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SE VA EL CAIMÁN

Por: Jesús Sáez De Ibarra

 

EL HERALDO, en su primera página del 7 de febrero nos daba la noticia: “El Maestro José María Peñaranda, el autor de ‘Se va el Caimán’, célebre canción colombiana que dio la vuelta al mundo en varias versiones y ritmos, falleció el domingo, en la Clínica la Asunción de Barranquilla, víctima de una penosa enfermedad. Fue considerado el pionero de la música picante o de doble sentido en Colombia”.
Alguna vez he escrito que, como toda película, nuestra vida, nuestra biografía personal lleva cosida a sus márgenes una banda sonora. Es decir, un trasfondo de melodías y ritmos, de canciones que nos acompañan siempre como un subrayador lírico de nuestros recuerdos. Yo les tengo que confidenciar que la primera canción que abre la banda sonora de mi vida es ‘Se va el caimán’. Les contaré cómo fue.
Hay recuerdos de infancia que se nos fijan como cicatrices frescas para siempre. Yo tendría cinco años. El tiempo corría vertiginoso y aquel año las fiestas patronales de Santiago Apóstol llegaron antes a mi Bilbao. En las inmediaciones del parque, frente a la Universidad Jesuítica de Deusto, montaron, como era tradicional, las barracas. Las barracas era el nombre popular de todo aquel tinglado mágico de tiovivos y caballitos, de cervecería y casetas de tiro al blanco, de la gran rueda (la noria) y los coches de choque, del circo con elefantes, leones, tigres, trapecistas, de los payasos y los teatros ambulantes con música ruidosa. Y aquellas fiestas del 25 de agosto trajeron una canción nueva. Era un ritmo alegre, pegadizo, repetido por los mil altavoces de forma de campana vieja con un badajo tieso en la mitad omnipresentes en la feria. Todos silbaban, tarareaban aquella melodía en el verano tibio y dorado de mi Bilbao.

Se va el caimán,
se va el caimán
se va para Barranquilla,
se va el caimán,
se va el caimán

Era una racha fresca (yo entonces no lo sabía) de aire del trópico. Algo vivaz y nuevo, movido y simpático. La canción pegaba duro, prendía de alegría en las lonas más altas del circo y en los saltos de los caballitos de madera, en el vértigo que sentíamos en la noria y sobre todo en las risas de los payasos.
Los teatrillos ambulantes en su fachada tenían una elevada tarima en la que actuaban los payasos como atracción.

“Una niña patinando,
patinando se cayó
y en el suelo se le vio, ¿qué?
Que no sabía patinar”

Hay recuerdos de niño que se fijan para siempre. Estoy viendo el payaso de aquel teatro, con el micrófono en la mano poniéndole mímica a su voz. Tuvo un gesto procaz y picante. Yo tenía cinco años y fue ayer mismo. La gente mayor se reía a mi lado con un brillo picaresco en los ojos que para mí era nuevo. Sentí como que se entreabría una puerta o se descorría una cortina y yo veía algo que nunca había visto. En un momento entendí que entendía. Ya no recuerdo más. Es como conservar un metro de celuloide de una película que se ha perdido. La gente ubicuamente silbaba aquel ritmo; un aire de fiesta que inundaba el agosto bilbaino. (Años después, por toda la geografía española, el ‘Se va el caimán’ perduraría vivo, y a la ágil y pegadiza música tropical se le improvisarían letras antifranquistas. El buen gallego del Pardo vendría a ser el nuevo caimán de la canción que no se acababa de ir). Naturalmente nadie me podría haber dicho por aquellas fechas que el que terminaría por ir a Barranquilla sería yo.
Muchas veces he conjeturado sobre el por qué de la persistencia de este recuerdo nimio. ¡Tantas cosas más gruesas hemos escuchado o dicho o nos han acontecido! Barranquilla: ¿presagio? ¿destino? Preguntas sin respuestas. Barranquilla: nadie me podría decir entonces que detrás de la canción estaba una ciudad descomplicada y receptiva, liberal, conformada por apellidos allegados de todas partes del mundo y que por eso tenía la difícil sabiduría de saber convivir “cada uno en su casa y Dios en la de todos”. Unas gentes, que no sólo sabían vivir, sino también convivir.

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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