En el  caso de los Estados Unidos la población negra se estableció sobre todo en los estados del sur y este del país, entre otros motivos por que la producción agrícola se desarrollaba  en medianas y grandes explotaciones privadas. El  proceso esclavista adquirió una enorme importancia  a partir del s. XVIII y también durante el s. XIX, cuando por la extensión y desarrollo del cultivo  algodonero se incrementó el número de esclavos  para mantener la producción.

 

 Si bien la procedencia de los esclavos variaba dependiendo de las colonias europeas, se ha situado en la Costa del Oro el origen de los negros enviados  a  las  regiones anglosajonas en tanto, que la metrópolis hispana traía esclavos  del Congo y Angola.

 

 Sin embargo, estos estudios no contemplan el  factor de multiplicidad  étnica del propio sistema familiar africano, anterior al comienzo del periodo esclavista. A medida que el  esclavo negro o mulato se instalaba,  en el área anglosajona desarrollaba,  una compleja red de relaciones con la cultura blanca  dominante,  especialmente difíciles de establecer  dentro del terreno de la música popular, casi ignorada si se exceptúan  los documentos de cronistas, viajeros  y algunos periódicos de la época.

 

 A esa red se suma el continuo  trasiego de poblaciones entre  diversos países antillanos  (sobre todo Haití y Cuba), que se intensificó durante el s. XIX  entre las islas de Caribe  y el área de Lousiana, influyendo de manera subrepticia en fuentes que alimentarían el desarrollo del sistema jazzístico.             

 

 

Otros paralelismos  de carácter histórico se suman a este desarrollo: tanto Haití como Nueva Orleáns fueron colonias latinas hasta principios del s. XIX. Con lo cual la procedencia de los esclavos era casi la misma. De cualquier modo, la influencia del protestantismo británico  en Nueva Orleáns  a partir de esas fechas y la súbita prosperidad  norteamericana diversifico el desarrollo de ambas zonas. La clave geográfica  del nacimiento del Jazz se sitúa en Nueva Orleáns, una colonia francesa y española que pasó a formar parte de Estados Unidos a raíz de la compra de Lousiana.

 

 A partir de 1803, año en que Napoleón vendió ese territorio a Estados Unidos, la ciudad conoció un periodo de crecimiento, debido, a una oleada migratoria de norteamericanos  que se instalaron en los valles  de Ohio y Mississippi, lo que provocó que se duplicara  la población en menos de diez años. Sin embargo, el hecho de que Nueva Orleáns  conservara su identidad latina y católica contribuyó  a la pervivencia de elementos afroamericanos  en su expresión  musical popular.

 

Durante el s. XIX la música latina (sobre todo la procedente de México y las Antillas) ejerció una creciente influencia sobre la estadounidense. El trabajo del pianista  compositor   Louis Moreau Gottschalk constituye uno de los mejores  ejemplos de esa época. Este músico de origen criollo, nacido en  Nueva Orleáns, procedía de una familia de aristócratas franceses que habían huido de Santo Domingo (Haití) en 1790 a causa de las numerosas rebeliones independentistas  de aquella colonia. Gottschalk conoció durante su juventud las obras de los grandes compositores  europeos  y los bailes y danzas celebrados  por los esclavos en la plaza del congo, que podía expresar desde el balcón de su casa.

 

Algunas formas originarias de los rituales vudú  (sobre todo la calinda, la bamboula y otras danzas presentes en las ceremonias junto con instrumentos de percusión  afroantillanos), al lado de estructuras orquestales  procedentes de Europa como las bandas militares  y otros esquemas que ya habían entrado en un imparable proceso de fusión, cristalizaron en un género que será  fundamental en la identidad  del género norteamericano.

 

 

Había, además, en ese primer momento músicos sobretodo de origen mexicano y cubano que contribuyeron al movimiento jazzístico durante las primeras décadas del s. XX el clarinetista Lorenzo Tío, el veterano de la Mexican Band Florencio  Ramos, el trompetista  Joe Viscara, Alcide “Yellow” Núñez, integrante Dixieland Band Jazz, y otros.  El pianista Jelly Roll Morton describió esta situación de un modo muy significativo  cuando comentó en Nueva Orleáns  era el semillero rítmico para todos los pianistas del país  debido a la multiplicidad de géneros y estilos  que convivían en las calles de la ciudad.               

