Alfredo Gutiérrez y sus Estrellas,  Eliseo García y sus Bimbaleros, Lisandro Meza, Los Vlamers de Marco Rayo quienes en 1961 estrenaron la hermosa cumbia “Cartagena de Indias” en la voz de la bogotana Lely Méndez, acompañada por Arnulfo Briceño, Víctor Rayo y Tony Valdés,  etc.

 

Por esos tiempos, Medellín, por ser la capital de la industria fonográfica, proyectó a nivel Nacional e internacionalmente, agrupaciones y artistas como la Orquesta Sonolux, Mario Gareña, Nubia Ordóñez,     Edmundo Arias, Los Hermanos Martelo,  La Casino Tropical,    Leonor González Mina,    Petronio Álvarez,   Oscar Salamandra,  Los Éxitos etc.     

 

Una generación más contemporánea por los años 70, siguió cultivando el estilo tropical con distintos matices; a ese movimiento pertenecieron Adolfo Echeverría, Juan y Carlos Piña con La Revelación, Los Líricos, el Sexteto Miramar, el Combo Nutibara, la orquesta Fascinación,  Morgan Blanco,  Germán Carreño,  Dolcey Gutiérrez,    La India Meliyará,    Latin Brothers, Germán Carreño y su orquesta, Los 8 de Colombia, Los Univox, Los Nada que ver, Los Astros, La Tropibomba, los 5 de Oro, Los Claves, Los Bebobs de Víctor Gutiérrez,  La Tropibomba, Los Diplomáticos, Los Reales Brass, Los Tupamaros,  Los Aliados, Los Astros, Los Silver Stars, El Cuarteto Imperial,  Los Rivales y  Los Caribes entre otros.

 

Por los años 80, cambia un poco  el panorama, debido a la fuerte penetración de la salsa y el merengue dominicano en el mercado discográfico en casi todos los países latinoamericanos por la acentuada globalización. En la farándula nacional,  aparecen propuestas más modernas y elaboradas como las de Francisco Zumaqué, Joe Arroyo y La Verdad, Los Número Uno, Los Fabulosos, Contraste, Los Alfa 8,  Manduko, Palosanto, Grupo Clase, Las Perlas Negras, Los Warahuaco,  Germán Carreño, Los Warahuaco,  Armando Hernández, Orquesta La Playa,  Juan Carlos Coronel, Raíces, Checo Acosta, El Nene y sus Traviesos entre muchos.

 

En el año 1993, ocurrió un fenómeno trascendental, el samario Carlos Vives, aprovechando la coyuntura del boon televisivo, lanza al mercado una propuesta revolucionaria titulada “Clásicos de la Provincia”, dando origen a un  nuevo estilo llamado “pop tropical” o “Tropipop”.  En su esencia, esta novedad no es más que una fusión de elementos de la música tropical bailable y tradicional, mezclados  con  diferentes vertientes del pop, el rock, la socca y la música electrónica internacional.

A partir de allí, se incrementó la moda del “rencauche” o “fusilamiento”, la cual consiste en ensamblar grupos cuyo repertorio se basara en obras “clásicas” pero con un sonido internacional, dirigido a la población juvenil. Surgieron cualquier cantidad de agrupaciones de laboratorio con fines netamente comerciales  como  Barranco, Café Moreno,  Los Fantasmas del Caribe,  Madre Monte,  Karamelo, Luna Verde, Madreselva,   Moisés Angulo, Iván y sus Ban Band,   Aura Cristina Geithner y muchos más. En los últimos años han surgidos figuras y agrupaciones exponentes del movimiento conocido como “tropipop”, como Andrés Cabas, “grupo Bacilos”, “Tinto”, “Kema”, “Sin ánimo de lucro”, “Bonka”, “Lucas Arnau”, “Mauricio y Palo de Agua”, “Fonseca” y otros. Aunque un tanto diferentes, surgen  Los 50 de Joselito, Bandafiesta, Taxi, Guayaba, Matecaña, Son de Caña, RH Positivo con la misma tónica del reencauche.  

