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EL BOOM DEL SON CUBANO
Por Rafael Lam
Casi todos los musicologos cubanos, especialmente
Odilio Urfe, coinciden en afirmar que el son es el exponente sonoro mas
sincrético de la identidad cultural nacional, una forma básica rítmica, vocal,
instrumental y bailable, herencia afro-española, absolutamente popular.
El origen del son es rural y por yuxtaposición urbano: la zona preponderante que
sirvió de primer asiento se estima que fueron las montanas de las orientales
localidades de Guantánamo y Baracoa. Después, en esa misma región, Manzanillo y
Santiago de Cuba, donde recibe ese toque decisivo del bajo anticipado.
Este ritmo, famoso hasta ahora, nace o se gesta en las postrimerías del siglo
XIX. Se toca en pequeños grupos (bungas) con instrumentos rudimentarios,
artesanales, humildes, propios de las clases muy pobres.
El inicio de la interpretación corre a cargo de un instrumento de cuerda, el
"tres" (de origen cubano), y un instrumento ritmatico: un taburete (silla)
criolla con un parche de cuero de chivo calentado, un guiro o guayo que se usaba
en la cocina para rayar el maíz. La maraca que consiste en una guira con
semillas dentro que se agitan.
Después vendrían otros instrumentos que, se estima, fueron aportados por La
Habana, Botija o botijuela, instrumento de viento, vasija de barro para
transportar aceite, el cual produce el sonido grave en la armonia.
También la marimbula: cajón cuadrado, cerrado, con una abertura con varios
flejes de acero que ejercen funciones rítmico-armonicas. La clave habanera, el
bongo, que es un par de cajitas de madera con parches de cuero.
El son instaura categorías nuevas dentro de un tempo general, pues cada elemento
percutido tiene una vida autónoma a base de una superposición de ritmos
sobremanera precisos. Se articulan y superponen unos con otros sin la menor
ambigüedad, tejiendo una
trama en fascinante torbellino, en perpetua agitación.
La clave y la sincopa a contratiempo no permite equivocación ni en una mínima
fracción de segundo. Notas que hay que respetar, y que son el tormento de los
músicos formados en escuelas, sin tradición oral. En suma, el son es una
orquestación muy cercana a la vida, al
hombre natural, de pueblo. Una novedad total, una rica savia desconocida hasta
entonces que lo asimila todo con su elocuencia rítmica e instrumentistica, su
mayor garantía.
Toda la música de la zona del caribe asimila esta
técnica musical que decide el futuro de la música de toda la cuenca de esa
región.
"El son es el rey del caribe", decía uno de los soneros mayores de Cuba,
Miguelito Cuni.
La estructura del son se basa en una copla o cuarteta llamada regina que culmina
en el dialogo solista-coro (herencia ancestral africana), en un obligado
estribillo.
Como todas las músicas populares de origen humilde, el son arrabalero,
irreverente, impúdico, espontáneo, lascivo, bullanguero y gozador fue
menospreciado por la burguesía, que lo creía un espejo de la vida de los pobres.
Pero, como toda música autentica, siempre termina invadiendo el salón,
necesitado de una música que sacuda el clima emocional, el ambiente, la
atmósfera natural y prístina de la música.
El son se va infiltrando en La Habana, sobre todo a inicios de siglo, junto con
los caminantes, andariegos y trotamundos trovadores que venían en oleadas
migratorias, buscando prosperidad en la ciudad. Es en la decada de 1920 cuando
se alcanza el "gran
momento" del son en la capital cubana.
En La Habana, el son marca un punto de giro decisivo, varia su discurso melódico
que era de una sencillez rudimentaria, una sinfonía elemental. En esta ciudad se
enriquece el formato instrumental, le da nombradía, variedad y aspectos
novedosos.
Como bien escribe el investigador Carlos Barbolla, "fueron los habaneros los
primeros en trasladar el pentagrama, muy acertadamente, sus conceptos
ejecutivos: certificaron definida y definitivamente dicho toque oriental".
