"Los orígenes del merengue siguen pues, en la niebla. No parece que pueda atribuirse a origen haitiano. De haber tenido esa procedencia no habría gozado de boga alguna en 1855, época de cruentas luchas contra Haití; ni los que en ese año repudiaban al merengue habrían dejado de señalar tal procedencia como suficiente motivo.

 

 Las formas literarias que acompañan al merengue son las más comunes dentro del arte popular la copla, la seguidilla, y la décima, apareciendo pareados de vez en cuando.

 

 

 

Desde el principio el merengue se interpretó con  los instrumentos que poseía el pueblo y que les eran más fáciles de adquirir, las bandurrias dominicanas, el Tres, el Cuatro y la tambora. A fines del  siglo XIX,  hizo su entrada por el Cibao el acordeón diatónico de origen alemán que por su fácil manejo desplazó la bandurria. Por sus escasas posibilidades melódicas este instrumento limitó la música que interpretaba y así el merengue se conservó en cierta forma desvirtuado con relación al original. En el Cibao, las formas más comunes de la música tradicional eran las salves religiosas y la tonada profana que se cantaban sin acompañamiento instrumental y por lo general era recitada por mujeres.

 

Al diseminarse el merengue por todo el ámbito nacional, produjo, como toda manifestación cultural, variantes. Estas reflejan el manejo de los elementos culturales hecho al acomodo y conveniencia de algunos.

 

Como fueron músicos cultos los que fijaron la forma musical del nuevo merengue, los músicos populares trataron de imitar y seguir este modelo mientras que el hombre de campo continuó tocando el merengue de la misma forma. Esto dio origen a dos formas de merengue bien diferenciadas entre sí. El merengue folklórico auténtico que aún se encuentra en los campos, y el merengue de salón. Este último es el que más se difunde y el que la gran mayoría de personas creen que es folklórico o tradicional.


 Algunas de las variantes del merengue se redujeron a designar con este nombre a otro tipo de música vernácula, por simple asimilación del nombre como se ha encontrado en algunos pueblos de la República Dominicana. Pero este fenómeno ha sido poco estudiado y es difícil emitir juicios sobre las formas peculiares de estas variantes.
A comienzos del siglo XX  había en la isla  un contexto político de inestabilidad nacional, de diputas caudillistas y luchas nacionalistas, y coincidiendo con la bonanza azucarera, surgieron músicos populares como Francisco (Ñico) Lora, con temas como San Antonio, Tingo Talango, Eres la mujer más bella, Pedrito Chávez, San Francisco y una larga lista que, resistiendo el paso de los años, permanecen en el ámbito musical dominicano,  Antonio (Toño) Abreu, Lolo Reysoso, y otros, que se hicieron famosos en la composición de merengues y piezas de otros ritmos populares. Fue con ellos que estos comenzaron a despuntar, adquiriendo incluso contenidos políticos, como en el caso de Ñico Lora. El merengue tradicional experimenta en este período nuevos impulsos en su proceso de popularización.

 

Entre 1920 y 1930 aparecen músicos y compositores como Julio Alberto Hernández, creador del tema Caminito de tu casa, Pablo Campos, creador de La niña del rancho;  Juan Bautista Espinola (1894-1923), quien constituye un caso excepcional en la música dominicana, pues murió a los 29 años de edad, fue uno de los mejores arreglistas hasta su muerte, y se dice que dejó más de quinientas composiciones y que fue el primero en tocar nuevamente el merengue en sociedad; fue el primer dominicano a quien la RCA Víctor le grabó. Entre sus merengues se citan Rubén, Terapéutica, Los Agramonte, Burende Adentro y Dortor Morillo, habiendo ejecutado el ritmo en el salón de baile del Casino Real de La Vega, en 1922.

 

El compositor Rafael Ignacio (1897-1984), se le ha considerado el pionero de la modernización del merengue, por sus arreglos a temas como Viejo Goya y Todas las mujeres tienen la mala maña, y sus composiciones como el regón Salaito Mamí, el Rondó popular basadeo en el tema Juan Gomero, el merengue Así es como se baila -más conocido como Vironai-, y otras que iniciaron la nueva vestimenta del ritmo.

 

Fue con todos estos autores, integrantes del nacionalismo musical, que el merengue se asentó definitivamente en los salones de la elegancia.

 

 La modernización de la música popular dominicana empieza en un contexto de auge nacionalista, pero paradójicamente, en un periodo de pérdida de la soberanía nacional por la dominación extranjera sobre el país, el de la ocupación, militar estadounidense de 1916-1924. Fue en medio de esta que el merengue empezó a adquirir sus avances actuales y su riqueza posterior, al producirse varios cambios de repercusión histórica: el nacimiento del merengue instrumental y la expansión del merengue liniero, denominado entonces Pambiche o merengue apambichao. Pambiche es un parónimo que al parecer derivó del nombre del uniforme listado usado por los soldados estadounidenses: Palm Beach,  originado en Puerto Plata hacia 1917, debido a que "a los infantes de marina estadounidenses se les hacía muy difícil bailar el rápido merengue".

 

 El pambiche es una corrupción del Palm Beach americano, aunque inicialmente se le denominó Juan Ester, también corrupción del baile one-step. Desde entonces el merengue lento se le conoce como “apambichao”.

 

A través del merengue, esa isla del Caribe libera sus penas o se ríe de los políticos de turno. Canta el pueblo con picardía, especialmente al amor y a la belleza de sus paisajes. El merengue genuino y auténtico solo sobrevive en las zonas rurales. La forma tradicional del merengue ha cambiado. El paseo desapareció. El cuerpo del merengue se ha alargado un poco más y en vez de 8 a 12 compases a veces se le ponen desde 32 hasta 48. El jaleo ha sufrido la introducción de ritmos exóticos que lo han desnaturalizado. 

 

A pesar de su auge entre las masas populares, la clase alta no aceptó el merengue por mucho tiempo, por su vinculación con la música africana. Otra de las causas que pesaron sobre el repudio y ataques contra el merengue fueron los textos literarios que lo acompañan, generalmente subidos de tono.

 

El panorama cambió a partir de 1930, pues el dictador  Rafael Leonidas  Trujillo en su campaña electoral usó varios conjuntos de "Perico Ripiao" compuesto de acordeón, guitarra, gûira y tambora,  y logró difundir el aire nuevo a zonas donde no se le conocía previamente, ayudándole mucho en esa difusión el uso de la radio y la televisión  recién llegada al país antes del inicio de la dictadura. Además, ayudó mucho  el  avance en la tradición bailable del pueblo, del tesón de varias generaciones de músicos académicos, renovadores de lo popular, que contribuyeron a su depuración y estilización, lo cual se combinó con la aparición del disco y la difusión radiofónica no sólo del merengue sino también del  carabiné, la medialuna y la mangulina, que fue llevada por primera vez a la radio al parecer en 1946, por el Trío Alegre Dominicano integrado por  Pablo (Papa) Molina, el primero que pasó la mangulina a una orquesta, Bienvenido Brens y Luis Kalaf. Títulos como Aunque me cueste la vida, Yo tengo un lío, La empalizá y Acuérdate de mí son algunas de las obras más reconocidas de este autor.

 

 

 

 

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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