EDITORIAL

( Esta columna es un espacio reservado de opinión del editor de ésta página)

 

Bogotá, Julio 23 de 2006

 

ARTE Y CULTURA, UNA BUENA INVERSIÓN 

En las legislaciones de la mayoría de los países latinoamericanos hace apenas algunos pocos años, los  conceptos de arte y cultura no eran objeto de estudio. Al reconocer que “la cultura en sus diversas manifestaciones es fundamento de la Nacionalidad” la Constitución Política de Colombia aprobada en 1991 reconoce y valora el concepto de cultura a nivel macro.

 

La cultura impregna todas las dimensiones de la vida social de una nación. En la Conferencia Mundial de Políticas Culturales efectuada en la ciudad de México en 1982, la UNESCO emitió la siguiente definición de cultura:

“La cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

 

En Colombia, la Ley General de Cultura (Ley 397 de 1997), es el producto de varios años de estudio, discusión y sistematización de derechos y deberes relacionados con la identidad, la memoria, la creatividad y la participación de las diferentes culturas que conviven en nuestro país y que se encontraban dispersos en una gran cantidad de normas o no habían sido contempladas por el legislador. Hoy no es posible desconocer que en la base de lo económico, de lo político y de lo social, está la cultura.

 

Sin embargo, para que las políticas culturales funcionen, se precisa fundamentalmente apoyo estatal y gubernamental, que fomente e integre  las diversas formas culturales, como por ejemplo las de creación académica con la cultura tradicional popular.

 

El quehacer cultural debe ser una política de estado permanente y no estar sujeto al vaivén del gobernante de turno, no puede ser sometida a capricho politiquero que en su criterio mediocre pretende  disminuir los recursos públicos destinados al arte y la cultura a presupuestos y rubros burocráticos que a la final no contribuyen al desarrollo del país.

 

La historia demuestra que los países que procuran conseguir un desarrollo y crecimiento social, económico, político, competitivo y cultural no tienen otra alternativa que  trazar una revolución educativa, en los grados básicos, intermedios y superiores, que permita alfabetizar a la población  para alcanzar una mejor calidad de vida.

 

En Colombia, la Ley General de Cultura sigue quedando en “letra muerta”, debido fundamentalmente a la falta de recursos económicos y la pobre voluntad política estatal, pues tan solo menos del 1% del presupuesto nacional va destinado a cubrir las necesidades de este importante sector en contraste con las asignadas al ministerio de defensa.

 

Es triste y la vez penoso decirlo, pero sin inversión social ni fomento a la educación estaremos sumidos por tiempo indefinido a un conflicto social interno sin solución, a una violencia irracional, a una pérdida de valores, a una corrupción administrativa, a un caos permanente, a un círculo vicioso estúpido que nos sume en la pobreza y el atraso.

 

Seguramente, si las políticas culturales en el país dejaran de ser las cenicientas  y tuvieran prioridad, coherencia y seguimiento, el destino del país sería otro, esto significa que podríamos alcanzar logros y avances en la pacificación que es en esencia nuestro principal objetivo, aprenderíamos a tener sentido de pertenencia, a valorar nuestra propia identidad y a convivir en armonía.

 

Es sabido que el arte no produce dividendos a la clase dirigente política, ello se refleja en una carencia legislativa que regule la profesión de los artistas de la música.

La condición del Artista, se encuentra aún sin definir, no obstante, sus derechos son reconocidos conforme a reglamentación internacional.

 

Es de vital importancia que los artistas de todas las áreas tomemos conciencia de la problemática que nos compete, eso implica que debemos emprender acciones conjuntas, participar en la formulación y ejecución de las políticas culturales, velar por los recursos públicos destinados a la creación artística, exigir la financiación pública  de las artes, defender la identidad cultural y fortalecer las distintas asociaciones.

En conclusión, invertir en arte y cultura es el mejor negocio que la nación colombiana puede hacer en aras de competir en tiempos de globalización y competitividad.

 

Fuentes referenciales

Ley General de Cultura

Crear es vivir

 

Bogotá, Octubre 27 de 2005

 

 

MES DEL ARTISTA NACIONAL

 

 

Tradicionalmente cada año durante el mes de octubre se celebra en nuestro país  el “Mes del Artista Nacional”, de acuerdo con el decreto número 2425 del 29 de octubre de 1991, y el 22 del mismo mes como el día del compositor colombiano, con el propósito de resaltar y reconocer el talento y la capacidad artística de quienes por vocación y dedicación profesan el ejercicio del arte.

 

Por artista entendemos aquella persona que cultiva las distintas expresiones del arte en todas sus manifestaciones (musicales, danzarias, dramáticas, plásticas, visuales, escénicas, marciales,  audiovisuales, literarias, etc.). Ser artista implica poseer un don, una vocación, una forma de ver la vida diferente, tener sentido de pertenencia, de responsabilidad consigo y con la sociedad, es realmente un privilegio ser artista pese a las difíciles condiciones de la vida actual.

 

La música pertenece a una de las seis artes tradicionales, frente a la arquitectura, la escultura, la pintura, la literatura, y la danza, la música se considera universalmente por consenso el arte más sublime, pues es alma, expresión y sentir de los pueblos.

 

El arte de la música es uno de los medios que contribuye al desarrollo de las potencialidades del individuo, ayuda  eficazmente al logro de una firme personalidad, sensibilidad y  temperamento en su entorno natural y humano, es inherente al ser humano. Es tan influyente la música que en algunos casos nos determina la forma de vida, las costumbres, la forma de vestir, de expresarnos, de reconocernos, de comportarnos, de reconciliarnos, de actuar, etc.

 

En Colombia ser artista en tiempos de  globalización resulta cada día más apremiante, en general, el artista nacional como la mayoría de la población vive limitado ante las dificultades económicas, el poco apoyo estatal, el bajo reconocimiento, los tropiezos que afronta debido a la competitividad mundial, su angustia por alcanzar un crecimiento formativo e investigativo, la escasa promoción masiva y las irrisorias  oportunidades laborales que le garanticen una sobre vivencia digna, sometido a la demanda de la “chisga”, del “rebusque”,  y en últimas casi que obligado a cruzar fronteras en busca de mejores oportunidades. No obstante, su capacidad creativa  asombra por su versatilidad, su magia, su imaginación, su tenacidad y su estilo.

 

Pero ante la avalancha mercantilista globalizante que en su esencia persigue reducir las manifestaciones populares locales de los países en vía de desarrollo de los últimos 25 años, al igual que  la diversidad étnica, lingüística y costumbrista que distinguen a los pueblos, la uniformización, la dominación de prototipos de vida, la imposición de modelos neoliberales que conllevan hacia el empobrecimiento y extinción  de los más necesitados, no hay otra fórmula  que emprender gestiones colectivas de resistencia cultural so pena de comprometer la identidad cultural colombiana ante el mundo.

 

¿Qué es lo  que realmente genera el empobrecimiento del arte y la cultura en Colombia? Volvemos al mismo círculo vicioso de siempre, ya que la respuesta es obvia: La crisis de divulgación.

 

Si revisamos el panorama de los principales medios masivos de comunicaciones  salvo contadas excepciones, la mayoría  se inclina por una tendencia extranjerizante, es decir, no responden a unas necesidades fundamentales de nuestra sociedad.

 

No es más que observar la franja  farandulera  en los noticieros de televisión privada donde se resalta la chismografía barata de los artistas extranjeros  especialmente, en la programación abundan enlatados con tendencia hacia la  violencia y el romanticismo erótico, pues la consigna aquí es “Lo de afuera es mejor que lo nuestro”, “el lucro económico es prioritario por encima del interés nacional”, “el look y la pinta primero que la verdadera información”, los contenidos temáticos de fondo se excluyen, en fin, es la mediocridad rampante.

 

Por fortuna, los canales regionales y la señal Colombia nos libran de tanta telebobería, Realitymanía y chismografía que en nada contribuyen a la formación de buenas costumbres en la población colombiana.