Rodolfo Arango, en una crónica en la revista Bohemia (3 de abril de 1927),
describe la llegada del son oriental "con los brazos abiertos", infiltrándose en
el alma y el gusto de la muchedumbre. Es una dulce herejía musical, sugestivo,
sabroso. Cruza definitivamente
las fronteras y es llevado a Europa y hasta penetra en la propia casa del
fox-trot. El "golpe" de son hace arder en las venas la sangre, estimulada por la
loca lujuria que en el palpita".
Ciertamente en la Habana se vivía una etapa de "norteamericanizacion", según
escribe Alejo Carpentier. "Tal estaban las cosas, expone el musicólogo cubano,
cuando apareció y nunca se recordara bastante lo que significo su actuación. El
Sexteto Habanero, ajeno a todas las modas creadas, nos traía el son. El son de
Oriente sorpresivo, raro, poco conocido acaso muy olvidado por el hombre de la
capital, que venia a oponerse oportunamente a la ofensiva frontal del jazz".
Hacia el ano 1925, el son era dueño de la plaza de la Habana y se introduce en
las sociedades aristocráticas. Se crea en Santiago de Cuba el Trío Miguel
Matamoros, considerado Rey del son oriental. Comienza en la capital la fiebre de
los sextetos y septetos (con trompeta).
El 29 de octubre de 1925 graba el Sexteto Habanero
su primera pieza titulada "Maldita timidez", por la disquera Victor. En 1927 la
firma Columbia (en competencia con la Víctor), graba al Sexteto Occidente con
Maria teresa Vera e Ignacio Pineiro en New York.
También hicieron grabaciones con la Brunswick y la Odeon.
El son invade e inunda Estados Unidos y Europa. Alejo Carpentier lo describe: "
Solo se oye hablar del son y de la rumba en Paris. El publico bosteza cuando la
orquesta de jazz y la de tango se hacen oir, en espera de que los cubanos
"revienten" un son bien criollo. "Ha muerto el jazz! Viva el son!...".
Esto es lo que puede catalogarse como el primer Boom de la música cubana.
El ritmo del son esta indisolublemente ligado a figuras que le han enriquecido
con nuevos instrumentos, "maridado" con otros ritmos como el danzon y la rumba y
le han ofrecido una nueva lirica, conceptos melódicos y armónicos atrevidos.
Miguel Matamoros no es el creador del bolero-son, según la musicóloga Maria
Teresa Linares, pero, con su genio musical engrandeció el ritmo.
Ignacio Pineiro, llamado el poeta del son, creo inolvidables canciones y sazono
con su composición Échale salsita el ajiaco musical cubano. Fundió el son con el
guaguanco y otras variantes de la rumba.
Arsenio Rodríguez concibió un nuevo formato: el conjunto de son con la adición
de tumbadora, piano y tres o cuatro trompetas para armonizar la cuerda de viento
(sección de metales). Además le dio un toque afro con el toque de tambores de
yuka de fiestas rituales,
descendientes de congos africanos, con lo que fue gestando el son que alimento
el diablo o mambo futuro de Pérez Prado.
Hay voces decisivas como Abelardo Barroso, Benny More, Celia Cruz, Miguelito
Cuni, Roberto Faz, Antonio Machin, Panchito Riset, Compay Segundo, Pacho Alonso,
Eliades Ochoa, Ibrahin Ferrer, Pio Leyva, Raul Planas, Manuel Licea (Puntillita)
y Miguelito Valdez.
Y en la época contemporánea los clásicos Elio Reve, Juan Formell, Chucho Valdes,
Adalberto Álvarez, Juan Carlos Alfonso, José Luís Cortes (calificado como el
nuevo Arsenio Rodríguez), Isaac Delgado, Paulo FG, Lazarito Valdes, Juan Marcos
González director de Afrocuban All Stars y muchísimos mas soneros de nueva ley.
El son ha logrado un nuevo renacimiento, una explosión que puede calificarse de
"segundo Boom", después del fenómeno de la década de 1920. Pero eso es tema que
llena otro capitulo en la historia de la música cubana.
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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