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Los orígenes y raíces de casi todos los géneros musicales tanto tradicionales como populares, se pierden en el tiempo y la distancia.
Por supuesto que tanto los historiadores, antropólogos, musicólogos y todos aquellos interesados en el saber musical no escatiman esfuerzos por tratar de buscar posibles acercamientos a lo que pudo haber sido los comienzos de la historia musical a través de los tiempos. Todo indica que por más aproximaciones, suposiciones e indicios que se estudien, definitivamente nunca podrá escribirse con veracidad absoluta acerca de tal o cual realidad de determinada música de antaño, todo porque nunca hubo evidencias ni registros que puedan probar a ciencia cierta sobre algún acontecimiento histórico.
Siempre nos remitimos a la tradición oral y escrita, a los hallazgos, a las conservaciones, en fin este es un tema de nunca acabar. Pues bien, el Bolero no es ajeno a este asunto.
De los orígenes de éste género no quedó muestra alguna, sólo testimonios orales transmitidos de generación en generación. Gracias a Thomas Alva Edison, la civilización logró almacenar el sonido en 1877 cuando este gran genio inventó el fonógrafo de cilindro, más tarde Emile Berliner crea el gramófono.
Estos maravillosos inventos han sido pilares para la divulgación y difusión de la música universal, lo que permitió más tarde la perpetuación por medio de los discos de acetato, vinilo y compactos digitales registrar para la historia hechos que evidencien el pasado.
Hablar del Bolero latinoamericano quizá sea redundante, pues este género artístico y musical es una de las manifestaciones más propias y personales de nuestro ser colectivo y, aún con su difusión y universalización, sigue siendo uno de los fenómenos que identifican y homogenizan esa noción de ‘latinoamericano’, porque el Bolero a pesar de sus raíces europeas es definitivamente algo Latino y aunque lo ubiquemos a veces en Cuba o el Caribe es un patrimonio colectivo que toca e involucra desde México a la Argentina y llega, inclusive al Brasil y al mismo pueblo norteamericano.
Sin embargo es preciso anotar, que ya en la madre España se cultivaba el bolero desde 1780 en la región de Andalucía y las Islas Baleares parte de Mallorca, según el entendido de muchos críticos, el cual tenía similitud con las peteneras o seguidillas, de un carácter más noble y majestuoso, lo mismo que con el minueto, era de ritmo ternario. Todo parece indicar, que el origen del bolero es de orden lingüístico, según Fernando Sor la palabra “bolero” en su origen era un adjetivo, se emplea hoy como sustantivo para designar una danza española denominada seguidilla, en la que un bailarín, llamado bolero, introdujo unos pasos que exigieron algunas modificaciones en el movimiento y en el ritmo del acompañamiento del aire primitivo. Al hablar del aire así modificado se le llamaba seguidilla bolera, y al hablar de su danza, el baile bolero, terminándose por decir únicamente el bolero.
A su vez, la bolera era un baile de la región de Salamanca y Burgos. Alrededor de 1870, Sebastián Cerezo, un gran bailarín, popularizó el baile del bolero. Muchos de los compositores de la época como Laserna, Guerrero y Valledor, hicieron obras en este ritmo, lo mismo los maestros clásicos como Beethoven, Berlioz, Chopin, Maurice Ravel, entre los más destacados.
Acerca del origen del Bolero Latinoamericano existen varias hipótesis, se estima que pudo haber surgido en la parte oriental de Cuba en el año de 1885, época en que la isla se debatía por la lucha de su independencia, extendido por las Antillas hispanoparlantes, y por las costas continentales que se asoman al mar Caribe. Otros, por el contrario, afirman que su procedencia radica tanto en Puerto Rico como en la República Dominicana. Es muy probable que haya tenido origen en algún lugar del caribe y luego por las interrelaciones entre éstos más la difusión por la radio, otros países lo asimilaron y lo cultivaron con características regionales y estilos diferentes. Es una discusión histórica en la cual jamás habrá un consenso unificado, dado que la historia escrita y oral de los países latinoamericanos sigue siendo oscura.
El bolero tiene un pasado folclórico en el que existen autores anónimos, Esta etapa, se denomina 'la prehistoria' del género y presenta la tremenda dificultad de no poder documentarla.
En su mayoría, los críticos del bolero coinciden en afirmar que fue José “Pepe” Sánchez, cantante y guitarrista conocido como el padre de la canción trovadoresca cubana, quien impulsó este género cuando inmortalizó su obra cumbre “Tristeza”. Es posible que con esa obra de tres títulos “Me entristeces mujer” o “Un beso”, se diera comienzo a éste género como himno universal de los enamorados. Para ese entonces, los boleros tenían dos partes o secciones o períodos musicales de dieciséis compases, separados por un pasaje instrumental, al que llamaban pasacalle.
En su esencia, el bolero es de tipo lírico romántico, de temática amorosa, pasional, de motivo rítmico simétrico, estable y constante, de compás cuaternario, ha sido uno de los géneros caribeños con mayor difusión a lo largo y ancho de toda nuestra América Latina. Jóvenes y viejos desde Nueva York hasta la Argentina se han enamorado con el bolero como música de fondo, utilizándolo como un transmisor de las manifestaciones líricas más sublimes y más cursis al mismo tiempo.
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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