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La Música, Mensajera De La Paz
Por: Yehudi Menuhin y Miguel Angel Estrella
"Todos los hombres deben ser hermanos"
Song of Joy - 9a. Sinfonía de Beethoven (NT)
La humanidad vive en este fín del siglo XX en un período de angustia e incertidumbre. Los cambios son tan importantes y tan rápidos que a los veinte años, un joven ya dice: "El mundo no es como antes". Cuando tantas cosas cambian, es la sociedad entera la llamada a transformarse y a buscar su identidad. Esta transición se hace con frecuencia de manera dolorosa. Los creadores, sobre quienes se cristaliza la angustia y los sueños de una sociedad que debe reconstruirse, lo saben bien. Para el artista, sea músico, escritor o pintor, esta búsqueda es tan ardua que debe conjugar una gran sensibilidad con una reflexión filosófica sobre su arte, aquel arte que lo conmociona desde lo más profundo de su ser.
¿Puede el artista contentarse con "hacer carrera" o debe ser un fermento, un despertador de conciencias, un "revolucionario"? ¿Debe él seguir las normas establecidas por la sociedad o luchar para hacerlas evolucionar, cuestionarlas y correr el riesgo de convertirse en alguien fuera de lo normal? ¿Puede él salvarse solo o debe tratar de salvarse con y por los demás?. ¿Libertad personal o libertad para todos? Cada uno reacciona a su manera, fija los límites de lo aceptable y de lo inaceptable, accede o se opone. Sin embargo, la decisión es inevitable....
¿Qué representa el individuo en el seno de la sociedad? ¿Qué tanto pesa? Algunos se hacen esta pregunta desde la adolescencia. Otros logran siempre esquivarla. La experiencia prueba, en todo caso, que es posible conjugar las esperanzas de la plenitud personal con el futuro de la sociedad en la que vivimos. De nuestra parte, creemos profundamente que es posible construir algo nuevo por y gracias a la música.
La música, medio e instrumento de expresión universal, permite en efecto comulgar y compartir: la unión con los demás, con el medio y compartir la riqueza interior del ser. No se trata de una forma de expresión musical sino de varias. Cada una merece respeto - a condición, obvio, que esté inmersa en una raíz cultural real - comenzando por las más populares y más simples, ya que éstas contienen tesoros de sensibilidad y creación. Todo esto supone renunciar a figurar y a tener, lentejuelas irrisorias y efímeras.
El arte nos protege de los instintos bárbaros
Nunca será suficiente decir que el carrerismo, la carrera de siempre por más dinero y más honores, es mortífera. Aniquila lo mejor que hay en nosotros: el amor y la libertad. Con frecuencia nos olvidamos del gusto y del sentido de lo esencial. Lo esencial equivale a desprenderse de lo accesorio... El rechazo de lo comercial puede servir de protección a lo largo de la vida y en las circunstancias más difíciles. Tomar esta decisión, es decidirse por la libertad, incluyendo la libertad de escoger su esclavitud, como la de tocar incansablemente su piano o su violín, con la convicción de que en conjunto, todos seremos mejores (1).
Cada vez que estalla un conflicto en otro extremo del planeta, estamos involucrados ya que la humanidad es indivisible. Toda guerra es una guerra civil. Compartimos colectivamente las amenazas que pesan sobre el planeta, así como sus recursos. ¿Somos lo suficientemente conscientes de las responsabilidades y de los deberes que tenemos a este respecto, así como de las generaciones futuras? Ninguno de nosotros puede decirse: "He ahí a los criminales y he ahí a los sensatos. Estos son los buenos y estos los malvados". O incluso, "no soy yo, es él".
¿Se atreverá el artista a considerar que algún otro es responsables de sus notas falsas? Cada uno de nosotros debería aprender esto desde la infancia: somos responsables de nosotros mismos y de los demás. Después de siglos hemos cometido una falta capital: establecer una diferencia entre aquello que hay que proteger y de aquello que hay que protegerse. Sin embargo, deberíamos defender a nuestros enemigos, así como nos defendemos nosotros mismos, protegernos no de los extranjeros sino de nosotros, aprender a dar todo, en lugar de contentarnos con dar de aquello que tenemos de sobra.
El compartir, sigue siendo la mejor garantía de la paz. La música y las artes constituyen un antídoto contra aquello que obstaculiza la armonía entre los hombres. Hacer música no es sólo tocar y cantar, también es escuchar. Al aprender a escuchar a los demás, desde la edad más temprana, el niño descubre lo que es la tolerancia y se protege de los instintos bárbaros. La música le debe pertenecer como el aire, el agua y la leche, ya que en nuestro concepto, (la música) hace parte de los derechos humanos. Ella representa una fuerza insospechada dentro de la sociedad, capaz de mover las cosas. Abrir los espíritus a las capacidades creadoras de cada uno y liberar los talentos: he ahí el papel del artista.
Gran número de ambiciones son destructoras porque pretenden apropiarse de algo o de alguien. Esta ambición (la música) no es como la guerra, es todo lo contrario. El arte lo transforma todo, comenzando por el deseo de dominación, de explotación y de venganza que existe en todo ser humano. Tiene el poder de abolir el mal. Bach, interpretado bajo el techo de la capilla sixtina puede poner fin a las desgracias de la humanidad (2).
Para quienes piensan : "¿De qué sirve interpretar a Beethoven cuando la gente tiene hambre?", nosotros contestamos: "Cuando escuchan a Beethoven, su vida cambia y nosotros cambiamos con ellos" (3). El arte nos permite vernos.
