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TAMBORA DE LOBA MÚSICA TRADICIONAL MOMPOSINA
Por Guillermo Carbó Ronderos
San Martín de Loba es hoy en día una de las poblaciones con mayor fuerza en sus tradiciones. Allí son numerosos los cantadores y cantadoras, además de percusionistas y bailarines, que honran esta práctica ancestral. Muchas personas reviven cada año las Tamboras en las calles de su pueblo.
En el Caribe colombiano la música se destaca por la energía y vitalidad que se desprende de cada sonido que en ella acontece. Es como si la propia tierra vibrara en armonía con el alma apacible y festiva de sus moradores. La naturaleza circundante de mares y montañas, solemne Sierra Nevada, árida y hermosa península, montes y sabanas, riachuelos, ríos y quebradas, ciénagas, lagos, golfos, depresiones y lagunas hacen que buena parte de la música del Caribe le rinda tributo a su esplendor. La inmensa luz y el sol resplandeciente de sus días reflejan en el caribeño una sensación de alegría y bienestar que contrasta con las muchas dificultades socioeconómicas por las cuales atraviesa parte de la población de esta inmensa y rica región.
En el Brazo de Loba –vertiente del río Magdalena que con el Brazo de Mompós
conforman la isla de Mompox– se han erguido tres poblados con el mismo nombre,
‘Loba’, del gran cacique malibú: Barranco, Hatillo y San Martín. Por muchos años
las culturas chimila y malibú poblaron la parte meridional de la Depresión
Momposina, dejando un importante legado en las futuras generaciones de Loba. Por
otro lado, y en casi toda América, la influencia negra proveniente de diferentes
regiones africanas se infiltró en las costumbres de los pueblos, como savia que
nutre todo el cuerpo. Con la boga por el río Magdalena, cimarrones y esclavos
asentaron –a lo largo y ancho del curso medio y bajo de sus aguas– sonido y
movimiento que, a pesar de los años, aún hoy se escucha y reverbera. Ritmo y
danza se entrelazan con la poesía y el canto, los cuales, acompañados de
instrumentos de percusión, originan una práctica musical y dancística muy
particular, diseminada por pueblos, caseríos y veredas en el norte del
continente suramericano: el ‘baile cantao’. En toda la región de Loba, como en
numerosos otros poblados circunvecinos hacia el sur de los departamentos de
Cesar y Bolívar, el baile cantao ha tenido un representante mayor: la Tambora
–fiesta, baile y canto– de Navidad. Dice la tradición que desde la víspera del
día de Santa Catalina “... se rompen las tamboras...” para bailar y cantar con
‘Tambora corrida’ en medio de la algarabía colectiva, hasta bien entrado el
nuevo año y bien pasada la Navidad.
Desde la aparición y apogeo del ‘picó’, hace más de cincuenta años, estas
costumbres han perdido vigencia en forma dramática y el desplazamiento de la
música tradicional por nuevas tendencias, géneros o corrientes, es evidente. A
pesar de un posible declive hacia meros recuerdos de antaño, la Tambora se ha
mantenido viva y latente en el cruce de los departamentos de Magdalena, Cesar y
Bolívar, particularmente en la subregión de Loba. En parte, gracias a lo que se
viene realizando desde los años cuarenta del siglo pasado hasta nuestros días en
San Martín: la unión entre la Novena de Navidad y las tamboras decembrinas.
Allí, del 16 al 24 de diciembre, nueve calles del pueblo organizan –una a una–
la misa de gallo en la madrugada, las carrozas con motivos bíblicos durante todo
el día, los ‘cuadros vivos’ y la Novena en la noche, todo acompañado hasta el
amanecer con Tambora, la cual inicia la siguiente Novena de la calle escogida
para eso. Con cantos de Tambora en todos los cortejos –muchos de ellos dedicados
a la Virgen María, al Niño Dios y otros temas relacionados con la Iglesia,
además de aquellos que narran la cotidianidad del hombre anfibio de las riberas
del río, la naturaleza, el trabajo, juegos coreográficos, personajes míticos,
hechos patrióticos, entre otros– Iglesia y Tambora han sabido fortalecerse
mutuamente, resistiendo a la desaparición, como le ha sucedido a algunos otros
géneros musicales y dancísticos pertenecientes a la tradición oral de nuestros
pueblos. La Tambora también se manifiesta en cualquier noche de guardar Santo,
cuando la muchedumbre se congrega para celebrar la fiesta venidera. En medio del
baile, coros, tambores, palmas y cantos, no faltan chirrinchi, aguardiente, ron
o agualoja, bebidas que mantienen la garganta fresca para poder cantar durante
largas horas y al cuerpo resistente para durar varios días parrandeando. Una
pareja baila en medio del ruedo en forma pausada y cadenciosa, con
desplazamientos generalmente circulares, en una espiral eterna de flirteo. Ella
guarda una postura serena, su cuerpo erguido, con el brazo extendido sostiene
con la mano la pollera. Él, con su sombrero de ala concha ‘e jobo, la persigue
balanceándose con el tronco algo inclinado, los brazos abiertos y movimientos
libres, brincando o haciendo morisquetas, en señal de conquista.