 

La radio comercial sin criterio ético ni estético cae en el facilismo de promocionar tendencias de otras latitudes manipulando a la audiencia, aculturizando y alienando, olvidando el compromiso que tiene con la comunidad por ser un medio tan influyente.

Se olvida  de promover las manifestaciones locales, por aquello del no “rating”, inculcando programación “basura” sin tener en cuenta valores éticos, estéticos y morales, finalmente el libertinaje publicitario no tiene control.

 

Entre tanto la gran prensa escrita capitalina despliega páginas llenas de rock y pop internacional y escasamente se observa alguna nota con respecto a los verdaderos cultores de nuestras expresiones artísticas.

 

Esto ocurre porque nos falta sentido de pertenencia, de amor a la patria, de no creer en lo nuestro, de sensibilidad ante la realidad, de no ponernos la camiseta amarilla, azul y roja.

 

La historia es sabia, si no conocemos nuestro pasado difícilmente nos proyectaremos hacia el futuro, no podemos querer ni amar nuestras tradiciones si no las conocemos, si no las promocionamos, si no las practicamos. Seguramente cuando a la vuelta de cinco o diez años decidamos volcar los ojos de lo que pasó entonces será tarde, el daño será irreparable, todo estará consumado, nuestras expresiones típicas serán un simple recuerdo del ayer, una  memoria  que el tiempo se encargará de borrar para siempre, todo el legado ancestral heredado se convertirá en un simple hecho histórico, y entonces perderemos el rumbo, nuestra  sociedad no tendrá norte alguno hacia donde dirigirse, seremos simples ovejas de rebaño.

 

Nuestra sociedad siempre ha sido abierta cuando se trata de asimilar modas foráneas y el asunto de fondo y preocupante es que todo este andamiaje comercial internacional gradualmente termina por opacar nuestras manifestaciones locales.

 

Desconcierta observar las estadísticas en cuanto al número de presentaciones de artistas extranjeros que durante el mes de octubre del año anterior se llevaron a cabo en todo el país. La invasión musical foránea fue tan notoria que Bogotá por ejemplo parecía capital mundial  de espectáculos masivos donde las estrellas eran roqueros, merengueros, raperos, rancheras, baladistas, salseros, etc. mientras los teloneros o segundones eran a duras penas bandas o agrupaciones nacionales.  ¿No debería llamarse esto el mes del artista internacional?

 

Ante semejante situación, uno se preguntaría  dónde están los entes de control y organismos del estado que regulen las normas de equidad y participación del artista colombiano con respecto a la  extranjera.

 

¿Acaso hay campañas por parte del ministerio de Comunicaciones  que obliguen a las emisoras radiales a difundir música nacional  mínimo una hora diaria como lo indica la ley?

 

¿Se preocupan los mismos artistas nacionales por lanzar una voz de protesta ante la discriminación publicitaria?

 

¿Por qué el estado colombiano no hace del arte y la cultura una política de interés nacional como una forma de contribuir al verdadero desarrollo integral de todos los compatriotas?

 

Hoy lo que vemos es la proliferación de artistas de laboratorio artificial, contaminados, maquillados, fabricados como un producto netamente comercial, donde la presencia física predomina por encima del talento, una muestra fehaciente de que el interés económico prevalece sobre el arte en sí.

En otros tiempos surgían artistas innatos, naturales, verdaderos embajadores culturales del país, quienes paradójicamente en su mayoría atraviesan condiciones agónicas.

 

En los últimos años se ha abierto espacios formativos en el país para el estudio del arte, la tecnificación y capacitación pero seguimos teniendo limitaciones por aquello de la capacidad adquisitiva y la pobreza. Definitivamente el estudio del arte debe ser masificado como una forma de contribuir al apaciguamiento del conflicto social colombiano, seguramente los niños y jóvenes que tengan espacios para las prácticas sonoras regionales desarrollarán todas sus potencialidades, se sensibilizarán por ver una patria con futuro, se compenetrarán y serán personas de bien para la sociedad, pero de seguir pensando que el arte y la cultura son simplemente una costura estaremos inmersos en un eterno caos de nunca salir adelante.

 

Pero más allá de que el mes de octubre se tome como referencia para destacar el talento artístico nacional, sería conveniente hacernos una reflexión:

¿El Dios de los cielos hizo el arte de la creación, entonces si todos los seres humanos somos en potencia artistas en diferentes disciplinas, porqué no hacemos con el arte una obra maestra como lo es el arte del BUEN VIVIR?

 

Así por ejemplo, los políticos deben ejercer el arte del buen gobernar, los maestros y padres de familia están obligados a inculcar valores, es decir, el arte de educar a las nuevas generaciones, los comunicadores sociales deben propender por el arte del bien informar, las autoridades deben velar por el arte del saber aplicar las leyes, los habitantes de este planeta estamos comprometidos a regirnos por el arte de la cultura ciudadana y los artistas debemos hacer de esta profesión la búsqueda del arte de la felicidad, al fin y al cabo de artistas, poetas y locos todos tenemos un poco.

 

Bogotá, marzo 17 de 2005

 

VIVA LA CUMBIA

Abajo el reggaeton

 

Amigas y amigos, con esta expresión no pretendo discriminar ni mucho menos irrespetar ningún género o aire musical alguno, solo quiero manifestar mi inconformidad por el hecho de que en Colombia las músicas de tradición oral y las prácticas sonoras populares atraviesan una CRISIS DE DIVULGACIÓN,  lo que nos conlleva  a nombre propio (quien les escribe estas líneas) y miles de compatriotas (recojo opiniones de un sin número),  a lanzar una voz de protesta en forma respetuosa con el fin de obtener eco y apoyo en la verdadera difusión de la música popular colombiana.

 

Colombia es un país rico en diversidad cultural, cuna de grandes compositores e intérpretes, con una gama y potencial artístico que cualquier país del mundo envidiaría, donde se cultivan géneros musicales de amplia variedad.

 

Les recordamos que el próximo lunes festivo 21 de marzo del presente año,  estaremos celebrando en nuestro país   el DÍA NACIONAL DE LA MÚSICA COLOMBIANA, consagración impulsada por doña Doris Morera, directora de la Fundación Musical de Colombia con sede  en Ibagué, por coincidir con un aniversario más del fallecimiento del maestro Darío  Garzón.

 

Pues bien, nuevamente les hacemos una cordial invitación  especialmente  a la mayoría de comunicadores sociales, maestros de escuelas, productores musicales, casas disqueras,  ministerios de Educación, Cultura, comunicaciones  y demás comprometidos con el arte musical,  para que todos conjuntamente realicemos campañas de difusión y cultivo de nuestras tradiciones so pena de comprometer nuestra identidad cultural colombiana ante el mundo.

 

Muchos colombianos (círculo de artistas especialmente) nos preguntamos porqué la música popular Nacional se encuentra en estado de abandono, postrada en un sitial bajo, sin apoyo decisivo estatal, de la empresa privada, de los grandes medios radiales y televisivos, de las disqueras, de la gran prensa escrita y otros entes publicitarios. Esto nos lleva a formularnos algunos interrogantes:

  

  1. ¿Será acaso que a los colombianos no nos gusta nuestra propia música?

  2. ¿O más bien será que como la mayoría de medios radiales y televisivos no la difunden porque no produce “rating” y en consecuencia no es “comercial”?

  3. ¿Tal vez será que nuestra estigmatizada música popular colombiana  solo las escuchan gentes de clases sociales bajas, o la población adulta, o es música arrabalera, pasada de moda, con temáticas campesinas o rurales, monótona y solo para parroquianos?

  4. ¿Quizá repercutan las doctrinas neoliberales y las políticas de globalización que persiguen reducir las expresiones culturales en los pueblos latinoamericanos de los últimos 25 años?

  5. ¿Será que las músicas populares colombianas entraron en la era de la “industrialización del arte”?

  6. ¿Será que la verdadera música colombiana es la que triunfa internacionalmente desde el jet set farandulero  de Miami, Los Ángeles y Nueva York?

