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(Un estilo musical y dancístico urbano muy particular)
Por: Manuel Antonio Rodríguez A.
Para comprender estas expresiones artísticas y culturales populares se precisa en primera instancia abordar muy brevemente aspectos históricos, sociales, políticos, económicos y demás. Veamos:
La ciudad de Santa Marta capital del departamento del Magdalena, se encuentra al
norte de Colombia. Fue fundada por el español Rodrigo de Bastidas el 29 de julio
de 1525, conocida como “La Perla de América” gracias a su paisaje, su riqueza
ambiental y su legado histórico y arqueológico. Ubicada al borde del Mar Caribe
a una altura de 2 metros sobre el nivel del mar, con una población aproximada de
398.368 habitantes, y una temperatura promedio de 28 C. Constitucionalmente, es
un Distrito Turístico, Cultural e Histórico, conformado por ocho comunas, cuatro
corregimientos y un resguardo indígena que concentra 47% de la superficie
distrital y converge en casi su total con el parque natural Sierra Nevada. El
área municipal, además de la ciudad de Santa Marta, está conformada por los
corregimientos de Bonda, Gaira, Mamatoco, Minca, Taganga; las inspecciones de
Calabazo, Don Diego, El Campano, Guachaca, La Tagua, y los caseríos de Buritaca,
La Quinina, Puerto Nuevo, El Yucal y Tigrera.
La ocupación del espacio de lo que hoy constituye Santa Marta se inicia en el siglo XIV con el desplazamiento de grupos poblacionales precolombinos oriundos de la cuenca del río Ranchería, quienes debido a la sequedad de sus tierras y al deterioro de las mismas por la actividad de tumba y quema de la selva, migran en busca de mejores medios de sustento al norte de la Sierra Nevada. Allí Dentro de los grupos poblacionales ancestrales de Santa Marta se destacan los Tayronas, asentados en Guachaca, Buritaca y Don Diego, los Kogui, en el río Palomino, los Matunas, los Tanqui entre otros.
Santa
Marta conserva entre sus muestras arquitectónicas al barrio Pescaíto, al norte
de la ciudad y el barrio Manzanares, la Quinta de San Pedro Alejandrino donde
murió el Libertador Simón Bolívar en el año de 1830, la Plaza San Agatón de
Mamatoco, el Liceo Celedón, claustro en el cual se formaron muchos cesarenses y
guajiros, El Fuerte del Morro, el Camellón, la Plaza Bolívar, Punta Betín, El
Rodadero y el Cerro del Cundí, entre otros. La población exhibe la alegría
Caribe y el espíritu tropical, pero en particular los viejos son amables,
nostálgicos y conversadores, los jóvenes, por su parte, son fiesteros y
bulliciosos, despreocupados y sensibles. Sus principales actividades económicas
se concentran en la actividad portuaria y turística.
El incremento acelerado de los procesos migratorios se inician desde las primeras décadas del siglo XX producidos por la violencia rural, así, en la Sierra Nevada aparecen colonos provenientes de las regiones cafeteras de Santander, Boyacá, Tolima y Antioquia.
Con la llegada de la transnacional United Fruit Company (Yunai), que, sin lugar a dudas, marca el trasegar de la historia económica, social y cultural de Santa Marta durante varias décadas, en torno a la producción y exportación del banano, aparecen síntomas de la modernidad en la ciudad, hecho que se evidencia con la internacionalización de la economía magdalenense a través del puerto marítimo y la construcción del ferrocarril entre Santa Marta y Fundación, sucedido en enero de 1906, lo que significa que el banano, -mayor producto agrícola departamental- que se producía en la naciente "Zona Bananera del Magdalena" llegaría más rápido y en mejores condiciones al puerto.
Esta
situación determina la necesidad de nueva mano de obra, y es así como van a
llegar gentes de otras partes del país y el mundo, que entran en el negocio de
la fruta, generando nuevas necesidades de carácter social.
Los recién llegados de Bolívar, Atlántico, de los pueblos del Bajo Magdalena, de Riohacha y de otras partes del país, e igualmente los extranjeros antillanos aportarían nuevos elemento sociales y culturales en el desarrollo de la ciudad.
Paulatinamente el cultivo y comercialización del banano se fue agotando, la United se había transformado en Frutera de Sevilla, los intereses norteamericanos ya no estaban en la "Zona Bananera del Magdalena" sino en otro lugar con menos conflicto y con un potencial mayor de la tierra: Urabá, donde la compañía fomentará el cultivo de la fruta, este hecho hace que la economía de exportación del banano en Colombia entra en crisis en la década de los sesenta, y la más afectada es la economía samaria y del Departamento.
Se produjo realmente un colapso económico y social, que aún no ha podido recuperarse: desempleo, disminución de los ingresos. Esta situación se agravó con la crisis algodonera de los setenta.
