QUE ES LA SALSA?

 

La salsa ha sido definida como la Crónica del Caribe urbano. , y esta definición no es gratuita ni caprichosa: Crónica porque cuenta en sus letras cuál es la situación de los latinos en los múltiples aspectos de la vida cotidiana y lo que piensan al respecto; Caribe porque el origen de una persona o un pueblo es un rasgo inalienable que, en este caso, está configurado por la historia y los ritmos que ya hemos referido en las páginas precedentes; y, por último, lo más importante, lo más suyo, su carácter urbano , porque la sensibilidad y el sonido de la salsa obedecen a dicha condición con todas sus implicaciones sociales, culturales y éticas.

 

 La condición urbana viene cargada de contradicciones y elementos que se ven reflejados de forma lírica y sonora en la salsa: la marginación en las grandes ciudades; el hacinamiento; la nostalgia; la delincuencia callejera; la inestabilidad en el trabajo, en el amor y en el lugar de residencia; la lucha individual por la subsistencia y, a la vez, la identidad colectiva, por nacionalidades u orígenes, para defender los intereses del grupo o, simplemente, para contrarrestar el desarraigo; y la percepción del presente como único futuro posible.

 

 Estas variables urbanas condicionaron de forma palmaria el sonido de la música en general, no sólo el de la música latina, sino de todas las músicas urbanas, aunque ninguna como la salsa refleja tan ampliamente dichas características y, aunque parezca contradictorio, con su insobornable alegría.

 

 En la salsa, todos sus ingredientes resuman asfalto urbano: sus letras, su sonido, sus hacedores y, cómo no, sus destinatarios, esos tipos sospechosos del barrio que la oyen, la cantan y la bailan, solos o en compañía, de noche o de día, sobrios o empapados en alcohol y otras sustancias o, simplemente, embriagados con las notas ásperas de un trombón.

 

Esta tensión cultural se refleja en todos los temas salseros, y como ejemplo, veamos lo que ocurre en "Juanito Alimaña", tema compuesto por Willie Colón y Héctor Lavoe: "¡Hum, ni p'allá vo a mirál! La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes, cómo no. Ya no hay quien salga loco de contento, dondequiera te espera lo peor, dondequiera te espera lo peor."

 

 El tema empieza con el sonido seco de los trombones, los golpes duros del piano y una cáscara de timbal que parece anunciar un allanamiento policial. Héctor Lavoe, con su inimitable acento marginal, inicia el canto con una advertencia ("Hum, ni p'allá vo a miral"), que recomienda no meterse ahí, no mirar para allá.

 

 El resto de la historia habla de delincuencia, amor, alcohol, complicidad, miedo, policías y supervivencia, es decir, un hecho cotidiano en las ciudades de cualquier país latinoamericano y que, sin embargo, ¡se baila!

 

Lo apuntado hasta aquí sobre su carácter urbano, confiere a la salsa cierto acento de tragedia moderna: sus textos narran la épica de la calle de hoy; su andamiaje sonoro armoniza y respalda a los textos con instrumentos como el trombón, cuyo sonido metálico, áspero e hiriente, confirma la dureza de la realidad que se narra; y para completar el cuadro trágico, estos dos elementos se funden en la pista de baile ( una discoteca, la calle, la casa o la playa) con los bailadores, es decir, con los destinatarios legítimos de dicha música.

 

 La consumación completa de este ciclo (canto, coros, música y danza) produce una catarsis que, seguramente, se asemeja al carácter redentor que los griegos atribuye' ron a la tragedia. La salsa es un arte dionisiaco, mediatizado por las variables urbanas que ya hemos anotado.

 

 De aquí le viene la fuerza que sumerge a los rumberos en ese éxtasis que llamamos goce.

 

El panorama y el espíritu descritos hasta aquí eran, y son aún, comunes a cualquier país de América Latina, pero en nuestras formaciones sociales, y sobre todo para la salsa, es más importante el concepto de barrio que el de país.

 

 

 Esto lo cantó bien claro Rubén Blades en uno de sus temas: "Para ser rumbero, tienes que tener las llaves del barrio, ...tienes que amar a la esquina." La añoranza, la exaltación o la nostalgia del barrio es una constante en las letras salseras y en la vida de cualquier latinoamericano nacido después de 1950, época en que se empiezan a forjar las grandes urbes, diseñadas de forma espontánea, anárquica y contradictoria, por las intensas migraciones campesinas de las que son hijos los destinatarios de la salsa.

 

 

Los barrios del Caribe urbano se convirtieron en el escenario y el símbolo más determinante en la vida de los latinos. El barrio constituye el referente más inmediato e importante de la cosmogonía caribeña y, como tal, impone el pasado, delimita el presente y determina, en gran medida, el futuro de sus habitantes.

 

En el barrio y, más exactamente, en las esquinas, se cuecen los ingredientes que van dando fisonomía personal y colectiva a sus inquilinos. La esquina es el aleph del Caribe, el punto de encuentro y, sobre todo, de fuga.

 

En ella se desarrollan los principales instintos, se mata el tiempo, se juega, se canta- se baila y se conspira inútilmente. La esquina es, a los latinos, lo que el ágora fue para los griegos.

