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LA SALSA, ESE ESPÍRITU
REVELADOR DE LOS ANCESTROS!
Variaciones sobre Ricardo y Bobby
Por: Luís Tasceche
· Habitus e imprintings culturales.
· Cultura, goce, ocio, vida, identidades y memoria.
· La Salsa, es esencia rítmica.
· Los cantos liberadores de Bobby y los clímax musicales.
· Los ministerios yorubas y protestantes en Richie y Bobby.
· Las fiestas de bembé, músicas vivas.
· Imaginar y novelar: sobre una maravilla de Orquesta.
· Inmersión y evocación simbólica del afrocubanismo.
· Bucles, dialógicas e incertidumbres culturales.
· Pero, que han dicho y no han querido decir sobre el remontaje musical de Ricardo y Bobby.
El pulso de esta escritura está dedicado incuestionablemente a
María Angélica Castañeda por su intachable y amorosa solidaridad,
A Pacho Celis e Isa porque definitivamente no se escribir de Otra manera…y Ustedes dos con su amor son una expresión de la pasión incontrolable de esta música eterna,
A Lucio Ochún porque siempre me está haciendo preguntas extraordinarias
Y a Manuel Francisco porque quiere acompañarme con sus tambores, retumbando mi conciencia de cuero de chivo!
Con mucho amor a Marujita Echeverry de Tascón!! Porque está viva en el cielo leyendo esta pasión por la música.
Con afecto y cariño,
Luís Tasceche
Variaciones sobre Ricardo y Bobby1.
Relatoría de Luis Tasceche
Habitus e imprintings culturales.
La música y la literatura son esencias que definen a las mujeres, los hombres y a sus pueblos; [en gran parte, son sus grandes paradigmas que crean y construyen habitus en ellos, pues les generan en sus vidas prácticas, un sentido adquirido que es el conocido como imprinting cultural, que surge en el seno de las comunidades. La música y la literatura crean los imprintings culturales de esas comunidades, son sus vasos comunicantes.
“Estos habitus en ellos , -como bien lo traduce y repiensa Mirla Villadiego Prins2, al retomar a Pierre Bourdieu- es una especie de estructura mental que estructura y es estructurada por la práctica, no actúa sobre los individuos a la manera de estímulos, es decir, como si se ejerciera sobre ellos una determinación directa, que ejerce efectos inevitables e inmediatos.
El habitus funciona con una alta intervención de las leyes de probabilidad, debido a que si bien es cierto que los individuos actúan con casi total coherencia con los requerimientos del orden social, ello no es el resultado de una imposición externa sino más bien la consecuencia de una selección realizada a partir de los esquemas de percepción, pensamiento y acción que cada individuo ha heredado del grupo social o ha adquirido con su experiencia personal”.
Son estos habitus esenciales, de hacer, componer, escuchar y vivir
la música y la literatura, los que al configurarse como habitus esenciales del
ser humano y de las comunidades, al mismo tiempo adquieren el valor de
paradigmas pues se “forjan como un conjunto de creencias generadas y compartidas
por una comunidad…(específica y determinada: artistas, músicos, literatos,
melómanos, coleccionistas, programadores de radio, periodistas, críticos,
ingenieros de sonido, managers, diseñadores, compositores) para guiar sus
procesos de producción y legitimación del conocimiento” como lo expone el físico
Thomas Khun en su trabajo editorial “La estructura de las revoluciones
científicas”, -que se convirtió en una referencia importante para la creación de
una nueva concepción de la historia de la ciencia-, hoy nos sirve de puente y
mirada para observar, el inocultable proceso de la creatividad e interactividad
en la música popular de la Salsa hecha por Ricardo Ray y Bobby Cruz Orchestra
sobre muchas comunidades socioculturales colombianas y del Caribe mediterráneo.
Son estos habitus, los que no son una creación exclusivamente individual, según Bourdieu3; -la Salsa tampoco lo es y menos, la recepción y los usos sociales de la música de Ricardo y Bobby- por eso, sí puede hablarse que han creado y generado “un habitus social, que es el que se expresa en el conocimiento, que siendo heredado de generaciones pasadas, sobrevive en nuestra cotidianidad y tiende a perpetuarse en el futuro”4, como sucede con amplias apropiaciones y empoderamientos de la música y la literatura por parte de pueblos y comunidades enteras en bastas regiones del mundo.
En ese sentido, la música y la literatura, “son las posibilidades mismas (para que) los individuos se adapten por sí solos a las condiciones de vida que les imponen”5; aunque puedan -como lo expuso Yehudi Menuhin- “ser [condiciones de vida] expresivas, comunicativas, conmovedoras e inspiradas, pero que rara vez son accidentales, aun cuando recuerden los sonidos eternos del mar o la espontaneidad del canto de las aves.
– Recuerda Menuhin que- el llanto del recién nacido es un sonido tan intrínsecamente musical como el martilleo seco del picamadero, el estrépito del trueno, el rumor del viento en los trigales, el arrullo de la paloma, el cascabeleo de la semilla en las vainas, el sonar del metal, el suave murmullo de pasos sobre la hojarasca. ¿No son esos sonidos naturales gran parte de la materia prima con la que el hombre crea la música? Con ellos hemos construido, -y seguimos haciéndolo-, lenguajes musicales, ya sean éstos las más sutiles y refinadas texturas monódicas (melódicas) y rítmicas, como las que se perfeccionaron hace miles de años en la India, o las texturas armónicas más complejas que se han creado recientemente en la Europa occidental” 6, (esa es una significación que queremos darle también a la literatura, así la música posea en su materialidad, paradójicamente literatura musical).