Santa Marta pierde territorialidad a causa de las reformas político – administrativas. En los años sesenta segregan del Magdalena a La Guajira y Cesar, territorios sobre los cuales, pese a la falta de conectividad vial, la ciudad ejercía un importante radio de influencia como capital desde donde tenían curso las actividades administrativas de la Gobernación, las sesiones de la Asamblea Departamental.
En la
década de los setenta se entroniza en la ciudad y en toda la región del Caribe
colombiano la "Bonanza Marimbera". Hubo guardaespaldas y pistoleros llegados en
buena parte del interior del país. Comenzó una guerra que adquirió visos
regionalistas entre clanes y familias guajiras y bandas de todo el país. La
ciudad fue escenario de una guerra de familias guajiras: Cárdenas y
Valdeblánquez, que se enfrentaban en una guerra atroz cuyo resultado fue el
deceso de víctimas inocentes y una baja calidad de vida para los samarios.
En el plano artístico, las primeras manifestaciones carnavaleras en el país se encuentran en Santa Marta, en donde se comenzaron a organizar actos y eventos de carácter festivo-religioso. La fiesta actual ya no se circunscribe al perímetro urbano sino que en sus vecinos pueblos de Taganga, Gaira y Mamatoco.
El
carnaval comenzó a resentirse como fiesta colectiva posiblemente cuando en 1959
se inicia una nueva fiesta: Fiesta Nacional del Mar, la que arrancó como evento
náutico, pero con el paso de los años tomó una nueva dimensión y desde entonces
ha querido instaurarse por las autoridades locales como fiesta de la ciudad en
reemplazo de las carnestolendas.
Todos los orígenes son inciertos. Las referencias que tenemos se basan en las memorias y relatos de maestros cultores de la música típica de tambores de amarre que se ha practicado en Santa Marta por muchas generaciones.
Probablemente, lo que hoy se conoce como FANDANGO, TAMBORA O GUACHERNA SAMARIA ha sido el resultado de largos procesos de intercambios culturales, una especie de hibridación cultural que ha tenido transformaciones en los últimos tiempos debido a las múltiples influencias foráneas y los cambios generacionales.
Según
testimonio de los maestros Germán Hernández y Pedro del Valle entre otros, la
música tradicional en Santa Marta se arraigó en la ciudad debido a la
confluencia y aporte de muchas culturas provenientes de varias regiones del
Caribe colombiano, especialmente del departamento de Bolívar. Allí es conocido
el complejo de los “Bailes Cantados”, una expresión musical y danzaria que en su
esencia presenta elementos tradicionales de origen africano donde se ejecutan
toques de tambores alternados con palmas, versos, estribillos y baile
colectivo.
Al parecer, en tiempos pasados la sonoridad samaria tenía un estilo “cumbiambero”, sin intervención de instrumentos aerófonos (pito cabeza de cera y flauta de millo), predominaba el canto grupal y el toque de los tambores (llamador, repicador, tambora, güiro y guache).
El panorama actual es diferente. Tanto el color como el estilo sonoro samario es muy particular en el contexto Caribe colombiano. La tambora o guacherna samaria ha adquirido características propias de la región, presenta una forma única con identidad y sentido de pertenencia, es decir, es una práctica sonora muy típica de la ciudad de Santa Marta. En las últimas décadas ha tenido transformaciones en su estructura organológica y en cuanto al aspecto agónico, es decir la forma de interpretar este género de forma más rápida que en épocas pasadas.
Al hacer un análisis técnico musical se observa que en la guacherna samaria interviene un tambor llamador de pie diferente al llamador de la gaita, se interpreta con ambas manos el golpe de contratiempo en el segundo y cuarto beat. Entre tanto el tambor repicador se ejecuta de forma “chalupeda”, tanto que el patrón rítmico lo asocian con el nombre de
“PI TA PI TAN”, pero que en realidad es un esquema propia de la chalupa de los bailes cantados. Por su parte la tambora se toca de forma agresiva y progresivamente, es decir, se acentúa los golpes más en el parche o cuero que en la madera, una especia de cumbia rápida y tambora-tambora. El guache hace su rol de fricción, mientras en los últimos tiempos se ha adoptado a este formato instrumentos de viento como el clarinete, el saxofón y otros, aunque al parecer anteriormente solo era canto colectivo y toques de tambores.
Cabe
resaltar la gestión cultural que realiza la maestra Graciela “Chela” Orozco al
impulsar cada año el festival de la guacherna samaria, en la cual agrupaciones
locales y provenientes de distintas regiones del Caribe colombiano se congregan
en un abrazo fraterno de tambores. Se destacan la tambora de los Hermanos Mulfor,
Jhony Viti, Teveo, Los Hernández, los Campo, Del Valle, Currimbi Mendoza, etc.
Fuentes referenciales
Esplendor y decadencia de los carnavales samarios: Edgar Rey Sinning
Cómo es Santa Marta al final del Siglo XX: Observatorio del Caribe colombiano
Investigación del titular de esta página
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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