Muchos colombianos estamos convencidos de algo:

 

SI LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS DIFUNDEN LA MÚSICA POPULAR COLOMBIANA, SEGURAMENTE TENDREMOS MÁS SENTIDO DE PERTENECIA CON NUESTRA PATRIA, NOS BENEFICIAREMOS  MUCHOS CULTORES DEL ARTE MUSICAL Y SOBRE TODO,  EXPORTAREMOS AL MUNDO UNA IMAGEN LIMPIA Y FRESCA DE NUESTRA CULTURA.

 

De seguir así y no dar un timonazo y replanteamiento de políticas culturales, seguramente a la vuelta de diez o quince años cualquier delegación cultural colombiana que nos represente en el exterior ya  no llevará ruana, carriel, alpargatas, ponchos, mochilas, abarcas tres puntás, sombrero vueltiao, tiples, bandolas, cuatros, maracas, gaitas, tambores, marimbas, cununos y demás atuendos e instrumentos  típicos de nuestro país sino “gafas oscuras”,”aretes”, “botas texanas”, “piercing”, “tatuajes”, guitarras eléctricas, “hard rock”, “ska”, “trance”,  “regueton”, etc.

 

La música popular colombiana hace parte de nuestra identidad nacional,  es un patrimonio que no podemos dejar acabar por nefastas políticas  foráneas que pretenden inculcarnos un discurso falso, light, rosa, payolero, gomelo, de  noticias “gallegas”, farándula maquillada, doblajes, montajes y un afán mercantilista, simplista y mediocre.

 

Con ese pensamiento seguimos atrasados, copiando todo aquello que provenga de afuera sin criterio ético, estético, moral, sino simplemente por estar en la moda “in”, no midiendo las consecuencias que deja el fin lucrativo por el lineamiento y la pérdida de valores que en muchos casos deja en la juventud colombiana.

 

Y cómo es posible que la sección cultural algunos noticieros de televisión se ocupen de promocionar artistas de afuera sin valorar lo que pasa en nuestro mercado interno.

 

Que tristeza nos da a muchos colombianos escuchar noticias de farándula que a diario se transmiten como si a los colombianos nos importara más la vida personal de “Paulina Rubio” o de “Ricky Martin”, que el estado de salud del maestro José Barros o las condiciones sociales y laborales de los músicos nacionales por ejemplo.

 

Cuan equivocadas están nuestras lindas “pechugonas”  promocionando artistas extranjeros primero que los nuestros, es una forma de incrementar el desempleo, de pisotear nuestra dignidad, de menos preciar lo que somos.

 

De lejos, el canal regional TELECARIBE se perfila como el mejor transmisor de eventos artísticos y culturales en el país, seguido por TELEANTIOQUIA Y TELEPACÍFICO que le apuestan en sus espacios por un país mejor.

 

Seguimos añorando aquella SEÑAL COLOMBIA  de contenidos educativos y culturales que nos ayudaba a reconocernos como nación.  Cuánto daríamos por volver a ver programas como “Yurupari”, “Noches de Colombia”,  “Tierra colombiana”, “Espectaculares JES”, “Maestros”, “Aluna” “El Show de Yimmy”, el mismo “Show de las Estrellas pero en vivo” y otros,  en los cuales aprendíamos al menos un poco sobre nuestras costumbres y sobre nuestros artistas.

 

Da vergüenza observar que la gran televisión Nacional nos invade con “Telebovelas y Realitys”, sin darnos la oportunidad de observar al menos un programa musical serio donde se represente las distintas facetas del pentagrama  Nacional tradicional o moderno.

 

En Colombia debería haber una legislación que por lo menos obligue a las emisoras a promocionar así sea una hora diaria la música popular colombiana de todas las regiones, sin contraprestación comercial alguna, como una forma de afianzar nuestro sentido patrio, así como se obliga a transmitir el himno Nacional.

 

En vez de “pataditas y agüitas” con temáticas “lloronas” y “doblajes” de solo “Balanatos y rancheras”, a muchísimos colombianos nos  gustaría que la televisión Nacional y privada transmitiera conciertos y festivales “en vivo y en directo”, documentales relacionados con nuestra idiosincrasia, nuestro entorno y nuestra identidad, programas que instruyan.

 

Y la gran prensa escrita capitalina así como promociona en una página entera los viernes la farándula roquera, pues también debería impulsar el talento nacional para que se beneficien músicos, compositores, arreglistas, casas y sellos disqueros, empresarios, orquestas, tríos, conjuntos, la industria turística y todos aquellos que pertenecemos al mundo del arte.

 

La única salida para que podamos salir adelante musicalmente en el contexto local e internacional es creer en lo nuestro, no importa si estas músicas provengan o no de estratos bajos, campesinos, indígenas, afrodescendientes, mulatas, populares,  etc. al fin y al cabo, es un reflejo de lo que somos.

 

Es una lástima ver que la nueva generación de jóvenes colombianos no tiene casi la oportunidad de conocer música de su país, por la sencilla razón de que como no se difunde entonces está “out”, en muchas ocasiones, la mayoría de  muchachos no  tienen la culpa de no conocer obras clásicas del repertorio criollo como “La pollera colorá”, “Pueblito viejo”, “Espumas”, “El camino de la vida”, “El testamento”, “María varilla”, “Colombia tierra querida”, “San Fernando”, “La piragua”, etc. Pero en cambio e irónico, se saben la última moda del “hit parade” norteamericano y europeo.

 

En Colombia  asimilamos, nos enriquecemos y nos gustan  muchas expresiones musicales de otras latitudes como la música clásica o erudita, el jazz, el rock, la salsa, rancheras, boleros, baladas,  el merengue, rap, la samba, el bossa nova y el mismo reguetón que seguramente tendrá su “tumbao sabroso” etc, pero tampoco podemos pensar que son mejores que las nuestras y de mayor importancia.

 

No obstante,  en medio de esta crisis, todavía vemos pujanza y creatividad de miles de compatriotas a lo largo y ancho de la geografía nacional que organizan festivales y concursos como una forma de preservar tradiciones y legados culturales.

 

Afortunadamente todavía podemos tener la oportunidad de escuchar, bailar y disfrutar de una gaita en Ovejas (Sucre),  una danza en Ginebra (Valle), un bullerengue en Necoclí (Antioquia), una parranda vallenata en la plaza Alfonso López en  Valledupar, un currulao en Guapi(Cauca), un abozao en Quibdó, un joropo recio en Villavicencio, una noche de cumbia y tambó en la plaza de la Paz en Barranquilla, un rajaleña en Neiva, un bambuco montañero en Medellín, un bambuco fiestero en Ibagué, una guabina en Vélez (Santander), un Calypso en San Andrés, una tambora en Tamalameque (Cesar), un pasillo en Aguadas (Caldas), una chalupa en Santa Lucía (Atlántico), un chandé en Talaigua Viejo (Bolívar), un mapalé en Cartagena, un porro en San Pelayo (Córdoba), un torbellino en Chiquinquirá (Boyacá), un paseo vallenato en Fonseca (Guajira), y cualquier cantidad de música popular y tradicional colombiana en la media torta de Bogotá, por solo enumerar algunos lugares donde podemos tener el privilegio de encontrar músicas urbanas y rurales.

 

Estas manifestaciones culturales se les denominan de distintas formas y vienen presentando transformaciones sustanciales en los últimos años debido a los procesos y cambios sociales.

En muchas partes del país se les llaman “Músicas folclóricas”, “Músicas locales”, “Músicas regionales”, “Músicas tradicionales”, hasta concluir con “Músicas Nacionales” y genéricamente “Músicas populares”. Ellas se convierten en un complejo sistema o circuito articulado de arraigo aborigen, afroide, hispano, Caribe, y multiétnico.

 

De la Costa Caribe tenemos entre otros las siguientes formas  musicales:

La cumbia, la puya, la gaita, el merengue, el porro canteado, el son corrido, parrandín,  las décimas,  los bailes cantados  (Lumbalú, bullerengue, chalupa, tambora, chandé,  berroche, guacherna, zambapalo, pajarito, fandango en lengua), mapalé, garabato, jorikamba, son de negro, congo, tuna, son de farotas, pilandera, chicote, pilón, maestranza,  seré-sé-sé, chichamaya, letanías, etc.