Son experiencias y son conocimientos; “son marcas sin retorno que imponen, el imprinting cultural” –un concepto novedoso que propuso Konrad Lorentz- y que al término imprinting le dio un significado especial, en tanto busca dar cuenta de “la marca sin retorno que imponen las primeras experiencias del joven animal (como en el pajarillo que saliendo del huevo toma al primer ser viviente a su alcance como madre)”7.
Es este imprinting cultural del que “el individuo sujeto se apropia de su genos8 al que obedece, (donde construye) su dependencia hereditaria singular, se autonomiza al apropiarse del genos, donde se afirma en su cualidad de sujeto, (ahí están en juego como memoria, la literatura y la música), devienen en fundamento de la identidad personal: la herencia plural que hace de nosotros individuos singulares. [En todas las sociedades, la cultura se impone a los individuos, lo recuerda ampliamente el maestro Edgar Morin, en la “Antropología de la Libertad”].
Cultura, goce, ocio, vida, identidades y memoria.
No en vano, Sherwood Anderson, explicaba en un artículo periodístico9 y hacia un llamamiento a otros artistas para que fuesen a Nueva Orleáns: “Querría hablarles de los largos y apacibles paseos por la escollera, en donde viejos navíos jubilados, alzan sus mástiles en las luces doradas del crepúsculo vespertino. Por las calles de esta ciudad los transeúntes caminan indolentes, sin prisas… Me afirmo en mi pensamiento de que la cultura significa ante todo, el goce de la vida, ocio y un sentimiento profundo del ocio.
Significa que se dispone de tiempo para que la imaginación recree los hechos de la vida; significa tiempo y vitalidad para ser serio ante las cosas verdaderamente serias y un fondo de alegría del vivir con el que poder refrescar el espíritu cansado.
En una civilización en que la acción es dominante, sumergiendo la vida imaginativa, hallaréis lo que predomina en las ciudades de Pittsburg y Chicago hoy en día. Cuando la acción preferida por el deseo de vivir, de amar y de comprender la vida, entonces hallaremos en mayor número de ciudades americanas ese singular encanto que sólo puede encontrar uno, en la actualidad, en ciertos viejos rincones de Nueva Orleáns”; igual proceso en los sesenta, setenta y ochenta va a suceder en Nueva York –ciudad donde a pesar de la civilización de la acción, también hay espacios para la vida imaginativa, para la vida, para el deseo de vivir, de amar y comprender la vida de manera diferente-, como va a suceder para los inmigrantes del Caribe y América Latina cuando se trasladan con sus identidades culturales, con sus imprintings culturales y sus habitus esenciales que portan sus corporalidades y sus memorias para los momentos fundamentales en la ciudad de los rascacielos, en la ciudad de los múltiples intercruzamientos identitarios, en los que se van a desenvolver las diferentes comunidades afrolatinas en el Barrio Latino, en Brooklyn, en Queens, en Harlem, escenarios sociales donde actuarán plenamente las músicas [y desde donde se forjará el advenimiento de las músicas ancestrales, tradicionales, folklóricas y populares] que creando y reventando con todos sus estertores, el alma de los afrolatinos en el mundo, por allá en los 60s (sesentas), van a despertar, en nosotros, como en muchas de las comunidades extranjeras con la música Salsa, un verdadero “goce de la vida”, lo que es exactamente el disfrute de ese “sentimiento profundo del ocio” que ésta cultura musical embarga, lo que ha significado saber “disponer del tiempo para que la imaginación recree los hechos de la vida” con música y salsa y con sus letras que son su literatura.
Con éstas
prácticas sociales como esencias fundamentales, es que se logran definir a
mujeres, hombres y a pueblos enteros en función del encuentro con su identidad,
con su memoria, con su imprinting cultural, con su música, con su literatura y
con su habla cotidiana.
Somos fragmentos de músicas, ocio y literatura.
Y sino que lo
recuerden y testimonien: los gozosos salsa-rumberos de Barranquilla,
Buenaventura, Quibdó, Cali, Medellín, Pasto, Cartagena y Bogotá -por sólo hablar
de algunos epicentros urbanos que pertenecen a la geografía de nuestra
nacionalidad-, cuando a sus oídos de entusiastas, les vuelve nuevamente ese
delirio musical que encarnan los salseros de Ricardo y Bobby, al poder volver a
escuchar sus sonidos bravos del Barrio y del Caribe, en La Zafra, El Diferente,
Agúzate, La Lluvia, Sonido Bestial, Los Fariseos, Ahora vengo yo, Richie's
Jala Jala, lo que es volver a descubrir esos mitos vivientes que nuevamente
con su arte musical remozado y desbordante, resignifican la vida cultural de la
Salsa como un universal simbólico perfectamente estructurado, como un todo
significativo, valioso, complejo, singular y profundo que alcanza con el
acontecimiento de la puesta en escena del concierto en vivo, desde Bayamón,
Puerto Rico, el pasado 22 de julio de 1999, y así poder reinventar para la vida
de la música, esa creatividad tan necesaria del barrio en la música popular como
es el tiempo bravío de la descarga, así estas obras se hayan logrado gracias a
que existieron previos ensayos antes del maravilloso concierto, pues los grandes
maestros siempre preparan el adagio de la fiesta de la improvisación, antes de
trazar sus piezas inmortales.
