El jazz es una música de mezclas, de orígenes latinos y caribeños. Si los ritmos latinos de origen africano han formado siempre parte del jazz, hubo que esperar la década de 1940, con el concurso de músicos cubanos residentes en Nueva York, a que la industria del espectáculo y el publico en general reconocieran oficialmente este aspecto latino cuya evolución ha hecho nacer lo que hoy se llama jazz latino.

 

Antes de llevar tal nombre a todos los labios, esta música fue conocida como jazz criollo, rumba, jazz afrocubano, cubop y mambo. Al correr de los años, tras la fusión esencial de las armonías del jazz con los ritmos afrocubanos, que se operó simultáneamente en Nueva York y en La Habana, se abrió a otros ritmos afrolatinos, como el joropo venezolano, la bomba portorriqueña, el merengue dominicano, el festejo peruano y aun al movimiento de la salsa.

 

Casi 50 años después de su aparición, el termino jazz latino, que algunos músicos remplazan por el de jazz afrolatino, designó en lo sucesivo un género musical (el jazz) asociado a los ritmos y a un conjunto de músicas populares de América Latina que, por el calor de sus lenguajes, tienden a unificar las culturas del mundo.

 

 

El jazz latino hunde sus raíces en las músicas afroantillanas de expresiones francesa y española. En sus inicios tuvo dos células rítmicas: el cinquillo y la clave. Y con ellas, la memoria de varios pueblos, de dos universos culturales, el europeo y el africano, que se encontraron en un lugar preciso: las islas del caribe. Mientras que los cinquillos se encuentran en el origen mismo de las células rítmicas creadas voluntariamente por los compositores de la contradanza francesa, el género musical más popular en el caribe colonial del siglo XVIII, la clave es un espíritu inherente a la música que surge de la sobre posición de varios ritmos. Como para el cinquillo, verdadera huella digital de la música afrocaribeña, existen varias formas de clave, de las cuales la más conocida es la cubana.

 

Factor de identidad cultural, la clave cubana, como frase rítmica, desembarcó en Nueva Orleans en el siglo XIX, cuando unos músicos locales, de regreso de Cuba, y unos músicos cubanos de paso por Luisiana se pusieron a interpretar las danzas habaneras que por entonces estaban de moda. Se desliza después al blues y al jazz. Se encuentra en diferentes formas en ciertas composiciones de Louis Armstrong, de Jelly Roll Morton y de W. a. Handy, composiciones que subrayan la influencia fundamental del caribe hispanófono en el escenario musical de Nueva Orleans.

 

En elocuente frase, Jelly Roll Morton ha evocado el termino salsa 50 años antes de su primera utilización: "De hecho, si no son ustedes capaces de insertar ingredientes españoles en sus composiciones de jazz, no lograran jamás obtener lo que yo llamo el perfecto condimento".

 

Como todo arte, el jazz latino no se puede reducir a una ecuación. Se trata, sin duda, de un movimiento musical en evolución constante. En su origen, el jazz se convertirá en jazz latino desde el momento en que unos músicos efectuarán la fusión de melodías, de estructuras armónicas del jazz y de improvisación con ritmos afrocubanos producidos por una sección rítmica tocando en clave.

 

La sección rítmica afrocubana tradicional se compone de un piano, cuya técnica a menudo es percusiva, de percusiones afrocubanas (timbales, congas, bongó) y de un contrabajo que produce una síncopa llamada tumbao. El pianista puertorriqueño Eddie Palmieri, uno de los precursores de la salsa, llegará incluso a afirmar que "sin la sección completa de percusiones afrocubanas no hay jazz latino, sino solamente un jazz con acompañamiento latino".

 

 Esta posición es un tanto excesiva, pues parece no querer tomar en cuenta la evolución de esta música, ya que muchos músicos latinoamericanos han remplazado con los años ciertas percusiones afrocubanas por otras que son testimonio de sus propias tradiciones musicales.

 

La verdadera explosión del jazz latino se produjo a comienzos de la década de 1940, cuando en Nueva York el trompetista cubano Mario Bauza compuso Tanga, mientras que en La Habana, durante unas espontáneas jam sessions, músicos de jazz improvisaban sobre ritmos cubanos. En 1946, a instancias de Bauza, otro trompetista, estadounidense esta vez, Dizzy Gillespie, invitó a ingresar en su orquesta al percusionista cubano Chano Pozo. Juntos popularizaron la composición Manteca, que desde entonces es el himno del jazz latino. Simultáneamente, a la sombra de esas dos oleadas creadoras llegó una tercera, impulsada por uno de los más formidables compositores y arreglistas cubanos del siglo XX, Arturo Chico O'Farrill, verdadero creador del género conocido con el nombre de cubop.

 

A finales de la década de 1950, tras la locura del mambo y el chachachá, y a medida que el jazz latino evolucionaba de la gran orquesta a unas formaciones mas pequeñas, se insinuó en la música popular estadounidense otra influencia, llegada de Brasil, el bossa nova, música que brotó de una fusión de samba, de jazz y del impresionismo musical francés. En la misma época se abrieron nuevos horizontes. Los ritmos afrocubanos penetraron en el rhythm and  blues, el jazz se vistió de melodías folclóricas latinoamericanas y unos músicos mexicanos grabaron un "jazz tropical" mientras el rock descubría las percusiones afrocubanas.

 

Como si respondieran al llamado de vasos comunicantes, numerosos músicos europeos y japoneses convertidos a los ritmos latinos se hicieron los nuevos embajadores de una cultura que poco a poco penetraba en un mundo en busca de especias, de sol y de danza.

 

 

Lentamente, los músicos de jazz ensancharon sus horizontes e incorporaron a sus composiciones elementos de música popular de América Latina y el Caribe, mientras que músicos de esas regiones insertaban frases y armonías de jazz en su propia música. Desde entonces, a las células rítmicas de la clave cubana presentes en  el jazz vinieron a añadirse los perfumes rítmicos de otras regiones, como los de República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, Colombia o Perú. La evolución del jazz latino va de  la mano con el desarrollo de los intercambios culturales entre los países del Caribe y América Latina y los del resto del mundo, intercambios basados en la libre expresión de varias raíces culturales, en el orgullo de pertenecer a las diferentes comunidades de que provenían los músicos.

 

Por otra parte, esta interpenetración musical tiene el mérito de poner de manifiesto el carácter musical universal del jazz, calidad que nadie puede negarle hoy.

 

 Algunos consideran que el jazz latino tiene un ala brasilera ¿No será, antes bien, un cuerpo desplegado, integro? Brasil es, por si solo, un continente cultural complejo, y la variedad de sus músicas populares mezcladas con el jazz debiera ser objeto de un estudio  separado. Rozaremos, pues, la cuestión brasileña a través del bossa nova, esta alianza de ritmos brasileños con el impresionismo musical francés y el cool jazz norteamericano.

 

 Es importante profundizar en el estudio de los ritmos afrolatinos que enriquecieron el jazz latino. El ritmo es el testimonio de una cultura; una cultura se define por el empleo del tiempo y del espacio.

 

La relación entre la música popular latina, especialmente la que se desarrollo en las Antillas mayores y menores, constituye un tema que todavía no a sido aclarado  en toda su profundidad, proyección y dimensiones. Para localizar las primeras conexiones entre ambos sistemas  se hace necesario partir de la repercusión musical  de la cultura de los  esclavos procedentes  del África occidental,  entre los SS. XVI y XIX y de su paulatina y progresiva influencia dentro de la cultura dominante europea.

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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