 

Cantares del campo (arreo, vaquería, zafra y grito de monte),  etc.

En el ámbito popular encontramos el género vallenato (paseo, son, merengue y puya).

A nivel popular urbano está el merecumbé, el tuqui tuqui, el pasebol, el jalaito, el mece mece, el chiqui-cha, el tumbasón, el patacumbia, el afro,  el porro palitiao y tapado, el cumbión, el paseaíto, el  son palenque, el son de sexteto palenquero, la champeta, la  terapia,  etc.

 

 

De la zona Insular (San Andrés y Providencia) tenemos el mento, calipso, reggae, minue, quadrille, waltz, contra danza, mazurca, galop, schottish, top dance, juba, socca, compás, etc.

 

La Costa Pacífica se divide en norte y sur.

Del pacífico norte (Chocó) encontramos aires como el abozao, jota, porro chocoano, levanta polvo, makerulle, danza, contradanza, mazurca, polka, pisón,  pasillo chocoano, bambazú, saporrondó, tamborito chocoano, anderele,  etc., interpretados en formato “Chirimía”.

 

Del pacífico sur tenemos toques  como el Bambuco viejo, el currulao, la bámbara negra, el aguabajo, patacoré, berejú, pregón, bunde,  chigualo, gualí, alabao, pango, juga, caramba, arrullo, loas, villancico, romance,   salves, caderona, canciones de boga, etc., interpretados por el conjunto de marimba.

 

 

En  la región Andina contamos con aires como el Bambuco, el torbellino, la guabina, el pasillo, el vals criollo, rajaleña, sanjuanero, bunde, caña, vueltas antioqueñas, danza, música guasca y de carrilera, etc.

 

En los Llanos Orientales se cultivan aires como el Joropo, galerón, zumba-que zumba, pasaje, tonada, golpe, seis por derecho, seis por numeración, seis corrido, carnaval, San Rafael, copla, romance, tonos de velorio, quirpa, periquera, pajarillo, chipola, gaván, guacharaca, reconcilio, quitapesares,  perro de agua, etc.

 

En la Región Amazónica se cultiva música aborigen, cantos y toque rituales, mágicos relacionados con la madre  naturaleza. En Leticia por ser una ciudad fronteriza con el hermano país del Brazil se asimilan los aires de Carimbó, Forró, Samba callejera y Samba cancao.

 

¿Entonces, si tenemos todo ese acervo y bagaje musical, nos preguntamos porqué carajos nos quieren imponer modas foráneas si somos considerados en el contexto internacional como uno de los países más rico en diversidad cultural?

 

 

Bogotá, marzo 16 de 2004

 

 

DÍA NACIONAL DE LA MÚSICA COLOMBIANA

 

 

Les recordamos que el próximo domingo 21 de marzo del presente año,  se celebra el DÍA NACIONAL DE LA MÚSICA COLOMBIANA, por coincidir con un aniversario más del fallecimiento del maestro Darío  Garzón.

 

Colombia es un país rico en diversidad cultural, cuna de grandes compositores e intérpretes, con una gama y potencial artístico que cualquier país del mundo envidiaría, donde se cultivan géneros musicales de amplia variedad.

 

Así por ejemplo, existe en el país un cancionero infinito de melodías que nos llegan al alma, músicas tradicionales y populares resultantes de años de confluencia triétnica.

 

De la Costa Caribe tenemos entre otros los siguientes ritmos musicales:

La cumbia, la puya, la gaita, el merengue, el porro canteado, el son corrido, parrandín,  las décimas,  los bailes cantados  (Lumbalú, bullerengue, chalupa, tambora, chandé,  berroche, guacherna, zambapalo, pajarito, fandango en lengua), mapalé, garabato, jorikamba, son de negro, congo, tuna, son de farotas, pilandera, pilón, maestranza,  seré-sé-sé, chichamaya, letanías, etc.

 

Cantares del campo (arreo, vaquería, zafra y grito de monte),  etc.

En el ámbito popular encontramos el género vallenato (paseo, son, merengue y puya).

 

A nivel popular está el merecumbé, el tuqui tuqui, pasebol, el jalaito, el mece mece, chiqui-cha, tumbasón, patacumbia, afro,  el porro palitiao y tapado, cumbión, paseaíto, son palenque, son de sexteto palenquero, champeta, terapia,  etc.

 

De la zona Insular (San Andrés y Providencia) tenemos el mento, calipso, reggae, minue, quadrille, waltz, mazurca, galop, schottish, top dance, juba, socca, compás, etc.

 

La Costa Pacífica se divide en norte y sur.

Del pacífico norte (Chocó) encontramos aires como el abozao, jota, porro chocoano, levanta polvo, makerulle, danza, contradanza, mazurca, polka, pisón,  pasillo chocoano, bambazú, saporrondó, tamborito chocoano, anderele,  etc., interpretados en formato “Chirimía”.

 

Del pacífico sur tenemos ritmos como el Bambuco viejo, el currulao, la bámbara negra, el aguabajo, patacoré, berejú, pregón, bunde,  chigualo, gualí, alabao, pango, juga, caramba, arrullo, loas, villancico, romance,   salves, caderona, canciones de boga, etc., interpretados por el conjunto de marimba.

 

En  la región Andina contamos con aires como el Bambuco, el torbellino, la guabina, el pasillo, el vals criollo, rajaleña, sanjuanero, bunde, caña, vueltas antioqueñas, danza, música guasca y de carrilera,

 

En los Llanos Orientales se cultivan aires como el Joropo, galerón, zumba-que zumba, pasaje, tonada, golpe, seis por derecho, seis por numeración, seis corrido, carnaval, San Rafael, copla, romance, tonos de velorio, quirpa, periquera, pajarillo, chapola, gaván, guacharaca, perro de agua, etc.

 

En la Región Amazónica se cultiva música aborigen, cantos y toque rituales, mágicos relacionados con la madre  naturaleza.

 

Con todo este bagaje musical, no hay excusa alguna para decir que no tenemos nada que escuchar en nuestro territorio.  Respetuosamente le sugerimos a  algunos medios de comunicación, que hacer patria es impulsar nuestra cultura, que no nos de pena escuchar un legado que nos dejaron nuestros antepasados,  que esta música hace parte de nuestra identidad nacional,  es un patrimonio que no podemos dejar acabar por políticas nefastas foráneas que pretenden inculcarnos un discurso falso, light, rosa, payolero, noticias “gallegas”, farándula maquillada, doblajes, montajes y un afán mercantilista, simplista y mediocre.

 

 Cómo es posible que en  la televisión colombiana sólo tengamos la oportunidad de ver programas musicales “doblados” y de temáticas “lloronas”, concursos de “Regueton” y otros inventos modernos comerciales por encima de divulgar la diversidad cultural que tenemos, dizque por que no representa “rating”.

 

 Con ese pensamiento seguimos atrasados, copiando todo aquello que provenga de afuera sin criterio ético, estético, moral, sino simplemente por estar en la moda “in”, no midiendo las consecuencias que deja el fin lucrativo por el lineamiento y la pérdida de valores que deja en la juventud colombiana.

 

Y cómo es posible que la sección cultural de los noticieros de televisión se ocupe de promocionar artistas de afuera sin valorar lo que pasa en nuestro mercado interno.

 

Cuan equivocados están, promocionando artistas extranjeros primero que los nuestros es una forma de incrementar el desempleo, de pisotear nuestra dignidad, de menos preciar lo que somos.

 

La única salida para que podamos salir adelante musicalmente en el contexto local e internacional es creer en lo nuestro, no importa si estas músicas provengan o no de estratos bajos, campesinos, indígenas, afrodescendientes, mulatas, etc. al fin y al cabo, es un reflejo de lo que somos.

 

La música popular colombiana es un patrimonio que nos pertenece a todos, y por eso cada compatriota debe comprometerse a escuchar y querer cualquier expresión sonora de nuestra geografía.

No es posible que en la mayoría de colegios a los niños se les imparta educación musical extranjera sin antes conocer algo de su cultura.