De todos modos, lo que logro argumentar el Concierto VIP de Ricardo y Bobby para la historia de la cultura salsera, fue retroalimentar esa capacidad de querer “seguir teniendo el deseo de vivir, de amar y de comprender la vida”, con lo más representativo de la música salsera y vital como es descargar y resembrar para la juventud esta musicalidad, transgresora y exultante, con sus letras y su música, con la misma calidad interpretativa con que sellaron en la historia, la marca salsera que siempre se les ha reclamado, a estos dos boricuas, de ser inmejorables músicos del siglo XX.
Escuchar este trabajo musical, es como volver sobre el recuerdo de muchas dichas y alegrías bailadas y gozadas en el infinito de nuestros cuerpos…porque es bailando y cantando con lo todo que es ocio y salsa, ocio y música, ocio y literatura, para poder asir en nuestra vida, el alma de la música en cada uno de sus estertores, poder tener ese ocio que traduce en nuestras esencias, en las entrañas viscelares del Barrio, todas las ganas por seguir existiendo con optimismo a pesar de las dificultades, de la exclusión y la discriminación. Poder seguir como comunidades afrolatinas, enamorados de imposibles que hablen de nuestras fragilidades y nuestros afectos, precisamente para que como pueblos aprendamos a tener “una clara visión de la vida” y así tener en un para siempre, en la memoria, con las formas y representaciones de las esencias de toda la música y la literatura posibles, porque eso es tener “un sentimiento profundo del ocio”. Eso es poder ser afrolatinos, afrolatinos y afromericanos con fundamento, y eso es conquistar el alma afrolatina del África que nos palpita con la música. Poder conquistar nuevamente toda esa “amalgama de tradiciones que se constituyen para nosotros en una memoria musical” permanente.
La Salsa y la música de Ricardo y Bobby son una memoria musical de la que estamos hechos, porque “estamos tejidos por sus letras, por sus melodías, -por sus polirrítmias-, por sus canciones”10, precisamente porque “somos también fragmentos de música[s]”11, donde confluyen los fraseos de sus obras [particulares, en este caso de las letras de las obras musicales de Ricardo y Bobby por supuesto, eso es detectable al leer la novela “Qué viva la música”] muchos de sus textos, son como “recuerdos sonoros evocados sin pensarlo, que acercados por la presencia rutinaria” de sus obras, de sus discos, y que en su momento, eran acetatos de 45 r.p.m. o de 33 r.p.m., y que en su tiempo nos educaron para la noche y para la vida hasta hacernos seres de esa cultura inmigrante, empoderados de una resistencia cultural, y que es en últimas, de lo que “estamos hechos” finalmente, como seres humanos, como ciudadanos urbanos, como seres con una memoria que está hecha con mucha música exquisita y vibrante.
La Salsa, es esencia rítmica.
Estamos hechos de sus sonoridades, estamos hechos de esas memorias, que se constituyen en “un depósito de sonoridades, en un refugio de melodías que encuentran en el corazón [–en nuestros corazones por supuesto, los corazones de las comunidades Salseras-] un lugar para el sentimiento y en el cerebro un lugar para el recuerdo”12 como hermosamente lo ha afirmado y consignado en el libro “La Salsa en Cali”, el lingüista, antropólogo, investigador y profesor de la Universidad del Valle, Alejandro Ulloa Sanmiguel13.
Estamos entonces, permeados por su arte musical. Estamos atravesados por la esencia de su música y su literatura. Estamos embriagados porque esta música que “sigue siendo específicamente, aquel género14 musical bailable que alegra el corazón cuando hay necesidad de explotarlo, de llenarlo con un poco de locura”15, es la música que ha creado con sus imaginarios, la fuerza de nuestra identidad porque “la Salsa se dirá que es un tipo de música fundada por encima de todo sobre la alegría y que es eso lo que la hace atractiva y grandiosa. Se dirá que su esencia rítmica la determina para comunicar la alegría, la felicidad y la sabrosura. Es cierto que en la Salsa todo parece girar dentro de ese contexto referencial y elemento esencial, en donde defienden lo suyo los abatares del alma”16 .
“La Salsa –afirma, Rafael Quintero, en otro aparte-, se ha convertido en un condimento insustituible para el goce que nos despierta incontrolables deseos de bailar. El gesto espiritual del ser humano, y por una elección de los organizadores del espectáculo y del negocio de la Salsa, aparece reducido a la manifestación de la alegría, como si esta música nos redujese todo hasta allí. Pero el alma que ella puede abarcar no podía ser tan pequeña, ni tan estrecha de matices y de vibraciones del corazón. Por la Salsa que hemos disfrutado ha pasado el romanticismo, la dulzura, la pasión, lo infantil, la frescura que siempre trae la libertad, la nostalgia, etc. Todo representado en el lenguaje puro y ambiguo de la música frente al gesto, sin descargarle el peso de su significación a las letras. La sonoridad de la Salsa ha delatado las pasiones y los sentimientos en la canción”17.
Los cantos liberadores de Bobby y los clímax musicales.
Sin creer pues en absolutismos ni en ligerezas, tenemos la certeza de ver, observar, oír y escuchar en la obra de Ricardo Ray y Bobby Cruz que todas estas consideraciones tanto de Alejandro y Rafael suceden complejamente en sus piezas musicales.
Hay que prestar atención con cada uno de estos argumentos recogidos en este texto de variaciones, pues ese nexo descubierto obedece a la enorme relación que hay de estos presupuestos, acerca de cada uno de los motivos y elementos que desarrolla culturalmente la música y la literatura de Ricardo y Bobby, pues son postulados perfectamente demostrables.
