EL BOLERO CUBANO

 

Es una expresión musical vocal-instrumental, cantable y bailable,  una de las variantes del complejo genérico de la canción cubana, consecuentes de un proceso de interacciones de géneros de la música popular cubana y de éstos con otros foráneos.

 

 

El bolero cubano tiene  sus propias características musicales diferentes al español. Por un lado el bolero trovadoresco, cauce de la expresión sentimental personal del cantante o compositor y hecho específicamente para que el público la escuche, marcado por el acompañamiento del motivo conocido por “cinquillo”, base rítmica del danzón, y que mucho antes se hallaba en la contradanza y las danzas cubanas, ello no significa que en el acompañamiento del bolero, este motivo tenga que aparecer necesariamente en su figuración estructural completa, puede presentarse así y con variantes.

 

 Por el otro lado,  el bolero rítmico, emparentado con el complejo del son, que si bien no pierde sus características románticas, puede al mismo tiempo ser bailado, convirtiéndolo en cómplice del cortejo erótico-sensual, mostrando una tendencia a la fusión con otros géneros musicales bailables, que han contribuido a la supervivencia del género como un factor de gran importancia musical.

 

Se presume que el bolero español llegó a Cuba a principios del siglo XIX y se cultivó con éxito en la isla.

 

 De la influencia negra en Santiago de Cuba, siempre ligada a las herencias española e indígena, surgió el llamado cinquillo o quintillo, es decir, una pulsación en cinco tiempos que se encuentra en casi toda la música originaria de Dahomey en el África. Este grupo de notas sincopadas dio como resultado un ritmo con sabor, el bolero.

 

El estudio evolutivo del bolero cubano permite diferenciar cuatro etapas de desarrollo a partir de sus regularidades musicales y contextuales. La primera se ubica desde finales del siglo XIX hasta los años 1920. Para ese entonces, se perfilaron y definieron  algunos de sus principales rasgos metrorrítmicos y de contenido textual. Muchos de los nombres de los precursores de la “trova bolerística oriental”  o “trova tradicional”, se han perdido en el tiempo. Se recuerdan entre otros a Evaristo Molina, Fermín Castillo, Eulalio Limonta, Nene Manfugás,  Emiliano Blez,  Leopoldo Rubalcaba, José (Pepe) Banderas, Sindo Garay, Rosendo Ruiz, cada uno con su estilo personal, y el gran José (Pepe) Sánchez, reconocido como uno de los grandes precursores y cultivador del género. En esta etapa, el bolero presenta forma binaria. Cada una de las partes que lo constituyen consta generalmente de frases de ocho compases y períodos de 16 con su repetición.

 

La práctica de la ejecución trovadoresca en las serenatas y otras ocasiones de divertimento, mostraba una tendencia a interpretar frecuentemente los boleros a dos voces, primo y segundo, en modo mayor y menor, acompañadas por una o dos guitarras, tres y maracas y claves (bolero rítmico). La temática gira en torno al amor y a la mujer, a los sentimientos patrióticos y a la exaltación de la naturaleza. Las voces interpretan en muchos casos, dos líneas melódicas independientes con textos diferentes para destacar cada voz. Este elemento de estilo fue sustituido al incorporarse el canto a dos voces a intervalos de terceras y sextas paralelas.

 

 En la segunda etapa, entre los años 1920 y 1940, el bolero se debilitó al hacer su aparición definitiva en el medio urbano del son, género que acaparó la preferencia del público, además del auge del jazz con su instrumental de recursos tímbricos y armónicos. Otro factor que influyó en el opaco del bolero fue que entre 1925 y 1935 se formaran las tres agrupaciones musicales cubanas encargadas de popularizar el son a gran escala: El Sexteto Habanero, el Septeto Ignacio Piñeiro y el Trío Matamoros, integrado por Miguel Matamoros, Rafael Cueto y Siro Rodríguez todos de la región oriental de Santiago, incorporándole la clave habanera y las maracas, y dándole al bolero un toque de sabrosura y nostalgia. Marcaron una pauta con el estilo de bolero son, además fueron grandes embajadores de la música popular cubana ante el mundo. De sus obras bolerísticas más destacadas están los números Olvido, Lágrimas Negras, Dulce embeleso, Juramento, Promesa, y muchos más, con líneas melódicas a dos voces y una conducción lineal con movimientos contrarios, cromatismos,  y otros intervalos diferentes a los tradicionales. En esta etapa, aparecen nuevos formatos como los tríos, sextetos y septetos, el empleo del compás de 2/4 en la métrica del son y un tempo más vivo. Se le agrega el bongó, las maracas y las claves, y siguió predominando el tema del amor en el contenido temático.