 

 Cada esquina tiene sus propios inquilinos, seleccionados de forma espontánea por afinidades de edad, gustos, malicia o cercanía geográfica de la vivienda. A la esquina se le empieza a coger cariño desde niños, cuando, camino de la escuela o de regreso a casa, vemos a los adolescentes vacilando todo el día en ese vértice mágico. Y cuando nuestros padres nos dan permiso para ir a la esquina, eso vale más que el día en que nos dan las llaves de casa para volver a la hora que nos dé la gana.

 

 A partir de ese momento, todo el mundo sabe dónde encontramos, desde nuestra maestra hasta nuestra madre y, obviamente, desde nuestra novia hasta la policía. Cuando la esquina se pone caliente, puede llegar a ser prohibida por las autoridades del orden y, en estado de sitio, más de dos personas no pueden juntarse en una esquina.

  

El barrio y la esquina han configurado una forma de ser y de estar fundamentales en el decurso vital de todos los latinos; es nuestro hecho ontológico. El tango, que tiene con la salsa profundas afinidades, también le canta con abundancia a la esquina y al barrio. En el tango se suele recordar a la muchachada (los amigos de la esquina) igual que en la salsa.

 

Un tema de Lou Pérez dice: "Barrio, mi querido barrio. Llevo en mi memoria recuerdos de ayer, y del que anhelo recordar de nuevo, para mis nostalgias volver a vivir. Sueño con la vieja escuela, con la muchachada que en ella estudiaba y que hoy se encuentra lejos de nosotros..."

 

Con lo escrito hasta aquí,  podrá entenderse por qué el East Harlem de Nueva York, poblado y pateado por latinos, fue bautizado coma El Barrio, pues, además de serlo en toda regla, representa la síntesis desgarrada de cualquier barrio pobre de Panamá, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Cuba o República Dominicana.

 

 Y éste es el escenario al que pertenece la salsa,  una música marcada por la experiencia vital del barrio, llena de alegría y de tristeza, teñida de optimismo y salpicada de tragedia.

 

 Música marcada en la suela de los zapatos a causa del baile y de patear la calle en busca de lo que no hay, huyendo de la policía o persiguiendo a una hembra esquiva.

 Todo lo que late ahí, toda esa alma, toda esa tragedia, son los componentes de esta sonoridad, excitante y brava, que canta-reivindica la vida del barrio, de modo parecido a como el blues primitivo le canta a la plantación algodonera o el flamenco al cortijo.

 

Los latinos, cuando vamos de rumba, lo hacemos, principalmente, porque somos un pueblo rumbero, porque nos gusta el baile, el trago y las hembras, pero también para huir del hastío cotidiano producto de nuestra azarosa existencia.

 

 Este sentimiento está siempre presente en la salsa, de aquí que una rumba, cuantas más horas dure, mejor. A ningún rumbero le importaría que durara toda la vida porque, a falta de mejores incentivos vitales, quiere vivir el presente a pleno pulmón y con la máxima intensidad.

 

 Esto es la salsa, un ritmo excitante que penetra el cuerpo para celebrar una existencia que, pese a las vicisitudes, aconseja: "Vive la vida, mira que se va y no vuelve." (Raphy Leavit. Orquesta La Selecta).

Ésta es una de las grandes diferencias entre la salsa y otros ritmos antillanos que la nutren en su estructura musical. y es así porque la salsa nació como consecuencia de una realidad urbana brutal y aplastante, donde el latino era un ser de tercera categoría, mal visto, mal pagado, perseguido, humillado e, incluso, enfrentado a comunidades de su mismo rango social, como la negra y la italiana.

 

La cosmogonía caribeña y latina, macerada por la realidad que hemos ido desgranando, tiene una traducción inequívoca en las letras de la salsa. Esta gramática es uno de sus ingredientes más excitantes, pues sus composiciones constituyen un universo poético que, con independencia del tema que traten, sintetizan en un mismo texto la rabia, la ternura, el orgullo y la esperanza, mediatizados por un peculiar sentido del humor y la alegría del baile.

 

Además de la forma global de abordar los diversos temas (amor, nostalgia, juego, rumba, comida, religión, violencia, etc.), que ya de por sí es muy sui generis, dichas composiciones suelen estar salpicadas de palabras extrañas para la lógica lingüística del castellano.

Pero la lógica de la salsa no es la del castellano, sino la de la calle, por lo que se hace necesario dilucidar algunos aspectos de este lenguaje para entender mejor la fuerza de su expresión y, en suma, para gozar y vacilar plenamente dicha música.

 

Fuentes Referenciales:

Romero, enrique. SALSA el orgullo del barrio

Salsa, crónica de la música del Caribe urbano por Cesar Miguel Rondón

Betancur Álvarez, Fabio. Sin clave y bongó no hay son

Orovio, Helio. Diccionario de la música cubana

Ortiz, Fernando. La música afrocubana

Rodríguez, Lil. Bailando en la casa del trompo

Discos Fuentes. La discoteca del siglo

 

MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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