Nos encontramos, no frente a un pequeño tejido de supuestos teóricos y críticos sino más bien, frente a un gran número de consideraciones y escrituras que deslindan multidisciplinariamente, sobre el trabajo musical de uno de los sonidos salseros más exigentes y estructurados de todo el movimiento cultural de la Salsa.
Podíamos además, preguntarnos en torno a la obra musical de Ricardo y Bobby: quién no verbalizó, -en ese consumo masivo y como parte de esa recepción social de la Cultura Salsera, en la radio popular de la época-, desde su niño interior, ese juego infantil que en sus versos cantaba: Tín Marín Dos Quién fue, Cucará, Macará, títere fue, en el tema Tín Marín?
Quién no puso en evidencia el desgarramiento del amor juvenil y adulto cuando éste, entra en ese proceso de transición y transformación, como es el momento del desamor, o en el que aparece el desencanto que producen los aplazamientos del amor rogado, quién no cantó: Si te contarán, ese verso de boleros eternos, del ya inmortal Félix Reina o quién no vivió como propio, la historia sin final feliz de la composición Qué se rían, Señora de Joan-Manuel Serrat, o el tango salseado El día que me quieras, o el soulsalsoso de No Tín pena, con la voz de Viki Vimari y Bobby, o el hermoso tema: A mí manera de Paul Anka-Claude Fracois-Jules Revaud-Jacques Abel/Thibaut Pilles/Chysallis Standards inc./ Eddie Barclay Editions /Jeune Musique Editions, con la voz de Bobby que desnuda ese tejido idílico del amor adolescente que al interpretar estas letras, conmueve intensamente porque también ha vivido “lo trágico en la vida y la incapacidad que ella (la Salsa) parece tener para hacer manifiestos los estados del alma que allí [en esos cantos] se encierran”18, estados que la música en tiempo de bolero atiza y matiza, estados que entran en un juego de tamices de la memoria, cuando vuelven a vivirse y sentirse al escucharse, estos versos nuevamente:
“El fin/ pronto vendrá,/ realizaré/ mi última escena,/ mi vida/ un acto fue,/ que presenté/ por donde quiera,/ más no hubo/ no hubo falsedad en mí actuación,/ que yo supiera/ Mi vida/ la viví,/ a mí manera./Sí alguien/ ofendí/a la verdad/no me arrepiento/pues yo/yo que sentí amor/sentí profundos/sentimientos/ y tuve,/ tuve que expresar/ lo que mi alma/ me dijera/y al fin/ cargué mi cruz,/ a mí manera/ pues en esta vida/ hay que luchar [en este momento comienza un pequeño remix, como un bis, que canta el coro celestial, total y masivo con Ricardo cantando y haciendo el coro que acompaña a Bobby por supuesto, -al lado de las voces de Ana María Perera, Pedro Brull y Oswaldo Román-, le rompen el aliento a más de 15.000 almas puertorriqueñas, que unidas, alientan al oyente a sumarse al sensible canto] sin escuchar/ a los demás/hay que querer/también odiar/y recordar/hay que olvidar/yo así viví/y siempre fui/a mí maneraaaaa/yo tuve/ mi diversión/tuve también mil decepciones/y ahora/ahora que miro atrás/halló graciosos mis errores/pensar/que hice de todo/y que viví/mi vida entera/y no/ como los demás/sino a mí manera/[entre las bambalinas se escucha una voz que dice: ahora todos] pues en esta vida/hay que luchar/sin escuchar a los demás/hay que querer/también odiar/y recordar/hay que olvidar/ yo así viví/ y siempre fui a mí manera/yo siempre fui a mí manera”
todo un canto liberador que alcanza en sus espacios de mediación, altas temperaturas de clímax y de transferencia contemplativa. Son estos, los momentos musicales, cruciales como el de un tema, como A mí manera, donde la alta expresión literaria alcanza ciertos clímax definitivos en la interpretación, con una balada en métrica de bolero-salsero, que en el trabajo de Ricardo y Bobby, “en un piano, una voz, un sonido bestial”, se logra descubrir un alto lirismo definitivo para la música popular.
Son las partituras musicales con carne y con alma, donde el dolor de la experiencia de la vida, se encuentra con los lienzos de la pasión o en los principios de la desmesura de las realidades contradictorias, de esas juventudes duraderas e infinitas que portan las almas sibaritas, que viven en el tejido sinuoso del amor y de la vida al escuchar a Ricardo y Bobby, armonías entrelazadas en una obra mayor que traducen al castellano, luego que Simon and Garfunkel, en un concierto en el Parque Central lo habían interpretado y popularizado desde Nueva York.
Son los momentos donde en esos diminutos surcos, se escriben las pequeñas historias de la vida del Caribe urbano y rural, -como algún día, en los micrófonos de la Emisora Javeriana de Bogotá, en el programa “Caribe y Sol”, el Comunicador Social Moncho Viñas 19, el salsero dotado del Barrio Boston de Barranquilla, argumentó- “que ahí, en esas pastas de vinilo, en los viejos long-play, en esos pequeños tres minutos se quedaban consignadas, las pequeñas historias intensas del amor y de la vida”, que eran las de todos nosotros, donde precisamente se escribían las pequeñas tragedias particulares y reveladoras, que tejían en nuestro inconsciente, las proyecciones de los otros inconscientes comunes que todo ser humano posee, la pasión y la intimidad redentoras del ser.
Son partituras
musicales salvadas y grabadas, en esos surcos donde se dejan plasmadas las
esperanzas, pues son, en esos pequeños tres minutos donde sin lugar a dudas, se
abrían y se cerraban las puertas del alma, hasta que no volvieran a sonar, por
esos mismos surcos, con otras agujas o rayos láser, para los mismos
sentimientos de otros seres, con otras complejas historias de la misma e
infinita, historia del amor y de la vida.
