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NUESTRA TRADICION

 

 

NUESTRA TRADICION

Por: Luis Antonio Escobar

Tomado del Libro LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS

 

LAS FIESTAS Y EL FOLCLOR DE COLOMBIA

En un país como el nuestro, donde los científicos sociales poco o nada se han preocupado por la cultura popular, considerando que es tarea de segunda clase, que debe ser dejada a folclorólogos, es ya un hecho importante que un historiador de la trayectoria de Javier Ocampo se ocupe de la fiesta y las tradiciones populares.

En el capítulo primero, referido a la teoría del folclor, se analizan distintas posiciones relacionadas con lo que se ha dado en llamar la "ciencia del saber popular", posiciones éstas coincidentes en su mayoría, pero que dejan de lado un aspecto importante de la cultura popular: ésta no sólo puede definirse por un conjunto de rasgos específicos sino por oposición a la cultura dominante.

No cabe hablar de "cultura popular" sino en el contexto de sociedades estratificadas o sociedades de clases que establecen categorías contrastantes entre el arte sofisticado, o falsamente refinado, y las manifestaciones populares.

 En Colombia, desde la conquista se estableció la existencia de dos categorías antagónicas e irreconciliables: una cultura "blanca", "culta", sofisticada, de salón y europeizante, patrimonio de la "elite", y una cultura popular oprimida, subvalorada, despreciada, sofocada, patrimonio de los indios, los negros y los mestizos.

Después de un profundo y prolongado contacto con los creadores populares, no estoy ya tan de acuerdo con algunos de los rasgos específicos que se atribuyen sin discusión a las manifestaciones populares: espontaneidad y anonimato, por ejemplo.

Si bien es cierto que los orígenes se pierden en el tiempo, una tradición vigente, para que siga existiendo, necesita de la presencia de creadores; estos creadores reciben algunos patrones pre-establecidos pero aportan a su vez elementos que refuerzan la transmisión de esa tradición.

 Tradicionalidad no quiere decir todo aquello que está relegado a un pasado fosilizado y que constituye, por lo tanto, sólo una supervivencia. La cultura tradicional no es estática, está siempre emergiendo, desapareciendo y reapareciendo. Tradición no significa, en manera alguna, la repetición de secuencias idénticas en períodos diferentes. La cultura popular no es siempre anónima y producto de la creación colectiva, como generalmente se la ha estereotipado.

 En la cultura popular existen los especialistas y creadores de fama y prestigio; sólo que la mayoría de las veces este prestigio no trasciende los limites locales, porque únicamente la cultura dominante tiene sus canales de transmisión institucionalizados; tiene a su disposición los medios de comunicación hablados, escritos, visuales; tiene historiadores, ensayistas y críticos; tiene sus escenarios (teatros, salas de concierto, auditorios). Lo colectivo en lo popular hace referencia a que el artista es un poseedor de cualidades especiales entre otras muchas personas que hacen y repiten lo mismo que él porque lo aprendieron por transmisión oral y mecanismos informales.

Pero este aprendizaje, a pesar de no ser institucionalizado, no es tan espontáneo como a simple vista parece. Creo que hace falta profundizar un poco en el estudio de los mecanismos de transmisión. Un intérprete de marimba del Pacífico, por ejemplo, pasa más años de aprendizaje que un músico de conservatorio, y para llegar a ser un músico completo debe, además de saber tocar y fabricar los instrumentos, aprender a dominar los espíritus dueños de la marimba. Don José Torres es un músico muy conocido en Guapi (Cauca), cuya casa es no sólo fábrica de instrumentos sino conservatorio de música tradicional.

Si los medios de comunicación divulgaran con la misma intensidad el trabajo del artista popular, don José debería ser tan conocido como Rafael Puyana. Creo que ya Lévi-Strauss y otros etnólogos han demostrado la complejidad y capacidad de abstracción del pensamiento de "nuestros contemporáneos primitivos", para seguir pensando que es prelógico todo aquello que no se ajuste a la lógica aristotélica.

A pesar de que la fiesta, como lo afirma Ocampo, refleja el sistema social y la cultura popular de una sociedad, no ha sido suficientemente estudiada entre nosotros. La fiesta popular colectiva en Colombia tiene orígenes muy diversos. Las festividades religiosas católicas traídas por los españoles, y que tenían su origen en arcaicos ritos precristianos del viejo mundo, se mezclaron con ceremoniales aborígenes prehispánicos y ritos seculares africanos.

 Las fiestas populares han desempeñado un papel muy importante en la conservación de la tradición, pues si tuvieron origen remoto en ritos religiosos o se desarrollaron vinculadas a ellos (situación que en algunos casos, como en los mencionados en el capítulo "Las fiestas y el folclor religioso", persiste hasta el presente), ciertas formas festivas son una verdadera parodia del culto religioso, son decididamente exteriores a la Iglesia y a la religión, como se expresa en las fiestas patronales de los asentamientos negros del Pacifico, donde el nombre del santo patrono es apenas una disculpa para realizar una fiesta que tiene más rasgos de carnaval pagano que de fiesta cristiana.

Colombia es y seguirá siendo un país de subculturas regionales. Cualquier intento de clasificar los hechos folclóricos de otra manera, casi siempre desemboca en taxonomías similares, pero considero que ya es tiempo de que pasemos a otro nivel de análisis.

 La fiesta tradicional colectiva es un buen tema, pues ella permite manifestar la elaboración de tradiciones que vienen del pasado, adaptándolas a los cambios de la sociedad, y es el espacio en el cual el pueblo puede reafirmar su solidaridad comunitaria, planteándose, al menos durante el tiempo festivo, en forma transitoria, un mundo diferente.

 GLORIA TRIANA

  

MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com

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