Cada uno de nosotros es un creador. Basta con descubrir su propio talento y consagrarse a desarrollarlo. El bailarín ambiciona dominar su cuerpo. El violinista su arco. El director de orquesta (ambiciona) encontrar la relación justa entre la partitura y sus músicos. El flautista, al tomar aliento, tiene la ambición de dar vida a su intrumento. Finalmente, la interpretación depende de nosotros. La creación reside en nosotros, nos posee, así como el infinito. En este sentido, todos somos divinos. Somos constantemente creados, vueltos a crear, rehechos por una línea ininterrumpida en millones de años, lo cual nos hace a todos solidarios.
Sin embargo, no puede haber un arte auténtico que se acomode al hambre, al racismo, a las bombas y a la tortura. Con base en esta idea, y en esta clarísima verdad, nació la Asociación Música - Esperanza, hace exactamente 15 años (4). Los dos pilares que la originaron - la música y la ética - siguen sosteniendo su actividad en varios lugares del mundo, bien sea en regiones enlutadas y todavía traumatizadas por las guerras y las dictaduras como el Medio Oriente y América Latina, devastadas por catástrofes como la de Tchernobyl en Ucrania o en regiones consideradas ricas. Música - Esperanza trata de luchar contra la exclusión de unos y el aislamiento de otros, en el seno de sociedades que perdieron su solidaridad; quiere hacer que la música surja en aquellos lugares marcados por el sufrimiento.
Poner la música al servicio de las luchas contra todas las injusticias (5), es continuar con aquello que han hecho siempre los grandes músicos: Beethoven, Bach, Mozart, Moussorgski, Bartok, Liszt y otros, que dedicaron su vida a entregar generosamente lo mejor de ellos a la sociedad de su época. ¿Cómo puede un músico permanecer indiferente cuando en alguna parte del mundo, la vida o la libertad de los hombres son amenazadas?
Después de su creación Música - Esperanza estableció varios temas para intervenir: los derechos humanos - los cuales contienen el derecho a una educación musical de calidad para todos, en particular para la niñez - y la situación de los jóvenes músicos profesionales. Con los derechos de la persona, está en juego el futuro de la humanidad. Con los músicos jóvenes, está en juego el futuro de la música, es decir el futuro de la libertad humana. Mediadora fantástica entre los seres humanos, tan vieja como el mundo, tan compartida como la luz del sol, la música habla el lenguaje universal de la vida y de la muerte, del dolor, de la alegría y de la esperanza.
Mensajera de la paz, ella actúa en favor de quienes sufren, de los que no tienen salud ni derecho al trabajo, (en favor) de su dignidad humana. La música no es, no debe ser, un objeto de consumo, sino un medio para abrirse un camino hacia otros, hacia sí mismo.
El miedo tiene tantos rostros como la miseria. Miedo y misería del obrero ante la fábrica que cierra, del artista a quien quemamos sus obras o del campesino a quien despojamos de su tierra. También el miedo de unos a otros, sobretodo en las grandes ciudades donde ya nadie se habla... El miedo en el año 2000, como de toda época, de ver el fin del mundo. Sin embargo el miedo es también la esperanza de que todo es posible sí todo ha fracasado, que todo está por hacer sí todo está perdido. El miedo, en última instancia, debe justificar nuestro optimismo. Es la certeza de que de todas las preguntas angustiosas - raramente formuladas con tanta agudeza como en esta víspera del tercer milenio, gracias a los extraordinarios medios de comunicación de hoy - nacerá una creación inmensa, la obra de cada uno, y no la destrucción.
Soñamos con un mundo libre y sabemos que somos muchos los que tenemos esa esperanza. Soñamos con que la paz no sea una preparación para la guerra (6). ¿Seremos utópicos? Puede ser. ¿Idealistas? Seguramente, Pero sin ideal, sin utopía ¿qué progreso podrá lograr la humanidad?
You may say I'm a dreamer, but I'm not the only one
I hope some day you'll join us, and the world will be as one
Imagine de John Lennon (NT)
Publicado en Le Monde Diplomatique, página 32, marzo de 1998.
Traducción Orlando Lambuley Alférez, Barranquilla, abril 3 de 1999
NOTAS
(1) Leer: Miguel Angel Estrella, entrevistas con Jean Lacouture, Musique pour l'espérance, Le Seuil, Paris 1997; Yehudi Menuhin, en colaboración con Catherine Meyer, La Legende du violon, Flammarion, Paris, 1996; Yehudi Menuhin, La Lecon du maître, Buchet-Chastel, Paris, 1997.
(2) Leer " Yehudi Menuhin. La virtuosité dans la tête", Le Monde, 14 de febrero de 1995.
(3) Leer "A quoi bon jouer du Beethoven quand les gens ont faim? ", Le Monde diplomatique, junio de 1989, y "Chanter contre le silence ", Le Monde diplomatique, enero de 1998.
(4) Musique - Espérance, Cité internationale des arts, 18, rue de l'Hotel-de-Ville, 75004 Paris. Asociación con fines humanitarios fundada en 1982 por Miguel Angel Estrella, después de su salida de las cárceles uruguayas donde había estado tres años. Yehudi Menuhin, quien había encabezado el movimiento de solidaridad mundial para lograr la liberación del pianista, es iembro del comite de honor internacional de esta organización.
(5) Con motivo del quinceavo aniversario de Música - Esperanza, tiene lugar un evento de prestigio con fines humanitarios, el Concierto de la Esperanza, el 21 de marzo en la Gran Catedral de Villebon-sur-Yvette, en Essonne. Yehudi Menuhin dirige Orquesta Filarmónica de Radio Francia, con la participación destacada de Miguel Angel Estrella y Michel Petrucciani. Los artistas no reciben remuneración.
(6) Leer "Yehudi Menuhin, messager de la liberté", Le Monde, noviembre 29 de 1996.
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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