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COCINANDO LA SALSA
La salsa, nace durante los años sesenta en Nueva York, concretamente en el Spanish Harlem, más conocido como El Barrio, y no es un género musical definido como el son, la plena o la cumbia, sino un movimiento sociocultural urbano, sintetizado en una expresión musical, creada y desarrollada por los emigrantes del Caribe y algunos músicos norteamericanos identificados con el pathos latino y seducidos por los ritmos de Cuba y Puerto Rico.
Como suele ocurrir con la mayoría de las músicas populares y tradicionales del mundo, en el tiempo y la distancia se pierde en el horizonte los orígenes, raíces y gestación de la salsa.
Salta siempre la eterna discusión y la pregunta ¿Quién usó primero la palabra Salsa?
Pues bien, todo parece ser teorías, hipótesis, suposiciones, especulaciones, en fin.
La Salsa como expresión musical y social fue atacada desde muchos flancos, tanto musicales como sociales. Sus detractores alegaban que: "era música cubana vieja y poco innovadora", "era música de barrio de mala muerte", "era música sin contenido y simplista" y mil frases más, que está de más citar en este momento. Ataques similares sufrieron en su origen otros géneros de la música popular como el Tango, el Jazz y el Rock, pero luego se convirtieron en expresiones musicales dignas de investigación.
La salsa, se había fraguado a mediados de los años sesenta,
pero no se llamó salsa hasta que en 1975 se publicó la segunda película
de Fania bajo dicho nombre.
La palabra se había estado utilizando desde 1962 por músicos como Joe Cuba (Salsa y bembé), Ray Barretto (Salsa y dulzura), Charlie Palmieri (Salsa na'ma), Los Hermanos Lebrón (Salsa y control), Cal Tjader (Salsa del alma), y Pupi Legarreta (Salsa nueva), entre otros.
Pero es a partir de 1975 que la palabra se convierte en el nombre oficial y comercial del fenómeno, una marca registrada oficialmente por la compañía Fania.
Es también a partir de este momento que se desatan las iras, incongruencias y debates acerca del nombre del nuevo fenómeno musical, aunque el tiempo se ha encargado de poner las cosas en su sitio y, hoy en día, tanto los músicos cubanos como sus musicólogos, que fueron durante años los principales detractores de la expresión, aceptan las características del fenómeno.
Helio Orovio, autor del imprescindible Diccionario de la música cubana, admite en una obra reciente que la salsa "es una música de fusión, de mezcla, ajiaco de elementos caribeños, con aportes del jazz, el samba, el rock, el reggae, y aunque nunca ha renegado de sus ancestros cubanos, es un fenómeno musical con fisonomía propia".
Discusiones aparte, es muy importante dejar claro que cuando se bautizó a la criatura, ésta ya estaba bastante crecidita e, incluso, había adquirido algunos vicios impropios de su edad que, a la postre, le perjudicaron la adolescencia y la madurez.
Con poco más de diez añitos (de edad, no de bautizada), la traviesa criatura fue víctima de estupro y otras vejaciones por parte de sus padrinos. No obstante esto, la salsa vivió su boom internacional entre 1973 y 1980, aproximadamente.
La juventud, el lumpen, el proletariado y los oídos sensibles de las clases media y alta de toda América Latina se identificaron de forma inmediata con la salsa y la hicieron suya ¡con todas sus consecuencias!

Los músicos y las orquestas se multiplicaron en toda la zona del Caribe, Fania monopolizó la industria y, como fiel negocio capitalista a la americana, aplicó las leyes del mercado de forma implacable a sus obreros (léase músicos), dictando lo que se podía grabar (léase vender) y lo que no.
La demanda del mercado obligó a producir en serie, se abrieron tiendas de discos especializadas en salsa, las discotecas se dividieron entre las tradicionales de baile y las salsotecas, y los consumidores, a su vez, se dividieron en bailarines y salseros.