Los ministerios yorubas y protestantes de Richie y Bobby.
Hoy, en estos tiempos de las nuevas tecnologías digitales, con la lectura del rayo láser, ese elemento mediático, es el lugar intermedio de mediación, que nos sirve para que conozcamos el trabajo musical que tienen los artistas de la Salsa, para que podamos hacer interpretar una y otra vez, que creadores musicales como Ricardo y Bobby, logren crear nuevos lugares culturales para el imaginario simbólico del mundo.
Esta música, da lugar a la creación de nuevos espacios de comunicación, verdaderos lugares post-modernos para la eterna transvaloración significante de los objetos de arte y de consumo, hipertextos que ya no son surcos porque las TICs, los han globalizado y transformado, en nuevos planos de múltiples ventanas dentro de DVDs, que también pueden ser CD-DVDs.
Del surco de los tres minutos de historia, en el acetato efímero, hoy, el Internet los ha transformado, en formato WAVE (Onda), lo que va a provocar a más usuarios a rebuscarlo, como ha sucedido con las obras musicales de Ricardo y Bobby, y en especial, con este maravilloso trabajo musical, que estará en la Internet como www.ricardoray&bobbycruz.com
Estamos de verdad, conmovidos por el retorno de estos dos vanguardistas del sonido de la Salsa, dos “dinosaurios de la música del Caribe” que fueron rechazados en un momento crucial de sus vidas por su trabajo de “evangelización”, por haber “promocionado el nuevo Ricardo…”, “un desconocido” que a través de su “Iglesia en Miami y patrocinado por Alfa y Omega inc.; Reniega y quiere desvirtuar su obra musical de su ÉPOCA DE ORO, entre 1965 y 1975, muy especialmente lo relacionado con LA POESÍA AFROCUBANA, en su repertorio más clásico, cuando fue uno de los aportes más trascendentales! A LA HISTORIA DE LA Crónica Musical del Caribe Urbano. Porque no se trata de:
“YO SOY LA SALVACIÓN” sino de: “AGUZATE QUE TE ESTÁN VELANDO” ¡¡VIVA EL SENTIMIENTO AFROCUBANO!! LA AGRESIVIDAD DEL PIANO DE RICARDO Y LA DESESPERACIÓN VOCAL DEL BOBBY NOS HACEN FALTA.!!! ¡¡QUE el “FANTASMA” DE ANDRÉS CAICEDO NOS PROTEJA DE SU SALSA EVANGELIZADORA!”, 20
son duras palabras calificadoras, de lo que debía ser una historia y una realidad musical y social. Pero, estas palabras desconocedoras tampoco pudieron detener el enjoy como la fuerza de la creatividad que estaban viviendo estos dos virtuosos, por más de veinticuatro años. Dizque “por fuera de la salsa oficial”, con más de tres despedidas y retornos publicitarios en ese lapso.
Lo que explica que jamás se habían salido, sólo que las rutas y los caminos, los habían bifurcado a ambos músicos, en un inmenso monte espiritual, con bosques interiores, donde el ser creativo que ha deandado en la religión, tiene el derecho de reescribir sus propias búsquedas, como lo hizo históricamente, el teólogo Calvino, al crear una nueva interpretación de la historia de Jesús. Historia que por demás, Ray & Cruz habían reescrito, con anterioridad desde la Afrosantería, durante una década en su obra musical como ya lo han testimoniado los trabajos especializados de Isabel Castellanos C. en una publicación que data de 1980, en el estudio: “Eleguá quiere tambo –Cosmovisión religiosa afrocubana en las canciones populares-”, la profundidad en la investigación y en el análisis cultural de Alejandro Ulloa en el capítulo 4, Primer tiempo: la Arqueología, en el trabajo “El Cancionero Afroide”, en “Las siete potencias”, en “El aporte africano: entre la plantación esclavista y el barracón azucarero”, en “Mutación y sincretismo”, en “La Arqueología: asimilación creativa”, la labor de Alfonso Nieto en el trabajo musical investigativo “La poesía Afrocubana en las Canciones de Ricardo Ray & Bobby Cruz” –profunda Etnomusicología antropológica desde la religiosidad afro- y las disertaciones de Luis Carlos Muñoz Sarmiento, en la serie La Música y la Literatura, [experiencia o caso] Andrés Caicedo y “Qué viva la Música”, cuatro audiciones-conferencia sobre “Andrés Caicedo y la Salsa”, publicado por Ediciones Semper. Trabajos que vamos a retomar en la elaboración de la variación de la Afrocubanía de la música de Ricardo y Bobby.
Sin embargo,
las palabras de Gary Domínguez sobre las músicas de evangelización, son palabras
muy sinceras, crudas y fuertes que denotan la rebelde y joven impulsividad de
un fanatismo desbordado, que hasta ese momento reclamaba consecuencia con la
obra desarrollada por ellos mismos, Ricardo y Bobby. Una gran obra musical
marcada por el profundo afrocubanismo de sus letras, que aparentemente es muy
diferente, pero, que en profundidad tiene una semejanza marcada por la
religiosidad y el proselitismo llevado a cabo cuando inauguraron el ministerio
del evangelio cristiano en La Casa del Joven o Casa de la Alabanza, desde donde
cada uno persevera en la fe, luego de recibir la preparación ministerial del
evangelista Niky Cruz. La diferencia está, entre las fronteras que trazan las
ancestrales cosmovisiones yorubas abiertas al gusto libre de los escuchas y en
los manejos del poder religioso superestructurado del establecimiento
protestante.