 

Desde luego que vivimos en un mundo globalizado donde gracias a los adelantos tecnológicos podemos tener al alcance de cualquier material sonoro,  y si bien nos gustan, asimilamos y nos enriquecemos de expresiones musicales de otras latitudes como la música clásica o erudita, el jazz, el rock, la salsa, rancheras, boleros, baladas,  el merengue, la samba, el bossa nova, etc, tampoco podemos pensar que son mejores que las nuestras y de mayor importancia.

 

De manera que a partir de este domingo y todos los días vamos a aprender un nuevo ejercicio. Así como todos los días se escucha el himno Nacional a las 6 de la mañana y de la tarde, también vamos a comprometernos a escuchar música de José Barros, de Garzón y Collazos, de Lucho Bermúdez, de Leonor González Mina, de Pacho Galán, de Toto la Momposina, de Luis Ariel Rey, de Arnulfo Briceño, de José A. Morales, de Rafael Escalona, de Jaime R. Echavarria, de Álvaro Dalmar, Francisco Cristancho, de la Cumbia Soledeña, de Jorge Villamil, de Alejo Durán, Héctor Ochoa, Miguel Angel Martín, Petronio Álvarez, Silva y Villalba, de Batata, y un sin número más de compositores e interpretes del pentagrama Nacional.

 

Que el mundo entero sepa que la Colombia musical no es sólo Shakira, Carlos Vives, Kike Santander, Estefano, Juanes, Cabas, Cepeda, Edy Martínez, Justo Almario, Héctor Martignon, Grupo Niche, Guayacán, Grupo Gale  y otros, sino que también hay en este país un batallón de talentos que no tienen oportunidades de mostrar sus obras por falta de recursos o de apoyo publicitario, que creemos por convicción que nuestra cultura musical también merece respeto y valor.

 

 

 Manuel Antonio Rodríguez A.

 Bogotá, enero 30 de 2004

 

 RECUERDOS DEL REY DEL TAMBOR

 

 

Queridos amigas y amigos.

 

Discúlpenme si soy persistente pero todavía no logro reponerme del dolor y la pena que me embarga por la desaparición del gran maestro Paulino Salgado (Batata) a quien consideré mi maestro y si me lo permiten deseo compartir con ustedes algunos recuerdos de su vida.

 

Lo conocí aquí en Bogotá a comienzos de los años noventas cuando frecuentaba el Café Winsord donde se reunían los músicos especialmente en un sitio que le decían “La Huevera”, allí se le veía en compañía de músicos y su amigo especial Avelino, un guitarrista chocoano.

 

Luego con las grabaciones de Totó se dio a conocer más y con las giras del Ballet de Sonia Osorio. Pero en los últimos tres años fue cuando tuve más contacto directo con él. Siempre sencillo, humilde y honesto, nunca le conocí afán por el dinero, su felicidad estaba en el tambor y sus “traguitos”, se refugiaba en los pocos amigos para huirle a la soledad, lloraba como un niño cuando recordaba a su padre, era un hombre de pocas palabras.

 

Solía frecuentar mi apartamento, al final nos convertimos en padre e hijo e hijo y padre, yo lo regañaba porque le insistía en que dejara de fumar y tomar trago, campaña que varios de sus discípulos nos empeñamos, él entre tanto me explicaba los golpes del tambor y su sabiduría y secretos de la música tradicional.

 

Generalmente venía por las mañanas de Sopó en transmilenio y visitaba aquí en Bogotá a Cleo Pitalúa, a Esperanza Perea, Amed Torres su alumno más directo, a Gustavo Angulo y me llegaba de sorpresa a mi apartamento o me llamaba y me dejaba razones en el contestador.

 Siempre lo atendí como todo un personaje, le gustaba ver mi colección de videos musicales y escuchar música costeña vieja de colección, al igual que me hacía colocarle su música, o sea el disco Radio Bakongo, el cual tuve el privilegio de tenerlo, porque sólo le regalaron dos a él. Uno me lo vendió a mi y otro a Amed, se ponía contento y cantaba sus canciones, no faltaba su famosa frase “saca, saca” refiriéndose a sacar un trago.

 

 Tenía a sus 76 años de edad una lucidez envidiable, recordaba sus tiempos en Palenque junto a sus padres, luego cuando vivió en Barranquilla y Valledupar, me comentaba sobre los músicos de la costa con quienes tocaba, en fin Batatín como le decíamos cariñosamente fue una figura nacional y mundial.

 

 Me decía que en ciertas ocasiones cuando viajaba a Europa le ponían limosina y guardaespaldas por tratarse de un artista de fama mundial, y paradójicamente aquí en su tierra no era profeta. Recuerdo que hace algunos meses le dije por mamar gallo “Batatín cuidado que no, me vas a volver a hablar más cuando te lleguen los euros por las regalías de tu disco que está pegado en Europa y te vuelvas famoso”, y me contestó: “No mano yo no sigvo pa eso, tu eres mi sangre”.

 

 Que me perdonen algunos músicos de la capital, pero varias veces me comentó que en el restaurante “Muelle Mackencie” donde frecuentaba los fines de semana algunos se burlaban de él y le decían que ya no tocaba nada, y que me perdonen también algunos músicos gaiteros que le hacían mala cara porque dizque no tenía el feeling para la gaita.

 

Cuan ignorantes, les aseguro que Batata no tenía competencia en el tambor, era el rey del bullerengue,  la chalupa y la cumbia negra que tocaba a su particular estilo. El mundo llora la muerte de Paulino porque dejó un legado musical para las nuevas generaciones, gracias a él todavía nos quedó un recuerdo de la música tradicional afrocaribe.

 

Grabó para un documental de 40 años de música costeña en Barranquilla y con el maestro Palma, con Totó la Momposina con quien en los últimos años tuvo algún resentimiento, grabó con Estefanía Caicedo en Europa, Con Johares Hernández, con Alé Kumá, grabaciones para colcultura con marímbula, etc.

 

Nunca negó su origen, lo invité dos veces a la universidad Javeriana donde dicto cátedra de músicas tradicionales afrocaribe y hablaba de su tierra con orgullo, lo llevé muchas veces como invitado especial a las presentaciones de la Orquesta la Totoband de la Universidad Santo Tomás y tenía un carisma, se robaba el show, a tabernazos, a talleres, muchos alumnos que me llamaban para clases se los endosaba para que estudiaran con él y se ganara unos pesos. Inclusive les comento, Paulino era el AScon quien contábamos para realizar el diplomado MÚSICA TRADICIONAL Y POPULAR DEL CARIBE COLOMBIANO que está pendiente para realizarse este año en la Universidad Santo Tomás de Bogotá.

 

Hace apenas unos pocos meses realizamos un encuentro de juglares en la universidad Santo Tomás y allí tocó y habló de su vida. Son innumerables los recuerdos y anécdotas que tengo para contarles sobre la vida y obra de Paulino, me queda su recuerdo porque alcancé a tomarle un sin número de fotografías y cualquier cantidad de video, casi siempre que venía a mi apartamento lo filmaba, incluso en las presentaciones con migo y con otros artistas.

 

Aspiro a realizar una edición de video y ya le propuse a Gloria Triana hacer un tributo con todos los honores aquí en Bogotá.

Todavía no puedo creer que yo personalmente lo atendí en diciembre cuando se achacó, lo llevé en ambulancia desde la clínica Shaiho hasta Sopó ya recuperado y me decía que no se quería morir por sus dos pequeños hijos.

 

 En diciembre hicimos una reunión de músicos costeños para analizar un video y lo vimos hinchado, cansado, fue cuando se hospitalizó.

 

El 30 de diciembre todos creímos que estaba salvo y fuera de peligro llegó a mi apartamento y lo regañé porque el médico me dijo que no era conveniente que estuviera caminando, pero como era terco no nos hacía caso y por el contrario quería tocar el tambor. Hice dos llamadas, una a Tomasito Teherán  su sobrino y los puse en contacto para que me atendieran, teníamos pensado visitar San Basilio Gustavo Angulo y yo en plan de investigación de campo, recuerdo que le dije en broma “Batatín vámonos pa tu tierra” y me contestó “¿a buscá qué?, y qué paradoja, yo lo acompañé pero a su última morada. Lo puse en contacto vía celular con Lisandro Polo del grupo TAMBO para que le rindieran este año un homenaje la noche del viernes de tambó, pero que va Paulino no estaba en condiciones, creo que no se cuidó porque el tratamiento era largo y delicado, se confió y creyó que se sentía bien.