 

La composición Saint Louis Blouis de W.C.  Handy (1916) introdujo un formato estructural  que se considera clásico en el jazz latino: el ritmo  de tango seguido  de una sección  de  jazz en 4/4.

 

La década de 1920 preparó la revolución posterior de la música  latina estadounidense por diversas razones.  A partir de 1917 Estados Unidos concedió su ciudadanía a todos los puertorriqueños, originando inmediatamente un movimiento migratorio  de la isla hacia Nueva York.  Al mismo tiempo músicos puertorriqueños, mexicanos y cubanos  comenzaron a instalarse en diversas ciudades norteamericanas. Entre ellos destacaron  Alberto Iznaga, Alberto Socarrás, Juan Tizol y Augusto Cohen.

 

Con la presentación del 26 de abril de 1930 de la Orquesta  Casino de la Habana, dirigida por Don Aspiazu  (probablemente  el primer  director de orquesta cubano que incluyó en su grupo músicos blancos y negros) en el teatro Palace de Nueva York, se iniciaba una nueva influencia, esta vez  más directa, de los géneros cubanos populares  en esa ciudad.  Aspiazu no solo consiguió que temas  como El manisero o Mama Inés   se popularizaran    en todo el país, sino que preparó la entrada de otros estilos  como la conga introducida por Eliseo Grenet y Desi Arnaz en 1937- 38.

 

Por otra parte, la corriente migratoria  que se produjo durante la década  de 1930, sobre todo desde Puerto Rico  y Cuba, contribuyó a la formación  inicial de un barrio latino  en la zona oeste de Manhatan, destinado  a convertirse en un centro sociocultural  decisivo  en la producción de música latina urbana  a partir de la década de 1950,  aunque , por lo pronto, los géneros latinos iban dirigidos  casi exclusivamente  a un público estadounidense  que no prestaba atención a las innovaciones  que se estaban produciendo. De hecho algunas orquestas, como la dirigida por Xavier Cugat y Ernesto Lecuona, suavizaron en extremo las estructuras, ritmos y armonías cubanas para introducirse en espectáculos  destinados a una clientela burguesa, sobre todo en la época de la Gran Depresión.

 

Entre tanto, otras líneas de influencia se iban abriendo de forma un tanto aislada: el compositor y pianista de Harlem Luckey Roberts escribió en 1939 Spanish Suite, inédita, para piano y orquesta en dos movimientos;  el pianista de Chicago  Himmy Rancey mostraba en sus interpretaciones  de boggie Woogie una fuerte influencia del tango  y la habanera en sus modelos bajos; el trombonista puertorriqueño  Juan Tizol se unió  a la orquesta de Duke Ellington en 1932, aportando su propia expresión  en temas como  Caravan (1937) y conga brava (1940); el flautista cubano Alberto Socarrás,  el primero que registro un solo de flauta  en un estudio de grabación neoyorquino, simultaneaba la dirección de su propia banda de jazz con músicos cubanos  y puertorriqueños  en el centro nocturno  Cubanacán  con las colaboraciones con jazzistas de la talla de Benny Carter, Albert Nicholas, Duke Ellington y Louis Armstrong; el cantante  Cab Calloway obtuvo algunos éxitos  con temas de inspiración cubana  como Doin’ the Rumba (1931) y más adelante, con la cola Mario Bauzá, the Congo Conga (1938) y Chili con conga (1939).

 

Así  pues, una de las grandes aportaciones  al jazz  de este periodo reside  en la incorporación de músicos latinos  de este tipo de agrupaciones. Mario Bauzá había llegado a Estados Unidos para grabar con el Cuarteto Machín como trompetista. Más tarde  comenzó a colaborar con diversos grupos  de orientación jazzística: la orquesta  de Noble Sissle, Hi Clark  and His  Missourians, la banda de Chick Webb (en la que trabajó como director  a partir  de 1934) y a finales de esta década de la orquesta de Cab Calloway.

 

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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .

(Músico pedagogo)

CONTACTOS:  marmusico@hotmail.com  -  Bogotá   Colombia

www.musicalafrolatino.com  

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