Las fiestas de bembé, músicas vivas.
Estas experiencias sociales de crítica muy sesgada y extremista, nos enseñan que no podemos cortar la historia de un artista de un tajo y que la historia de unas vidas siempre es compleja e irreductible, pues la vida cultural de cualquier artista, está mediada por los imprintings culturales de sus genes ancestrales dominantes, en un juego de interactividad permanente con las sociedades, con las audiencias musicales y con sus públicos como con su intimidad espiritual.
Richie Viera, el productor y animador del programa radial Salsa de la Mata a través de WSAN-FM (98.9 FM Vieques-Culebra) nos cuenta, en la Biografía de Richie Ray & Bobby Cruz, que desde el 21 de julio de 1975, hasta 1999, durante más de 24 años han grabado cerca de 50 producciones musicales cristianas, llevando el mensaje del evangelio.
Hoy, recordamos
que muchas de estas manifestaciones críticas y consecuentes, nos revelaban todo
un imprinting cultural que defendía y demandaba que estas mismas músicas
salseras, como las inventadas y tratadas por la Salsa Dura del Barrio, dejaron
impresionantes impactos sociales en nuestra vida diaria, pues habían creado
para muchos de nosotros, huellas inconscientes imborrables con sus cantos,
porque la Afrocubanía y los bembés realizados en el Sonido Bestial, en El
Abakuá, en Agallú, Babalú, Cabo E, Agayu “San Miguel”, Lo Altare lo arache,
Yenyeré, Cha chá Huele Changó, A jugar bembé, Agúzate, Baba coroco, Guaguancó
Raro, Adaza, Ae Cumayé, Iqui con iqui, Motiagua, Wakamba, Yare Changó, Bembé en
casa de pinki, son temas y momentos donde los afroritmos como la religiosidad
están vivamente unidos, y hacen parte de una transculturación que reimplantó
costumbres y fiestas a su manera, y porque en su momento histórico también
permitieron que los esclavizados pudieran divertirse y mezclarse entre las
distintas tribus y crecer como cultura y como humanidad dentro de los Cabildos
de Nación, donde se llevan a cabo dichas representaciones simbólicas
primordiales y de resistencia.
En estos cantos, como “En las canciones populares, aparecen las divinidades, las creencias y las prácticas de los principales cultos afrocubanos, toda la cosmovisión afrocubana, como productos y elementos importantísimos de la cultura híbrida, mezcla sincrética de lo africano y lo español, que en su forma y en su contenido han trascendido los límites de la isla de Cuba y a influido en la conformación de ciertas manifestaciones musicales latinoamericanas (como la “Salsa” de Richie Ray, por ejemplo) e incluso, completando el círculo, en la música contemporánea africana” argumenta Isabel Castellanos.
Estos cantos, son verdaderas fiestas de bembés, que antes renacieron en los barracones y en los cabildos porque desarrollaban en las comunidades afrocaribeñas, su instinto rítmico y musical pues era algo que llevaban muy adentro y que al ser retomadas por Ricardo y Bobby como fiestas de bembé, rehacen el sincretismo cuando componen sus cantos, les ponen igualmente a los santos africanos, los nombres de los santos católicos, o mantienen las palabras originales de los dioses africanos u [Orishas/oricha, Dios menor, ser sobre natural distinto del Dios Supremo/Olófi: el que lo sabe todo, el que lo ve todo y no desea cosa alguna…el santo más viejo y más grande, que no tiene trato con nadie, que hizo el mundo, los santos, los hombres, los animales y que delegó en Obbatalá, como su heredero sobre todo lo existente./ Los Orishas, son los santos, las divinidades, los espíritus del Bien, son el espíritu del Eleddá o guía espiritual de la persona creyente, un espíritu vivo, capaz de hacer acciones y cosas por su hijo de santo. Se le pone un Orisha o se le asienta a un hijo, sí se hace merecedor y Dios a través de la consulta o registro del Ifá de Orula o con los caracoles en el Diloggún, -estos dos, son sistemas adivinatorios que dan su consentimiento y permiso a través del Babalao/Babalawó-. Al santo se le llama y se trata con él, como sí se tratara con otra persona. Ellos, los Orishas son santos porque recibieron la bendición y el aché de Olófi. Nosotros los Afrosanteros, no hacemos los Orishas o santos, nadie puede hacer de un espíritu o de un viviente un santo; el único que hace el santo es Olófi, Dios. Los Orishas fueron como nosotros, fueron obas o reyes que ganaron u obtuvieron el aché de Olófi. Ya muertos, son espíritus que nos protegen. Ellos están más cerca de Olófi que nosotros.
Ellos saben todas las cosas de la vida y tienen poder celestial para resolver cuando quieren, -son las explicaciones que da en “Lengua de Santeros, Guiné Gongorí-”, 1956]
Una característica de Ricardo y Bobby, es que los temas llevan y mantienen en las letras yorubas, unas esencias ancestrales que traducen todos los rituales, generando los espacios permisibles entre lo sacro y lo profano, lo que irremediablemente va a posibilitar que se puedan difundir extensamente dentro de las barriadas de Cali, tanto del pueblo-pueblo, como en las clases medias y altas, estos cultos afroreligiosos mucho tiempo después.