 

 Yo estando en Barranquilla la semana pasada me llamó Esperanza Biohó al celular avisándome que había tenido otra recaída, pero pensé que no era de gravedad, inmediatamente le avisé a Amed Torres quien regresó a Bogotá para atenderlo. Paulino falleció víctima de insuficiencia renal y paro cardíaco en la clínica de la Samaritana en Bogotá el pasado viernes a las 5:30 de la tarde, se realizó un ritual africano en la sede de Colombia Negra, su cadáver fue trasladado a Cartagena el domingo en un vuelo de Aerorepública,  llegaron a la 1: 30 p.m  Esperanza Biohó, Amed Torres y Rodrigo Obregón, lo recibimos con cantos y toques de tambor, observé pocos músicos, la colonia palenquera encabezada por Justo Valdez empezó el Lumbalú a pleno sol radiante en el aeropuerto de Crespo, al igual que el grupo son de negro de Malagana, periodistas y allegados en caravana nos fuimos a San Basilio de Palenque donde tuvo un apoteósico recibimiento, allí su hermana Graciela, el sexteto Tabalá, Etelvina  Maldonado, Petrona Martínez, su hijo Alvarito, Stanly el gaitero, Edgar Benítez y toda la población lloraba, cantaba y danzaba alrededor del féretro frente a su casa que lo vio nacer, fueron momentos dramáticos, entre llanto, consolación, toques de tambó, ñeque, euforia etc. durante toda la noche sin cesar hubo cantos y rituales, solamente hasta el lunes a las 4:30 p.m fue llevado a la tumba al lado de sus familiares fallecidos en el cementerio de San Basilio.

 

Espero que podamos colaborar en los próximos meses cuando aquí en Bogotá se proyecte la película Lumbalú, en la cual Paulino fue protagonista con el fin de recaudar algunos fondos para cubrir todos los gastos tanto de su estadía en las clínicas como la de su funeral, yo les estaré avisando.

 

Tanto Bogotá, Barranquilla, Colombia y el mundo le debemos a Batatín una millonada de gratitudes, porque así él se nos haya ido físicamente, vive su legado, ojalá algunos periodistas y comunicadores entiendan que hacer patria es volcar los ojos a nuestro país, que no nos de pena ni vergüenza creer en lo nuestro, que le botemos corriente a todo lo que se haga en Colombia por encima del afán mediocre mercantilista y facilista de promocionar lo de afuera primero y lo nuestro de último, cuan herrado están, el día que nos quitemos el estigma y la hipocresía de pensar que lo primero es lo comercial y lo lihgt  por encima de lo autóctono y lo propio, entonces podremos desarrollarnos como nación, tenemos que confiar en nosotros mismos sin ser nacionalistas ni chauvinistas.

 

De cualquier forma el legado de Paulino continua, creo que el candidato a seguir sus enseñanzas es Amed Torres, un jóven músico barranquillero quien estuvo cercano a él en el último año y quien le aprendió los golpes del tambor, igualmente están Danny y Jean Paul Garcés, al igual que su sobrino Tomasito en Barranquilla.

 

Quienes deseen ver las fotos y la reseña histórica del maestro, pueden visitar en esta página la sección personajes, galería de fotos, galería del recuerdo, Sabia usted que y Novedades.

 

Batatín, que el todopoderoso te tenga en su gloria, gracias por todas tus enseñanzas y tu amistad y no te preocupes, descansa tranquilo que tu tambor no morirá, siempre te recordaremos como uno de los más grandes representantes de la música tradicional afrocolombiana.

 

Tu amigo y discípulo

Manuel Antonio Rodríguez

 

 

 

Bogotá, Noviembre 10 de 2003

 

 

CARNAVAL DE BARRANQUILLA

Orgullo Nacional

 

 

El pasado viernes 7 de noviembre de 2003, aconteció un hecho significativo para la cultura popular colombiana. La UNESCO con sede en París, bajo la dirección general de Koichiro Matsuura, declaró al Carnaval de Barranquilla como “Una de las obras maestras del Patrimonio oral e inmaterial de la humanidad”, un acontecimiento histórico de mucha relevancia  para el país, pese a que ya desde el 26 de noviembre de 2001, el congreso Nacional había aprobado mediante la ley 706, la declaratoria de “Patrimonio Cultural de la Nación” al Carnaval del Distrito Industrial y Portuario de Barrranquilla.

 

Desde luego sería imposible citar a todos los personajes quienes de una u otra forma unieron fuerzas para alcanzar tan apreciado logro, pero  por sus méritos y tenacidad merecen reconocimiento instituciones  como la Alcaldía Distrital de Barranquilla, La fundación Carnaval de Barranquilla, el Instituto Distrital de Cultura de Barranquilla, la Fundación de Arte y Folclor (Fayfa), la Fundación Mario Santo Domingo, la Cámara de Comercio de Barranquilla, el comité mixto de promoción del Atlántico, la Asociación de Músicos folclóricos del Caribe (Musicaribe), la Fundación folclórica del Carnaval de Barranquilla (Fundicaba), la Asociación de grupos folclóricos del Atlántico (Faifa), el Instituto colombiano de antropología e historia, el ministerio de educación, el fondo mixto para la preservación de la cultura y las artes del Atlántico, carnaval S.A.,  el Ministerio de Cultura y la Dirección de Patrimonio.

 

Contribuyeron además un grupo de personalidades calificados con experiencia en el conocimiento  y práctica de la cultura del Carnaval como es el caso de  la doctora Lola Salcedo Castañeda, la antropóloga Margarita Abello, la profesora Diana Acosta, al actor Harold Ballesteros, al gestor cultural Rafael Bassi, la antropóloga Mirtha Buelvas, el profesor Iván Cisneros, el periodista Livingston Crawford, el músico Yamil Cure, la profesora Maribel Egea, el periodista José Antonio Enciso, el historiador Guillermo Henríquez, el periodista Sigifredo Eusse, la profesora Adela de Castro, el artista Carlos Gómez, el investigador Adolfo González, el profesor Julio Adán Hernández, el arquitecto Rafael Iglesias, el investigador Miguel Iriarte, el músico Javier Jiménez, la profesora de danza Mónica Lindo, el músico Robinson Liñán, la coreógrafa Martha Moreu, el profesor Martín Orozco, el educador Cristian Pacheco, la coreógrafa Rosalía Polo, el escritor Laurian Puerta, el abogado Luis Rebolledo, el sociólogo y escritor Edgar Rey Sinning, el peiodista Harold Salazar, el profesor Rafael Soto, el investigador Álvaro Suescún, el periodista e investigador Mariano Torres y otros colaboradores.

 

Son actores principales también de este reconocimiento, las comparsas, danzas, máscaras, grupos folclóricos musicales, los  disfraces, los capuchones, los decimeros, los pregoneros con sus letanías,  los fabricantes de atuendos, comediantes, reyes momos, picoteros, clubes sociales, casetas, salones burreros,  las comedias, las letanías, el mismo vendedor de raspao, butifarra, arepa e huevo,  y en general el pueblo raso costeño que año tras año cultiva y mantiene esta tradición.

 

Mención de honor a todos los grupos participantes en los carnavales, en especial  la Danza del Congo dirigida por el maestro Alfonso Fontalvo, la Danza del Torito, la Danza de las Culebras, Los cabezones, pío pío Gavilán, diablo espejo,  los monocucos, la burra mocha,  la Danza de las Pilanderas, la Danza del Paloteo que dirige la familia Pedroza, la Danza de los Coyongos que impulsa la familia Sossa Noguera, la Danza Micos y Micas de la familia Pérez Barranco, la Danza del Garabato de la familia Vengoechea, la Danza Son de Negro de la familia Pérez Sarmiento, la Danza del Gallinazo de la familia Polo Morales, la Danza de Los Indios Chimila de la familia Sossa Noguera, la Danza de los Pájaros de la familia Berdugo, la Danza del Caimán cienaguero de la familia Acosta, la Danza de los Diablos de la familia Polo, la Danza de los Indios Farotos de la familia Thomas Meléndez, la Danza de Las Farotas de Talaigua de la familia Dávila, la Danza del Mapalé de la familia Cáceres y todas pero absolutamente todas las cumbiambas curramberas.