 

Empezaba así una nueva era para la música de la vieja trova cubana. Tanto compositores como cantantes se fueron convirtiendo en embajadores del bolero en el plano internacional. Es así como Alberto Villalón, María Teresa Vera, Sindo Garay entre otros,  llevan a Méjico y Estados Unidos un repertorio de canciones románticas, lo mismo hicieron Osvaldo Farrés, Orlando de la Rosa, Julio Gutiérrez y el mismo Ernesto Lecuona.

 

Para ese entonces el trovador Rosendo Ruiz impone el éxito “Pobre corazón”, Jaime Prast se inspira con “Ausencia”, Eliseo Grenet compone “Las perlas de tu boca”, y otros compositores como Margarita y Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig y Jorge Anckermann, aportan páginas trascendentales al repertorio bolerístico cubano. Lecuona compuso su magistral obra Siboney y Como un arrullo de palmas entre muchas.

 

Pero fue hasta el año 1930 cuando Nilo Menéndez y Adolfo Utrera se inspirarían en el tema “Aquellos ojos verdes” grabándolo en los Estados Unidos junto al gran maestro Ernesto Lecuona para que el bolero alcanzara una carta de internacionalización. La pieza logró alcanzar un éxito rotundo que intérpretes famosos como Nat King Cole, Los hermanos Dorsey, el trío los Panchos se dan el lujo de grabarla.

 

Hacia 1935 aparece una obra antológica, se trata de “Beguin the beguine” del norteamericano Cole Porter. En muchos países aceptaron la combinación de bolero beguine. En Cuba este estilo lo cultivaron compositores como Julio Gutiérrez, Bobby Collazo, Mario Fernández, Orlando De Rosa y otros.

 

El bolero cubano va evolucionando en los estilos personales de figuras como Fernando Collazo, Miguelito Valdéz, Paulina Álvarez, Pablo Quevedo en principio. La Orquesta Casino de la Playa la que inició la costumbre de interpretar tanto repertorio bailable como romántico, su vocalista Miguelito Valdés fue la voz que inmortalizó los grandes éxitos de esta agrupación: Taboga y Dolor Cobarde.

 

La tercera etapa es la consolidación del género, desde 1940 y 1950. Coincide con el inicio de la segunda fase de interacciones entre géneros, remarcada por un acelerado incremento en la comercialización de la música popular latinoamericana, dando como resultado todo tipo de denominaciones genéricas tales como bolero-son, bolero-chá, bolero-moruno, bolero-mambo, guajira-son, bolero-ranchero, etc. dando como resultado  las variantes y estilos que el bolero presenta, de acuerdo con las épocas, perfiles regionales característicos, mezcla o combinación de diferentes ritmos, aportes musicales de otros países, y rasgos personales interpretativos de sus creadores.

Para estos tiempos  surgirían figuras como Alberto Ruiz, Roberto Faz, Orlando Vallejo, Pacho Alonso, Orlando de la Rosa, Felo Bergaza, Isolina Carrillo, Luis Marquetti, Pedro Junco, Roberto Faz, Fernando Álvarez, José Tejedor, Manolo Del Valle, Lino Borges, y por supuesto la figura inigualable, Benny Moré, conocido como “El Bárbaro del ritmo”, cantó boleros inolvidables como  Mucho corazón, Como fue, Hoy como ayer, etc.   El Conjunto Casino de la Playa hizo un gran aporte a la difusión del bolero cubano. Cultivaron el bolero son, y junto a Miguelito Valdéz graban el bolero Dolor cobarde, y Taboga, Cuando vuelvas a quererme. Barbarito Diez, combinó el bolero con el danzón perpetuó su voz con Las perlas de tu boca, Dulce embelezo, y Tu qué haz hecho, Si llego a besarte etc.

Por estos tiempos empezaban las composiciones a tomar giros armónicos diferentes a los clásicos anteriores, es así como René Touzet lanza su obra “No te importe saber”, Bola de nieve con “Si me pudieras querer” y Margarita Lecuona con “Eclipse”, pertenecientes al cancionero filin.

 

Ya por la segunda mitad de los años cuarenta se empiezan a conocer figuras importantes como del movimiento feeling  o (filin), el caso de José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Niño Rivera, Enrique Jorrín, Antonio Arcaño, Félix Chapottín, Miguelito Cuní, Tito Gómez y la Orquesta Riverside, Rosendo Ruiz entre otros. Las obras de este grupo tenían un común denominador en su forma expresiva, el reflejo de la vida emocional de un amplio sector de la sociedad, cada intérprete era libre de expresarlas a su manera, ya fuera la de sus propios creadores o las personales como Elena Burke, Omara Portuondo, Cuarteto las D´Aida, Pepe Reyes, Reinaldo Henríquez, etc.