Igual va a pasar en Buenaventura y en Barranquilla con estas manifestaciones sacras y de bembé de la Afro-santería. Los bembé son verdaderas fiestas, donde se tocaban tumbas, tambores, cajones, mesas, maderas, claves, cencerros donde se ejecutaban bailes y cantos, etc., buscando en cualquier posibilidad el ritmo y la música para poder comunicarse con los Orishas. Eran fiestas de una gran envergadura, donde los tamboreros hacían hablar a los tambores, llevando sus interpretaciones a unos ritmos muy difíciles de describir, por parte de los neófitos. Estas fiestas de bembé, son manifestaciones socioculturales yorubas que tuvieron su desarrollo artístico en el Caribe mediterráneo y trascendieron por “su fundamental influencia cultural que sobre nosotros la ejercieron a través de su religión, de imaginación, vitalidad y colorido deslumbrantes. Su panteón de deidades u Orishas no sólo no cesa de interesar a los estudiosos, sino que sigue vivo e influyente” dice Natalia Bolívar como lo corroboramos permanente no sólo en la obra trascendental de Richie y Bobby sino en muchísimas más obras literarias y musicales de la afrolatinidad.
“Es de todos sabido la alta influencia africana en esta música, -la Salsa-, que no sólo es el de un aporte rítmico-musical, sino, que también involucra de forma muy notoria y especialmente en sus letras, aspectos cosmogónicos del negro en América.(diríamos del Afroamericano) De ahí surge la idea de buscar la mayor información posible, acerca de la manifestación ritual en las muchas canciones, que en ritmo de “Salsa” se expresan por doquier” sostiene Alfonso Nieto en sus investigaciones musicales sobre las canciones de Richie & Bobby.
Retomando, estas fiestas de bembé, como músicas vivas, permitían el florecimiento de unas lenguas tribales acrisoladas y reunidas en el lenguaje dominante mayor, el yoruba, lengua donde ofrendaban con su escritura y su composición, honores a las deidades afrocaribeñas, con una resignificación cultural válida en Nueva York, en San Juan, en la Habana, en Santiago, en Dominicana, en Ponce, en Cali, en California, como en el Dahomey o en cualquier lugar del mundo cultural y religioso Afrocaribeño.
Imaginar y novelar: sobre una maravilla de Orquesta.
En Colombia, estas manifestaciones de profunda defensa de los valores socioculturales de la Salsa Afrocubana de Ricardo y Bobby tuvieron no sólo a Gary Domínguez, también a Andrés Caicedo Estela, a Rafael Quintero, a Alejandro Ulloa, a Medardo Arias y a Umberto Valverde, a Alfonso Nieto, Isabel Castellanos y a Luis Carlos Muñoz Sarmiento como sus principales mentores y críticos.
Pero, el
primero que cuajó una obra literaria monumental sobre esa Afrocubanía, que lo
va a “realizar, a través de su narrativa, de las más originales y renovadoras
dentro de la nueva literatura colombiana”, es y lo hace, es Andrés Caicedo en
“Qué viva la música!”, una hermosa y descarnada novela de 191 páginas que fue
publicada por el Instituto Colombiano de Cultura, en el mes de febrero de 1977,
en los talleres de IMPRESA LTDA. En esta escritura novelada de múltiples
historias, quedó inscrita la música como la elección afortunada para toda la
desesperación creadora de una generación marcadamente existencial que aprendió
“la música de palmoteos y saltos y chillidos que entonaron los muchachos” de las
barridas caleñas, pues aprendió que “una noche que siempre llega así, siempre
excepcional. Tal costumbre tiene que implicar locura. Por eso somos como somos”,
¿quiénes sino como sólo son los caleños, los Afropacíficos, los Afrocaribeños o
los afrolatinoamericanos salseros cuando de vivir, sentir y gozar la música se
trata?
En el caso de Mariángela, como en el de muchas mujeres de la época, les sucedió como lo hace notar la novela: “Ya te tocó tu sombra y ahora vendrá la música”, porque “yo lo que quiero es música” -decía suplicante, uno de sus tantos personajes como lo es Mariángela, -la primera siempre, la que más sabía de “músicos y canciones, en inglés” como efectivamente, lo referencia Luis Carlos Muñoz Sarmiento en uno de sus apartes, en la conferencia, “Qué viva la música: la música y demás personajes”.
Mariángela, es un personaje paralelo, gemelo, que posee una fuerza narrativa definitiva para la novela porque hace parte de la configuración de un personaje antítesis del personaje central de esa escritura pulsionada que va definir la novela junto a la importancia representativa de la música y en especial de la Salsa frente al incipiente y arrasador Rock norteño.
En la novela, podemos encontrar numerosas referencias y defensas de la obra novedosa y significativa de Ricardo Ray and Bobby Cruz. A través de su narrativa, Andrés Caicedo frente al sonido musical de Ray & Cruz, deja el testimonio no sólo de una conversación que se da entre Rubén, Salvador y Baro, el 26 de diciembre de 1969, en la ciudad de Cali, haciendo la fila antes de entrar a comprar los boletos en la Caseta Panamericana para asistir al Concierto de los dos artistas preferidos:[“Oigan esa Salsa, díganme si no es la sucursal del cielo”, “ nos vidrios” les dijeron a los muchachos de al lado, agúzense”.
“Él (Rubén) comenzaba a habitar un mundo aledaño, con otras leyes, con misteriosas causas, y se permitió cerrar los ojos un momentito más y se imaginó la orquesta, la Gran Orquesta de Ricardo Ray”
y entonces se encontraron frente a la orquesta pero separados por un mar de cabezas saltando al son de las lomas.
“Bastó esa primera visión repentina para saber que ya estaba integrado al extremo más furioso de los colores, al lado más vistoso de un mundo que recién se le desplegaba”.