 

La lista es innumerable, pero como no reconocer la contribución de quienes durante por más de doscientos años ayudaron e  impulsaron estas manifestaciones culturales, tanto a los que ya fallecieron como a los que aún existen, personajes de la talla de un Alfredo de la Espriella, Estercita Forero, todas las reinas del Carnaval,  La Cumbia Soledeña de Efraín Mejía, María Moñitos, Piragüita Morales y sus marimondas, el maestro Antonio María Peñaloza,   Robinson Albor, Pacho Galán, Mañe Arrieta, Antonio Lucía Pacheco, Dionfante Jiménez, Carlos Franco, Joselito Carnaval,  Joe Arroyo, Adolfo Echeverría, Rafael Campo Miranda, Checo Acosta, por sólo enumerar algunos.

 

Todas estas instituciones y personalidades gastaron tiempo, trabajo, dedicación y creatividad en realizar un dossier de candidatura en busca de la proclamación de dicho reconocimiento desde el mes de mayo de 2002.

 

Pero con la venia y el respeto de todos los citantes, quienes reitero fueron pilares en la consecución de la merecida designación,  a quien verdaderamente hay que felicitar es a TODO EL PUEBLO COSTEÑO, porque si bien el carnaval de Barranquilla es el resultado  de la confluencia multirracial indígena, española, africana, y en los últimos tiempos los aportes de culturas inmigrantes de origen Árabe como los sirios y libaneses, chinos, hebreos, alemanes, franceses, ingleses, italianos y de otras latitudes, el aporte mestizo de las regiones como la depresión momposina, las viejas sabanas de Bolívar, el Magdalena Grande, por citar algunos, ha sido el soporte e ingrediente fundamental en la consolidación del evento cultural de mayor importancia en Colombia.

 

El Carnaval de Barranquilla es un espacio de encuentro de la comunidad Caribe, que durante cuatro días de goce le envía al mundo un mensaje de paz y convivencia: No a la guerra y sí a la paz, la tolerancia y convivencia civilizada.

 

Me parece de la mayor importancia esta declaratoria al Carnaval, sobre todo en estos momentos de crisis nos va a ayudar a volcar los ojos hacia nuestra propia identidad, porque un pueblo que olvida su pasado compromete su futuro.

 

 De ahora en adelante la gestión cultural en la Costa va a tomar auge, ello nos demanda una organización y una alianza colectiva en pro de luchar por lo nuestro, sin ánimos populistas ni chauvinistas, tenemos que buscar estrategias de difundir y desarrollar todo ese potencial cultural y artístico que tenemos los costeños, demostrarle a Colombia y al mundo que no es cierto el estigma de que somos “flojos” y “mamadores de ron”, todo lo contrario, somos un pueblo pujante y activo.

 

Lo interesante de todo este acontecimiento es que ya se vienen implementando nuevas políticas de regulación, es decir, reglamentar normas e impulsar la gestión cultural y va a tener repercusión a nivel nacional, pues paulatinamente Barranquilla se viene convirtiendo en capital cultural de Colombia, algo grandioso para pacificar el país.

 

 Para ello hay planes que inclusive se pueden convertir en formas de generación de empleo y desarrollo laboral.

 

El plan Decenal para la salvaguardia, conservación y revitalización del espacio cultural Carnaval de Barranquilla se concentra básicamente en tres campos:

 

1. De Participación

2. De Creación y memoria

3. De Diálogo Cultural.

 

Además, el plan de salvaguardia, revitalización y protección del Carnaval de Barranquilla 2003-2013 está estructurado a partir de cinco programas y 26 proyectos.

 

  1. De investigación e inventario del patrimonio oral e intangible del Carnaval de Barranquilla. Incluye congreso del Carnaval, cátedra cultura Caribe, Río Magdalena y Carnaval, licenciatura en cultura del Carnaval y censo de los actores del Carnaval.

  2. De conservación del patrimonio oral e intangible del Carnaval de Barranquilla. Comprende los proyectos de centro de documentación del Carnaval, museo del Carnaval y voces del Carnaval.

  3. De preservación del patrimonio oral e intangible del Carnaval de Barranquilla. Comprende los proyectos de escuela folclórica del Carnaval, artesanía y Carnaval, fortalecimiento de técnicos en instrucción de danzas tradicionales, cátedra Carnaval de Barranquilla, el ABC del Carnaval, Carnaval en mi comuna, disfrázate en Carnaval, oralidad de las danzas de relación y paquicarnaval.

  4. Apoyo para los actores del Carnaval de Barranquilla. Contiene los siguientes proyectos: Redecarnaval, las micropymes del Carnaval, por la tradición del Carnaval y apoyo al desarrollo económico de los grupos folclóricos del suroccidente de Barranquilla.

  5. De difusión de las expresiones de cultura tradicional y popular del Carnaval de Barranquilla. Se desarrollará a través de artistas proyectando el Carnaval, Carnaval y medios de comunicación, musicaribe, Carnaval sin fronteras y proyectos del plan decenal.

El hombre costeño a través del arte y la cultura reafirma su  identidad, expresa sus penas y alegrías, canta, baila, ríe, llora, crea, compone y se reconoce a sí mismo.

El pueblo costeño es franco y pacífico, se merece otra suerte, ojalá algún día la clase dirigente corrupta reflexionara y pensara en que mejores condiciones de vida estaríamos si por lo menos nuestros gobernantes fuesen honestos, éticos, eficientes y correctos en todo sentido.

 

Tenemos pues quienes nos identificamos con esta cultura carnestolenda, que luchar por trabajar y defender todo lo concerniente a esta tradición, tratar de no ser excluyentes ni elitistas, por el contrario así sea que el Carnaval se haya descentralizado como los eventos que se realizan en “el Carnaval de la 84”, 2el Carnaval de los niños”, “el Carnaval de la 44”, “el Carnaval de la Vía 40”, “el Carnaval del Suroccidente”, “el Carnaval Gay”, “el Carnaval de Simón Bolívar”, “el Carnaval de la 17”, en fin, que el Carnaval no se convierta en un espectáculo comercial y se pierda la esencia.

 

Quien lo vive es quien lo goza, mis felicitaciones a la Arenosa.

 

 

 

Bogotá, julio 6 de 2003

 

 

 NUESTRO PRIMER ANIVERSARIO

 

 

Quien lo creyera, este espacio surgió de la necesidad de informarle al público capitalino acerca de los eventos musicales que veníamos realizando en distintas instituciones y como un medio de divulgar aspectos culturales de nuestro país colombiano y por su puesto del contexto Latinoamericano. Como dice el bolero de Armando Manzanero, “Parece que fue ayer”, cuando el 5 de julio del 2002 escuché la propuesta de Cristina Martínez, quien ha sido pilar fundamental en la realización de esta página,  de crear un sitio web y así evitarnos el inconveniente de informarles telefónicamente a cada participante de los talleres de aquel entonces. Pues bien, tengo que ser muy agradecido con muchas personas que se han integrado a esta causa. Pese obviamente a que este sitio tiene un objetivo comercial como lo es la oportunidad de ofrecer servicios musicales y otras actividades, también cumple una función didáctica en la difusión de información que pueda ilustrar a los lectores.