 

Bogotá, por ser la ciudad que ofrece mayor oferta y demanda laboral en el campo de la música en el país,  concentra la mayor población de músicos y agrupaciones, por cuanto ofrece oportunidades de proyección nacional e internacional. En la mayoría de las grandes capitales, los músicos se ven obligados a laborar complementariamente en otras actividades para la sobre vivencia, relegando un poco su actividad artística.

 

Sin embargo, en la última década ha pesar de lo difícil en cuanto al sostenimiento de una agrupación numerosa, aparecieron propuestas interesantes  como  la big band de Juancho Torres, Son Mocaná de Juventino Ojito en Barranquilla, La Kalamary Big band en Cartagena,  La Gran Banda Caleña, La Diferencia, en Ibagué, Los Veteranos del Caribe, los cuales retoman los éxitos del ayer  entre otros.

 

En el nuevo siglo, a pesar, de la situación crítica en el campo económico, el mundo de la música tropical se ha visto amenazado por  la fuerte proliferación de pequeñas agrupaciones virtuales, las cuales han desplazado al músico en vivo. Los llamados “grupos de secuencia” han contribuido en parte  al decaimiento de las agrupaciones tradicionales. Ello, sumado a la invasión y desafío  del fenómeno reggaetón y las modas del “tropipop” y  el vallenato romántico. De este modo,  la música tropical bailable prácticamente ha quedado para el disfrute de coleccionistas de acetato, una que otra emisora con franja cultural y en general, para la población adulta que se resiste a olvidar la música de su generación.

 

Entre tanto, el vocablo “chucu chucu” según la tradición oral y el sentido común, hace referencia a la onomatopeya del sonido del tren, es decir, “bailar en fila al compás del tren”. El término  connota un sentido despectivo. Muchos conocedores, críticos musicales, coleccionistas de acetatos y musicólogos conciben el concepto de “chucu-chucu”, o también conocida en algunas regiones con el nombre de “música minguí,” como un estilo musical “sin sabor”, “gallego”, “cuadrado”, “monótono”, “simple”, con características sonoras asociadas a lo que el escritor caleño Andrés Caicedo llamó en su novela Que viva la música, publicada en 1977, como “sonido paisa” hecho a la medida de la burguesía, de su vulgaridad, es decir, el estilo musical impuesto por agrupaciones antioqueñas en las décadas de los años sesenta y setenta, cuyo formato se clasificaba entre combos y conjuntos mixtos, compuestos fundamentalmente por guitarra eléctrica, bajo eléctrico, teclado eléctrico conocido por ese entonces como el solovox,  tumbadoras, batería con timbal, guira, saxofones y trompetas. Su repertorio se basaba en canciones de tipo “cover” con doble sentido y  mucho humor. 

 

Las agrupaciones más destacadas de este movimiento que involucró tanto a  músicos costeños y del interior del país,  liderada a su vez  por  Discos Fuentes, han sido  entre otros “Los Teen Agers”, “Los Hispanos, “Los Graduados”, “Los Claves”, “Los Éxitos”, “La Típica RA7”,  “Los Falcons”, “Los Golden Boys”, “El Combo de las Estrellas”, “Los Black Stars”, “El Tropicombo”,  “La Sonora Dinamita”, “El Combo Di Lido”,  con  éxitos como “Don Goyo”, “Juanito Preguntón”, “Papá y Mamá”, “La Colegiala”, etc. Los exponentes más sobresalientes del sonido paisa se recuerda a Gustavo “El Loco”  Quintero, Rodolfo Aicardi, Jairo Paternina, Gabriel Romero y Lucho Argaín.

 

Corroborando lo anterior dicho, el escritor Alejandro Ulloa sostiene en su libro Historia de la Salsa en Cali que “Si algo ha hecho la raspa en Colombia… fue banalizar la música tropical colombo caribeña que en los 50 había alcanzado la altura y calidad de los géneros bailables populares más importantes del continente. La raspa simplificó su estructura melódica y armónica en aras del gusto fácil y el mercado rentable redujo su riqueza musical a la mínima expresión. Pero esta línea sería la más exitosa desde el punto de vista comercial”.