En una noche de Tambora se bailan tamboras, berroches y guachernas. En la
tambora se interpretan diversos ritmos: tambora (también llamada tambora
golpeada o tambora-tambora), tambora alegre (también llamada tambora corrida) y
tambora redoblada. En los berroches se interpretan berroches y corridos, y en
las guachernas, guachernas y chandés, estos últimos generalmente para los
desplazamientos de la fiesta de un lugar a otro por el pueblo. En ocasiones se
mencionan otros nombres para evocar ritmos interpretados durante la Tambora
(tuna, brincao, pajarito, zambapalo, mapalé, son corrido), muchos de los cuales
sin embargo se refieren a ritmos o muy similares a los ya mencionados o
pertenecientes a otros bailes cantados de la región. De todos ellos, el ritmo de
tambora es el más popular.
En Loba existen gran cantidad de músicos (cantadores y percusionistas)
practicantes de esta música tradicional momposina. ¡Cómo olvidar a Venancia
Barriosnuevo, quien desde su Hatillo de Loba –y hoy desde el cielo– le dio a
conocer al mundo su energía y su esplendor a través de un estilo muy particular
derivado de su tradición musical y dancística, difundido además por su hija
Dilmina Muñoz –en el baile– y por Gumercindo Palencia, su hijo artístico, en el
canto, con el tema ‘La pava’ en ritmo de tambora alegre, como en muchos otros!
No obstante, San Martín de Loba es hoy en día una de las poblaciones con mayor
fuerza en sus tradiciones. Allí son numerosos los cantadores y cantadoras,
además de percusionistas y bailarines, que honran esta práctica ancestral y la
dan a conocer en toda Colombia. Muchas personas reviven cada año las Tamboras en
las calles de su pueblo: Petrona Centeno con toda su familia, sus hijas y
Alberto González (alias ‘Marquitos’) en la Calle del Mango, calle a la que le
corresponde organizar la novena del 16 de diciembre; Casildo Gil, compositor y
percusionista, quien con sus hijas cantadoras conforman un grupo de Tambora de
gran talento; Martina Camargo, hija de Cayetano Camargo, uno de los más
importantes veteranos del pueblo en materia de Tambora; la familia Ardila, los
de la Callle de Bolívar, con Regina, Eleuterio e Ismael.
Martina Camargo es tal vez una de las más reconocidas cantadoras de Tambora y
con mayor proyección que existen actualmente en nuestro país, no sólo por ser
portadora de una centenaria tradición, sino particularmente por su talento y por
su voz. Heredera de la inmensa riqueza musical de sus ancestros, su voz
–protagonista en distintas producciones discográficas de los últimos años– es
ligera y se proyecta con gran fuerza. Su canto, de aire juvenil, emerge en forma
pausada, fina y elegante. Por otro lado, la familia Ardila es toda una dinastía.
Así lo confirma el nombre de su grupo, ‘Dinastía y Folclor’, donde numerosos
miembros de esta familia, en su mayoría campesinos agricultores, participan de
diversas maneras en la consolidación de una microempresa cultural que gira en
torno a la música y las danzas de sus abuelos: cucambas, farotas, pilanderas y
tamboras. Regina, cantadora y bailadora, promueve las costumbres de su familia;
Eleuterio, artesano, construye tambores de todos los tamaños para satisfacer
demanda organológica, o curiosidades y recordatorios para turistas perdidos de
rumbo por las tierras de Loba; Ismael, con su versatilidad como improvisador y
presencia e imposición con su voz, lidera los cantos de tambora y otros ritmos,
además de ser parte activa de las pilanderas, danza que lleva practicando muchos
años.
Pero el reino de Tambora se expande más allá de Loba. Un poco al sur, por
ejemplo, nos encontramos con uno de los pueblos con mayor trayectoria musical de
toda la región, Altos del Rosario. Sus actores, cantadores, cantadoras,
percusionistas, coristas y bailarines, representan la rica e inmensa tradición
con todo el color que la caracteriza, en donde todos sus habitantes, desde sus
antepasados hasta los recién nacidos, vibran con esta música. Dagoberto Deal,
Diofelina Epalza y Rosalía Urrutia, entre muchos otros cantadores y cantadoras,
nos transportan a las Tamboras de antaño, cuya esencia está anclada en lo más
profundo del corazón de estas tierras caribeñas.
¡La Tambora de Loba está viva y resuena por toda Colombia!
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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