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LA CUMBIA
EMPERADORA DE POCABUY
al maestro José Barros,
con mi devota admiración
La cumbia, melodioso y celestial aire musical que traemos en el alma desde mucho antes de que nacieran los aborígenes del río y que le ha deparado tantas y tantas satisfacciones dentro y fuera del territorio a la Nación, madre putativa de cientos de ritmos caribeños que a golpes se la pelean, nacida según algunos investigadores de las propias entrañas de los caribes y tainos, y según otros de las tradiciones bantúes y zulúes, como ha sido tradicional en los últimos lustros, cada año se viste de frac en el muelle de El Banco, “viejo puerto”, custodiado y vigilado por el élan vital de José Barros y por una larguísima fila de seguidores y conservando la vieja costumbre se sentará como una gran emperatriz en la tarima de las taruyas para presidir entre el desorden de los aplausos y alegrías de la gente la coronación de la mujer que mejor menea la cadera y mueve los pies al son de los ritmos de la cumbia.
La cumbia, o sus ritmos, durante siglos fue el aliciente espiritual de la indiada según se desprende de las anotaciones de cronistas y escribanos que se emboban escuchando los ritmos de los nativos y aborígenes. Lope de Orozco, gobernador Perpetuo, en 1550 envió al rey de España un informe desde la Gobernación de Santa Marta y en la que expresa: “los yndios i yndias veben y asen fiestas con una caña a manera de flauta que se meten en la boca para tañer y producir una mucica como mui trayda del ynfierno”(sic). Estos aires musicales tuvieron su mayor auge entre los chimilas, pocigueycas y pocabuyes, es decir, en territorios donde hoy se asientan las poblaciones de Guamal, Ciénaga El Banco, pero alcanzan su desarrollo con los elementos aportados por los negros de bemba colorá y por los blancos, astutos y sagaces.
La Cumbia, la madre de los aires musicales en el gran Caribe, que le ha arrancado al estro y numen de poetas y trovadores, bardos y aedas hermosos versos. Según Graciela A. de Tobón “nació en el mar / la formó el coral / y un beso de luna”. Para Mario Gareña, “no hay cadera que se esté quieta donde yo estoy / mi piel es morena como los cueros de mi tambor”, y para el autor de la Piragua “la cumbia es una princesa / del país de Pocabuy”.
Pero a pesar de los pergaminos y de los serios estudios que han realizado investigadores y lingüistas, de los ensayos que se han realizado acerca de sus orígenes, para los eruditos de la Real Academia Española, cumbia no es sino un término bastardo y espurio, “escabroso e bárbaro”, como son los miles de términos que fluyen en el cielo americano desde la llegada de los conquistadores españoles, pero no son dignos y tampoco tienen el linaje para ingresar al Diccionario de la Lengua.
Y lo más irónico, fuera de los eximios atributos y a la que le han querido endilgar inexplicablemente origen del bantú Kumbé, la cumbia que es nuestra más ilustre embajadora cultural, que ha sido aclamada y aplaudida en sitios humildes y lugares aristocráticos y en todos ellos ha dejado colgada una melodía muy agradable en el oído de la gente, a pesar de los muchos triunfos de este aire musical, cuya principal virtud y arma es una caña de millo o una gaita sanjacintera y los pulmones de acero de un buen soplador que ponga la piel de gallina a quien escucha las agudas y penetrantes melodía, sigue siendo una de nuestras tradiciones folclóricas más desprotegidas por el Estado y por autoridades encargadas de preservarla.
Pero mientras otros aires musicales luchan para no fosilizarse y quedar como anacrónicas piezas de museos, como simples recordatorios de nuestras tradiciones y añoranzas perdidas, la Cumbia como una fuente inagotable y prodigiosa de los Chimilas y Pocabuyes, como una de las más autenticas tradiciones vernáculas que posee la virtud de hacer bailar en la postura que esté a la más anciana, como también a la más joven de las mujeres del mundo, hasta cuando se quema el último pabilo de la vela y se desparrame por los pliegues de las caderas los torrentes de espermas calientes del bailador, seguirá vistiéndose de frac como lo hacho en los últimos lustros, sonando con alegría y emoción, para coronar en el palacio de las taruyas a la más bella y significativa exponente de la Cumbia en el País de Pocabuy.
Joce G. Daniels G.
escritoresbolivarenses@hotmail.com
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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