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Por: Manuel Antonio Rodríguez
El maestro MANUEL ZAPATA OLIVELLA nació el 17 de marzo de 1920 en la población de Lorica en el departamento de Córdoba más exactamente en el barrio Navidad.
Criado en el seno de una familia con tendencias artísticas e intelectuales, hijo del educador Antonio María Zapata Vásquez, era el sexto entre siete hermanos, Marcos, Neftalí, Virgilio, Delia, Edelma y Juan.
A
temprana edad, se desplaza junto a otros hermanos hacia Cartagena de Indias en
busca de mejores oportunidades, luego en 1938 decide viajar a Bogotá en plan de
estudios superiores.
En la capital adelanta estudios de medicina en la Universidad Nacional de Colombia de manera intermitente, debido a su espíritu de aventurero y vagabundo partió hacia Centroamérica con mochila y morral al hombro buscando conocer el mundo literario y estudiar las costumbres étnicas.
Ya desde muy joven se inclinaba por el estudio de la raza afroamericana, amerindia, el mestizaje étnico y cultural de los pueblos latinoamericanos, sin olvidar desde luego las raíces africanas.
En 1943, yo empecé a ver la medicina como una ciencia al servicio de la burguesía, no al servicio de los pobres que no tenían el dinero para pagar al médico. Eso me creó una serie de conflictos sociales y políticas, y me salí de la facultad de medicina. Entre otras cosas, muy influido por Jack London y otros escritores vagabundos, y me fui a pie por Centroamérica. Estuve cuatro años a pie, viviendo la vida hippie, el primero de este continente. En el año cuarenta y tres nadie pensaba en ser hippie. Yo era un hippie, un tipo raro con mi barba. Y así, en esas condiciones llegué a los Estados Unidos, después de haber vivido dos o tres años en México. Y recorrí a todo Estados Unidos como un hippie. Sin embargo, regreso otra vez a Colombia y termino los estudios de medicina. Son dos años más de militancia política, de actividades sociales, etc.
Yo diría que, a partir de ese regreso, es cuando yo empiezo a escribir. Mi primera novela es del año cuarenta y siete, Tierra mojada. Entonces me preocupa la literatura, pero no la literatura como fenómeno literario sino como elemento de denuncia, y eso es lo que aparece en todas mis novelas.
Una vez graduado como médico, empezó a interesarse por el folclor. Así, junto a su hermana Delia quien estudió en la facultad de Bellas Artes también en la Universidad Nacional, organizan los grupos típicos de música y danza tradicional de las costas Caribe y Pacífica colombiana.
Se recuerda que desde 1950 el maestro Zapata trajo desde la costa Atlántica a un conjunto de acordeón, integrado por Fermín Pitre en el acordeón, Juan López en la caja y Antonio Sierra en la guacharaca, quienes tuvieron acogida especialmente por el doctor Alfonso López Michelsen a quien le brindaron una serenata, invitándolos a su vez a presentarse en la emisora Nueva Granada.
Esa experiencia los motivó a traer los gaiteros de San Jacinto comandados por Antonio Fernández, Juan y José Lara. Luego organizaron grupos de danza y música del pacífico hasta finalmente consolidar ese bagaje artístico de las costas colombianas al exterior. Se presentaron en el Teatro Colón de Bogotá impactando a los capitalinos quienes por primera vez veían delegaciones folclóricas en el majestuoso escenario.

Hicieron giras por muchas regiones del país antes de su recorrido maratónico por Europa y Asia en 1954.
Polifacético y todero, el maestro Zapata Olivella pronto se convirtió en escritor, cuentista, novelista, ensayista, dramaturgo, antropólogo, folclorista, investigador, periodista, gestor cultural, diplomático, conferencista, etnógrafo, etc.
Muchos servicios le prestó a su patria, fue cónsul de Colombia en Trinidad y Tobago, el primer autor en resaltar la identidad de su raza negra y el sentido de pertenencia de su región. Ejerció el periodismo y colaboró con numerosas revistas y publicaciones colombianas y extranjeras.
