*

*

*

*

LOS TAMBORES NEGROS

 

 

LOS TAMBORES NEGROS

Por: Luis Antonio Escobar

Tomado del Libro LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS

Si el canto es lo principal de la música en los negros, el tambor es esencia de sus ritmos, y en muchos casos de sus liturgias. Sin la música no hay ceremonias negras, ceremonias religiosas. El cristiano se casa, o se bautiza, o se entierra sin música y no pierde su grado la ceremonia. Para el negro sería imposible.

 El cristiano cada vez usa menos la música, aún en lo que tradicionalmente era dispensablemen­te cantado, la misa. Sin los tambores no se acercarían los espíritus. Esto último tiene que servir para enten­der que el ritmo del tambor no es casual o que se pue­da comparar, por ejemplo, con el tocar de las campa­nas de la iglesia.

 

El tambor es el medio para con­seguir el éxtasis, expresar lo más hondo de sus ansias espirituales porque además, se une a la expresión del cuerpo, a la danza y al baile que también manifesta­rán toda clase de presiones espirituales, rotundas o le­ves, sutiles o explícitas.

 

El cuerpo girará, se estremecerá según el sentimiento, pues ellos saben cantar con el cuerpo, gozar, suplicar, llorar, arrepentirse.

Es por consiguiente, el tambor, otro medio de encontrar rit­mos que se presten para hallar claves profundas, al igual que nosotros lo hacemos con determinadas ar­monías, consonancias y disonancias, e intuimos o per­cibimos claramente hasta llegar al llanto o al ensimismamiento total.

 

 Son maneras diferentes de llegar a los mismos puntos. Es un arte tan sutil y complicado como el de los blancos. Al unir el canto, que como ya hemos visto era lo tradicional, con el tambor que tam­bién formaba parte de sus expresiones, al encontrar las tradiciones de los indígenas con sus instrumentos y también con sus tambores y guasás o guachos, se va formando, lentamente, el nuevo folclor o expresión natural y, poco a poco, aparecen manifestaciones que con el correr del tiempo desaparecen. 

 

“En los puertos donde había fiestas, que eran y todavía son frecuentes, los bogas se detenían para bailar el bunde, el berroche o el mapalé al son de la gaita o la caña’e millo y con velas en la mano. Miren que ahora la gente no los baila como antes, con pal­moteo, cantando coplas y entrando por parejas a bai­lar al ruedo” (Orlando Fals Borda, Mompox y Loba -Carlos Valencia Editores. 1980).

 

Ellos mismos hacen recuerdos y de seguro, les produce nostalgia ver que se pierden las habilidades o el verdadero sentido de sus expresiones musicales. En eso de habilidad para tocar el tambor.., es fácil equi­vocarse creyendo que el toque es algo sencillo.

Nada más erróneo. El negro utiliza sus manos como el con­certista del piano que durante muchos años, finalmen­te, aprende a conseguir el piano y pianísimo, a en­contrar determinada calidad de sonido.

 

Ahueca la ma­no de mil maneras, extiende los dedos, los afloja, los entiesa, le da al tambor con la punta, con las uñas y al mismo tiempo consigue efectos y ritmos impresionan­tes que son producto de miles de años de tradición y de continuo ejercicio. Por esto mismo tocar un tam­bor entre los negros es como sentarse a tocar piano entre los blancos.

 

 

MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

HOME