“Maravilla de tener los sentidos todos aguzados, dispuestos a florecer ante un embate de trompetas. Maravilla de reconocerse en un estado de adormecimiento, de agobiante fofa espera, anterior a esta entrada, a este empalme de luces y de voces que te dicen: “Agúzate que te están velando”.
“Maravilla de sabor, abría la boca y se envolvía en sus perfumes, propios únicamente de la dicha primera y del estado más profundo de los sueños”.
“Maravilla de tumbao, de que a cada paso de miles de personas el suelo amenazara con hundirse, el techo con venirse, castigo de Dios por tanta alegría junta”.
“Maravilla de saberse muchachito Corvarán, y tieso y respondón, cuando oía cantar: “Que uno tiene que estar mosca por donde quiera” y dócil al mensaje de la rabia, con las siete potencias atrás.
“Maravilla (aunque ya no tanto) de no poder soportar la idea de estar aún tan lejos de la orquesta, cuero, ¡cuero y agita collazos! Maravilla multicolor de todas las camisas, colores encendidos por el sudor del alma, mientras avanzaba solo entre un mar de parejas…borrosos trazos de caras sedientas de aguardiente de la caña dulce, del beso robado por culpa de la descarga… alcahuetiado y luego concedido con dulzura doble, porque con esta música es que la gente se para, sambumbia, espíritus, agitados de todas las razas, la china, la india, la castellana, la gloriosa negramenta, ¿dónde está lo mío? Chorro de humo, agresión de todos los cuerpos, borrachera de tumbadora, un solo júbilo inmenso,…Lo ayudó el arroyo bueno del piano, le dio impulso y delgadez a su cuerpo y así podía escurrirse, avanzar mucho más rápido, oye que yo tengo un santo y es con Richie namá, pon cuidado que una voz siempre me dice, con la tracamanada de cueros fue avanzar en saltos, las parejas lo tomarían por un bailador loco, agitado más por la fiebre que por el ritmo”]
Si no que también testimonia en esa escritura de estos largos párrafos, una profunda literatura intimista, desgarradora, que pareciera que se persigue así misma, en medio de un gran laberinto de búsquedas y de encuentros donde sólo, la soledad de toda esa angustia creativa, da rienda suelta a una pasión incontrolable por la música, que no pasa de largo por el estrecho precipicio de los estados interiores del personaje de Rubén, del narrador y el escritor.
Nos encontramos con esas realidades simbólicas de las que hablaba Richard Rhodes, en las que sinuosamente se descubren, las máscaras de los hombres y sus estructuras profundas, donde el escritor joven, busca que todas esas cosas literarias de la vida, a pesar de que sean un enredo sin solución, por lo menos encuentren, un significado interno que devela lo que está, tras el contenido de un escrito como la novela y los fragmentos escogidos, que nos muestran el espacio de redención, en el que la escritura de Andrés Caicedo, se desdobla, en medio de un paradigma cristiano por la senda expuesta y visible del afrocubanismo de la obra musical de Richie y Bobby. [Páginas: 122, 123 y 124]
Inmersión y evocación simbólica del afrocubanismo.
En otro aparte literario, hermoso y delirante creado por Andrés, el personaje de la Siempreviva, María del Carmen Huerta, la Mona de toda la novela, elabora un intenso monólogo, que abre la pretensión autobiográfica de una escritura literaria con la música de su tiempo y de su ciudad, con un biografema que dice:
“Música que me conoces, música que me alientas, que me abanicas, o me cobijas, el pacto está sellado. Yo soy tú difusión, la que abre las puertas e instala el paso, la que transmite por los valles la noticia de tú unión y tu anormal alegría, la mensajera de los pies ligeros, la que no descansa, la de la misión terrible, recógeme en tus brazos cuando llegue la hora de las debilidades, escóndeme, encuéntrame refugio hasta que yo me recupere, tráeme ritmos nuevos para mi convalecencia, preséntame a la calle con fuerzas renovadas en una tarde de un collar de colores, y que mis aires confundan”.
En estos dos esbozos anteriores, podemos descubrir como la música, es uno de los paradigmas literarios de la vida, de unas comunidades como las de la ciudad de Cali u otras ciudades latinoamericanas, donde ellas viven intensamente la música Salsa y la de uno de los exponentes más preclaros de ella, como es la obra de Ricardo y Bobby.
Las viven en sus contextos diarios, en sus hablas, en sus recuerdos, en sus palabras, en sus paredes, en sus vestimentas, en sus traducciones de la vida como en sus construcciones imaginarias, la realidad musical, es lo evidentemente, legible como medio y como fin.
De ahí, su alcance histórico. De ahí, la inmersión del lenguaje simbólico afrocubano, en la vida de los personajes de la novela, lo que da para reconocer el sentido del tiempo, sus habitus esenciales del escucha de radio y del bailador, sus imprintings transculturales de la religiosidad afro, el contexto de vivir la fiesta y el tambor, sus observaciones fundadas, su exactitud con que escudriña en la profundidad de las vivencias de sus personajes, -así se diga que hay que tener mucha frialdad al respecto de la construcción de una escritura novelada, porque cuando uno se sienta ante la máquina, la distancia se produce naturalmente-, como lo afirma, Tracy Kidder en una conversación con Norman Sims.
En muchos otros espacios literarios de la novela, Andrés se recrea con la obra literaria y musical de Ricardo y Bobby, vamos a releerlo, porque esa es una actitud que debemos recobrar con esta escritura poética de Caicedo en “Qué viva la m