A los músicos estrictamente salseros se unieron los viejos músicos latinos, aquellos que desde los años cuarenta habían impuesto el son, el mambo y el chachachá. Estos, que tenían más preparación técnica y más experiencia, entraron en la salsa a regañadientes, pues les parecía un sonido blasfemo y ruidoso, pero la gente lo que quería era salsa na'ma y no tuvieron otra alternativa que tocarla.
Los músicos de la vieja guardia tenían algo de razón en sus críticas y observaciones, pero no entendían que la salsa era un fenómeno cuyas causas y consecuencias estaban más allá de lo musical. Es cierto que la mayoría de los músicos salseros no tenían una gran preparación técnica, pero en la expresión importaba mucho más lo que éstos tenían que decir que la formación musical o el virtuosismo.
Quien escuche las primeras producciones de Joe Cuba, Willie Colón o Ángel Canales comprobará las carencias técnicas de los instrumentistas e, incluso, de los cantantes, aunque esta evidencia queda eclipsada por la fuerza, la honradez, la alegría y la rabia con que están atacados los temas.
y en salsa esto es lo que cuenta. ¡Quema ya!.
El boom estuvo comandado por las producciones de Fania,
pero, paralelo a su monopolio, varios músicos y orquestas desarrollaron su
trabajo de forma independiente y con criterios menos comerciales.
Al mismo tiempo, la salsa se desarrolló con fuerza en Puerto Rico y Venezuela. Entre las producciones independientes cabe destacar el trabajo de Ismael Rivera, Eddie Palmieri, Gran Combo de Puerto Rico, Willie Rosario, Richie Ray, Puerto Rico All Stars, El Trabuco Venezolano, Grupo Folklórico y Experimental Nuevayorquino, Joe Cuba, Orquesta Broadway, Ángel Canales, Henry Fiol, Conjunto Clásico, Raphy Leavitt, Conjunto Libre y Dimensión Latina etc.
Entre las producciones independientes y las de Fania se abasteció la demanda del mercado salsero, pero la inspiración no daba para tanto y, en consecuencia, de cada cinco discos empezaron a salir tres de café y dos de azúcar.
A los músicos latinos triunfantes se les salió de las manos el éxito y cayeron rápidamente en el abuso de las drogas y la pereza creativa.
La Fania, en su afán de conquistar a los blanquitos, perdón, el dinero de los blanquitos, puso a sus estrellas a flirtear de forma inconsecuente con el soul, el rock y la música disco, terminando en un callejón cuya única salida era la música cubana. Aquí se inicia lo que se conoce como período matancerizante de la salsa.
Ante la sequía creativa, algunos músicos acuden al baúl
inagotable de la guaracha cubana, principalmente a los repertorios de la
Orquesta Aragón, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, el trío Matamoros, el
inagotable de Arsenio Rodríguez y La Sonora Matancera. Esta última, además
de tener obras de gran factura rítmica, era conocida en toda América Latina y
EE.UU
La Matancera había difundido con éxito un estilo sonoro y bailable que resultaba infalible y esto garantizaba, a los salseros que acudían a dicho repertorio y estilo, un mercado y abierto. También se crearon temas nuevos, pero con arreglos al estilo de La Sonora Matancera, abandonando el sonido de El Barrio, es decir, el de la salsa.
Es a este período al que se aferran los críticos cubanos para menospreciar la salsa, sin tener en cuenta la coyuntura en que dicho período surgió y desconociendo por completo el cuento que ya he relatado hasta aquí y sus protagonistas verdaderos.
Fuentes Referenciales:
Romero, enrique. SALSA el orgullo del barrio
Salsa, crónica de la música del Caribe urbano por Cesar Miguel Rondón
Betancur Álvarez, Fabio. Sin clave y bongó no hay son
Orovio, Helio. Diccionario de la música cubana
Ortiz, Fernando. La música afrocubana
Rodríguez, Lil. Bailando en la casa del trompo
Discos Fuentes. La discoteca del siglo
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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