 

Sinceramente, no tengo cómo pagarle a mi amiga “Cris” por tanto esfuerzo, dedicación y talento creativo en el diseño y elaboración de la página, lo mismo al maestro Julio Rentería, quien de manera excepcional me facilitó exclusivamente las fotos de la galería del recuerdo, a grandes amigos y amigas como Eliana Zumaqué y Miguel Ángel del Centro de Documentación musical, al compañero Fernando Tasceche por su colaboración, a Gustavo Angulo, al maestro Paulino Salgado Batata por sus enseñanzas, a Eleonora Manrique, al ingeniero Rafael Bassi en Barranquilla, a Martina Camargo en Cartagena, lo mismo que al doctor Emeri Barrios y a Edgar Rey Sinning en el corralito de piedras, a Mariano Candela en la Arenosa, a Gustavo Cuao y a Hugo Acosta en mi querida Santa Marta, al inquieto investigador Federico Ochoa en Medellín, en fin, a una lista interminable de amigos y colaboradores de esta causa por defender y divulgar nuestra cultura afrolatina. Por su puesto que en ningún momento trato de desmeritar las otras músicas colombianas de otras regiones del país, tal vez por ser de la costa atlántica y tener influencia Caribe, sea la razón de enfocar el estudio de las músicas de origen negroide.

 

Musicalafrolatino cumple su primer aniversario agradeciendo a todos los visitantes  que nos escriben de todos los rincones del planeta, invitándolos a todos para que conformemos un club de amigos que por medio de la música nos unen lazos fraternales de amistad, solidaridad y convivencia.

 

Humildemente tratamos de dejar una mejor imagen de Colombia ante el mundo, y contarles que si bien es cierto que padecemos  miles de problemas,  también es cierto que somos un pueblo pujante y que en medio de la adversidad y los tiempos difíciles que atravesamos, procuramos sobreponernos, superarnos y salir adelante a través del arte y la cultura.

 

Dios nos bendiga a todos, con la esperanza de seguir buscando un mundo mejor y continuar gozando del arte de la música, que es la dicha más sublime que nos regaló el Señor para nuestros corazones.

 

 

Bogotá, Junio 12 de 2003

 

 

NOSTALGIA DEL CARIBE

 

 

 Colombia es un país privilegiado por su ubicación geográfica, tenemos una diversidad y pluralidad de regiones y culturas como casi ningún otro territorio en el planeta. Hay que ver cómo se sorprenden los visitantes extranjeros cuando pisan suelo patrio, ni hablar de la belleza de sus mujeres, del talento y creatividad del colombiano, de la riqueza cultural, de las fiestas regionales, de su música, en fin, es un edén, un vividero sabroso.

 

Desafortunadamente, la mayoría de  nuestra clase dirigente nacional ha caído en la tentación del beneficio propio por encima del bien común. Estoy seguro que si todos los colombianos hacemos un alto en el camino, reflexionamos y nos ponemos alguna meta de sacar adelante al país, lo podremos hacer con esfuerzo de voluntad, sin odio, sin egoísmo, sin mala fe, sin maldad, pensando en construir una patria libre y soberana, con justicia social, con oportunidades, con educación, con transparencia en el manejo público y privado, en síntesis, unirnos y sacar al país adelante.

 

Colombia tiene el reto de salir del subdesarrollo y forjar una sociedad más próspera y equitativa durante el próximo siglo. Esto incluye el desafío de lograr un cambio radical en las condiciones sociales, económicas e institucionales del Caribe colombiano.

 

Pues bien, este preámbulo es para resaltar la labor titánica que viene ejerciendo EL OBSERVATORIO DEL CARIBE COLOMBIANO, institución costeña que viene trabajando en pro de sacar la costa atlántica colombiana del letargo y abandono al que ha estado sometida durante casi quinientos años. Tiene por misión generar conocimiento de excelencia, promover el debate y producir propuestas que mejoren la calidad de vida de los habitantes del Caribe colombiano; así mismo, divulgar ampliamente su producción intelectual y participar de manera eficaz en la construcción colectiva de una visión de futuro para la región.

 

Creo que han dado un gran precedente desde Cartagena en la calle de la chichería de cómo hacer patria desde una región determinada en Colombia.

 

Deberían copiar este ejemplo patriótico los politiqueros corruptos, los apátridas, los ladrones de cuello blanco, los que le juegan sucio al país, la cosa no es por ahí maestro, la cuestión es construir, aportar, servirle a la patria, en cualquier campo, disciplina, u  ocupación en que se desempeñe un colombiano, es un deber moral y cívico, construir un país mejor.

 

De manera que en el Caribe colombiano se viene gestando un movimiento de costeños pilos, bacanos, pujantes, intelectuales, científicos, artistas, políticos, economistas, educadores, investigadores y periodistas, que le apuestan al desarrollo costeño, piensan que la solución para que la costa salga de la “olla” es actuar en equipo y pensando en el bien de la región, por encima del interés particular, demostrando que el estigma de costeño flojo es nada más que un mito, que sólo un mejor conocimiento de nosotros mismos nos podrá hacer libres, demostrando que tenemos una identidad ante el contexto nacional que merece respeto y reconocimiento, que no podemos seguir alineados y rezagados al capricho centralista, que podemos desarrollarnos a partir de lo nuestro, que no merecemos estar en esas condiciones de miserableza, que queremos una costa ejemplar, una costa pujante, sobresaliente, amañadora, autónoma, pacífica. Tenemos entonces que volver a nuestras raíces, porque los pueblos deben conocer su pasado para interpretarlo y de esa manera volverse protagonistas de su futuro, que, como bien lo señala un pensador: “La historia no nos dirá lo que debemos hacer pero sí nos puede indicar lo que debemos evitar”

 

 Me adhiero a esta causa noble que realiza el observatorio, y hago votos porque no se acabe la institución, que resistamos hasta el último centavo, o en últimas que hagamos una jornada de solidaridad económica y de respaldo, pero que por ningún motivo desfallezca del panorama cultural costeño.

 

Invito a toda la comunidad latina e internacional, por su puesto a la opinión pública colombiana y a todos mis coterráneos costeños donde quieran que estén para que visiten EL OBSERVATORIO DEL CARIBE COLOMBIANO cuya sede está localizada en la ciudad de Cartagena de Indias, y que en  estos momentos atraviesa una situación difícil en la parte financiera, pero que de corazón le deseamos buenos augurios por tan loable labor y servicio que le presta al país.

A los músicos colombianos les recomiendo adquirir algunas de las publicaciones que tratan temas de nuestra cultura Caribe.

 

Observatorio del Caribe Colombiano
Centro, Calle de la Chichería # 38-72.  Cartagena de Indias, Colombia
Teléfonos: (575) 6601364 y (575) 6602491.  Fax: 6600695 Apartado Aéreo: 1549
e-Mail: proyectos@ocaribe.org
Website: http://www.ocaribe.org/

 

 

 

Bogotá, Noviembre 6 de 2002

 

 

 A DIFUNDIR NUESTRO PATRIMONIO MUSICAL

 

 

Un  nuevo movimiento musical se viene  gestando en nuestro país desde hace aproximadamente unos cinco o seis años tal vez, y ha sido Bogotá la meca impulsora de este acontecimiento.

 

Algo que parecía insólito en años anteriores se viene consolidando actualmente, la presencia de la juventud colombiana al rescate de nuestras tradiciones y manifestaciones culturales.

No extraño ver por las calles capitalinas grupos de gaiteros rolos tocando o llevando sus tambores a la vista de todos, el auge y la moda por las músicas afrocolombianas es algo que impresiona, pero que a la vez se muestra gratificante.

 

Por supuesto que ha contribuido a este movimiento la venida y estadía de grandes músicos de las costas colombianas a la capital, especialmente los de los montes de María, los del Atlántico, los Bolivarenses, los sabaneros, los Vallenatos, los chocoanos, los del pacífico sur en fin todos quienes vivimos y compartimos en esta gran metrópolis hemos venido aportando algo de nuestra cultura para el enriquecimiento de nuestra música colombiana.

 

La media torta quizá  haya sido uno de los espacios de encuentros más importantes, gracias al instituto de Cultura y Turismo y sus organizadores han impulsado muchos eventos artísticos en otros sitios de la ciudad.

 

Hay que ver la acogida que tiene por parte del público cuando se presenta una agrupación de música tradicional afrocolombiana, jóvenes, viejos, adultos se congregan en un ambiente de fraternidad