 

La escritora Ana María Cano sostiene que “los conjuntos paisas  tomaron la música de la Costa Caribe y, con un ritmo local bastante elemental, la degeneraron en concepto de muchos”. El locutor samario Félix Chacuto afirmó que “el estilo paisa era “música gallega”, debido a la regularidad  y monotonía en su interpretación”.

Por su parte, el escritor Rafael España dice que “El chucu-chucu es la música del Caribe interpretada por orquestas del interior del país”.

 

En tal virtud, parece ser que el estilo conocido como “chucu-chucu” no es del gusto de críticos musicales, ni de salseros, roqueros, ni muchos menos de clásicos o eruditos, lo único cierto, es que entre una alta población de   músicos populares y académicos, tocar “chucu-chucu” o “raspa” es sinónimo de pobreza musical. Aún así, reconozcamos que el estilo “chucu-chucu” pertenece al complejo mundo de la categoría conocida como “Música Tropical” y es hijo del son y la guaracha cubana.

 

De otro lado, en el contexto internacional, el movimiento “Tropical” se hizo extensivo en algunos países latinoamericanos y del Caribe. Así, por ejemplo, en la República Argentina se destacaron por los años 40 las orquestas de los maestros Eugenio Nóvile, Don Américo y sus Caribes y  Eduardo Armani, algunos de los cuales,  tuvieron la oportunidad de grabar y compartir escenario con el maestro Lucho Bermúdez en la ciudad de Buenos Aires, junto con Bob Toledo y sin duda, la mejor cantante de música tropical colombiana de todos los tiempos, la inigualable Matilde Díaz.  En los últimos años, se ha impuesto de moda  la “cumbia villera”,  un estilo de música arraigado en las villas miseria o barrios pobres de Buenos Aires e impulsado  por Pablo Lescano, director de la agrupación Damas Gratis. 

En México fue muy reconocida la labor que hizo la Orquesta del Maestro  Rafael de Paz, quien hizo arreglos para las voces colombianas  Carmencita Pernett y Luis Carlos Meyer. En los últimos años, se ha venido imponiendo un estilo llamado  Cumbia Andina-Mexicana o Cumbia Andi-Mex, las cuales dieron origen al nuevo estilo conocido como Cumbia Sonidera o mexicana.

En el Perú  el término “chicha”  equivale a lo que en Colombia se entiende por “Raspa”. Allí, sobresalen Lucho Macedo, Los Orientales y  El Combo Palacio entre otros, mientras  en el  Ecuador Don Medardo y sus Players siguen cultivando el estilo tropical. La Tecnocumbia es una variante peruana de la música chicha con influencias de la cumbia, que introduce cambios tanto en el ritmo como en dejar atrás la influencia andina que tenía la chicha de los años 80.

En Venezuela,  el movimiento “Tropical” tuvo mucha influencia de la música popular afrocubana, dominicana y por su puesto colombiana.  Se destacan agrupaciones y artistas  como Aldemaro Romero, Luis Alfonso Larraín, Billos Caracas Boys, Los Melódicos, Chucho Sanoja, Nelson y sus Estrellas con la voz y el bajo de Luis Felipe González,  Los Blanco, Nelson Henríquez, Emir Boscán y los tomasinos, el Súper Combo Los Tropicales, Orlando y su Combo,  Pastor López,   Willy Quintero, La Playa, Hugo Blanco, Tania, Orlando y su Combo entre otros.

 

En conclusión, gústenos o no el estilo “chucu-chucu”, debemos aceptar y respetar  que es una realidad sonora, independientemente de una valoración crítica por parte de los entendidos en asuntos musicales,  y, que en muchas poblaciones a lo largo y ancho de la geografía nacional, sigue siendo gusto preferido de bailadores y melómanos. Lo que no se puede seguir aceptando es que por ignorancia, esnobismo e  imposición, se incurra en el error de llamar de forma generalizada “chucu-chucu” a todos los estilos de música tropical  bailable.

 

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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