 

Antonio Machín, que con su voz suave y estilo, llegó hasta España: Madrecita, Mira que eres linda, etc.

René Cabel, apodado  el ‘Tenor de las Antillas’, fue otro de los grandes que se impuso, dejando un extenso repertorio, con él se inició la era de los ‘tenores boleristas’ donde una voz gruesa marcaba la pauta, grabó Princesa de la noche,  Despecho, Amigo, Irremediablemente solo, Palabras de mujer, etc.

Ignacio Villa, conocido como Bola de Nieve, marcó pauta en el romanticismo cubano: Si me pudieras querer. Entre las mujeres podemos señalar a Xiomara Alfaro, autora de Siboney.

El formato instrumental que se establece es con piano, bajo acústico, dos o tres trompetas, pailas, tumbadoras, bongó, cencerros, güiros, maracas, claves y dos cantantes generalmente.

 

En la década de los años cuarenta, y con anterioridad, la música cubana influenció no sólo en distintos países latinoamericanos, sino también  a la música norteamericana. El son cubano había triunfado mundialmente. El influjo de esta música entonces llamada “Latina” seguía en expansión.

 

Pero sin duda alguna, fue el conjunto de la Sonora Matancera quien le dio popularización al bolero por muchos países latinoamericanos. Con un formato moderno para ese entonces con piano, contrabajo, maracas, bongoes, tumbadora, trompetas, la sonora se convierte en embajada rodante por todo el continente. Es larga la lista de sus integrantes, valdría la pena mencionar figuras como Bienvenido Granda, el cual grabó en principio el bolero “Si alguna vez volviera”, “Allí donde tú sabes”, “Angustia”, “Nostalgia”, etc.

 

 El jefe Daniel Santos de Puerto Rico marcó historia con su interminable repertorio musical, entre otros temas están “El bobo de la yuca”, “El ajiaco”, “El juego de la vida”, “Un poquito de tu amor” etc. La guarachera Celia Cruz grabó muchísimos boleros, quien no recuerda “Tu voz”.

 

La lista es interminable, por esta legendaria agrupación pasaron figuras como Bobby Capó, Alberto Beltrán, Leo Marini, Nelson Pinedo, Carlos Argentino López, Celio González, Vicentico Valdéz, Toña la Negra, Carmen Delia  Dipini, y otros.

 

Otros grandes pertenecientes al bolero cubano están entre otros, Julio Brito,  autor de “El amor de mi bohío”, Oswaldo Farrés escribió “Toda una vida”, José Carbó escribió “Hablemos los dos”, Julio Gutiérrez es el autor de “Un poquito de tu amor”, “Llanto de luna”, Orlando de la Rosa compuso “No vale la pena”, “Vieja luna”, Luis Marquetti se inspiró en “Amor de cobre”, Mario Álvarez compuso “Sabor de engaño”, Panchito Riset: El cuartito, Cita a las seis, etc. Rolando Lasserie: Sabor a mi, Negrura. Orlando Contreras: En un beso la vida, Egoísmo, Amigo de qué, Por un puñado de oro. Lino Borres: Vida consentida, Morir soñando. La gran Olga Guillot: Miénteme, Voy, etc. Blanca Rosa Gil: Hambre, Si Dios me quita la Vida, Sombras. Y la conocida La Lupe – Yoli Raymond: Qué te pedí, Adios, Amor Gitano, Bienvenido Granda (sus éxitos: Angustia, En la Orilla del Mar, Tu precio, Señora, etc.), y Celio González (Total, Quémame los ojos, Amor sin esperanzas, Quimera fugaz). Igualmente la Orquesta Aragón, una verdadera institución musical cubana, salió al paso para dejar inolvidables éxitos en la historia del bolero (Nosotros, Silencio, cuatro vidas, La gloria eres tú, etc.), etc.

 

La cuarta etapa comienza por los años 60, caracterizada por recurrir a patrones melódicos, armónicos ya codificados, con elementos modernos en el lenguaje musical. Tras la Revolución de 1959, el Bolero en Cuba fue relegado por ciertas causas politíco-ideológicas, ya que parecía representar el pasado dictatorial, aunque por supuesto eso no era más que una vinculación forzada, se impuso el movimiento de la nueva trova y sus grandes exponentes: Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. A partir de los años ochenta el Bolero Cubano tuvo nuevos exponentes, los cuales utilizan varios recursos: la creación nueva o la reedición de clásicos, entre ellos se encuentran, dentro de Cuba, Pablo Milanés: Yolanda, Para vivir, y el Breve espacio en que no estás; en el exilio, Gloria Estefan: Con los años que me quedan, Sé que volverás y Hay amores.

 

 

 

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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