Recibió numerosas distinciones, premios, reconocimientos, homenajes y condecoraciones en vida, entre otras se recuerda el premio Vida y Obra del ministerio de Cultura en el 2002, el Premio Aplauso, el premio Guachupé de oro, la Orden de Boyacá en el año 2000, al igual que un honoris causa en Español por parte de la Universidad de Córdoba en el 2003.
Fundó y dirigió la revista Letras Nacionales. Fue narrador de lenguaje vivo y estilo directo, y cuentista de violencia con temática social, literato, gestor cultural y deportivo además de ser un gran investigador de la cultura musical de los pueblos latinoamericanos.
Su primera obra publicada fue "Tierra Mojada" 1947, la cual hace parte de su trabajo de recrear el ambiente de la época en el bajo Sinú, retratando sus personajes, paisajes y luchas campesinas. De esta misma línea es "Cuentos de Muerte y Libertad" (1961).
Pasión Vagabunda en 1949 los cuales fueron un relato, luego en 1954 escribe las crónicas He Visto la Noche, en ese mismo año escribe China 6 a.m, al igual que Hotel de Vagabundos, el Rey de los Cimarrones. Para 1960 escribe la Calle 10, en el 61 publica el drama Los Pasos del Indio y Cuentos de Muerte y Libertad.

Para 1962 escribe El Cirujano de la Selva y Detrás del Rostro, un año más tarde publica Chambacú Corral de Negros, luego en 1964 aparece su novela "En Chimá nace un Santo”, logra plasmar la cultura popular del Sinú. Para 1983 saca al mercado su gran novela, Changó el gran Putas y en 1988 Levántate Mulato. Identidad del Negro en América Latina, Nuestra Voz y Las Claves Mágicas de América, y muchas otras obras.
Tuvo un reconocimiento a su trayectoria en 2002 cuando recibió el Premio a la "Vida y Obra" del Ministerio de Cultura.
Una obra obligada para la lectura de todos los colombianos indudablemente es la colección IDENTIDAD COLOMBIANA que realizó conjuntamente en la Radio difusora Nacional en 1994, la cual aborda las múltiples caras del hombre colombiano, su lengua, su historia, su filosofía, sus costumbres y artes en un solo rostro. Este material se consigue en la Fundación colombiana de investigaciones folclóricas o en la biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.
Recibió importantes galardones por su creación, entre los que se destacan el Premio de los Nuevos Derechos Humanos de París en 1998 por su novela autobiográfica ¡Levánte Mulato!, el Premio Esso de Novela en 1962 con "Detrás del Rostro", el Primer Premio Espiral en Bogotá en 1954 con la obra de teatro "Hotel de Vagabundos", y en Brasil como mejor novela extranjera a "Changó el Gran Putas"
Un mes antes de su muerte y como presagiando su partida, viajó hasta Senegal en el África invitado especial por el presidente de ese país a un congreso de negritudes.
De su primer compromiso con María Pérez hay dos hijas Edelmia y Harlym, las cuales vivían con él.
Conoció a su esposa la catalana Rosa María Bosch con quien compartió medio siglo de convivencia en una gira por Europa llegando a ser compadre de matrimonio con el recordado Toño Fernández de los Gaiteros de San Jacinto.
En los
últimos años se le vio un tanto achacado de salud, tuvo que soportar cinco
operaciones en sus vértebras cervicales, dolencias en su brazo, limitaciones
para caminar y finalmente lo venció un cáncer haciéndole metástasis hasta
llevarlo al último suspiro el viernes 19 de noviembre de 2004 a las 4:06 de la
madrugada, falleció en casa de su hija.
Sus deseos se cumplieron porque antes de morir quiso que su cuerpo lo velaran en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional y que a su alrededor bailara la “negramenta” como efectivamente sucedió.
El viernes por la noche hubo toques de tambor de la colonia del Pacífico y del Atlántico, al igual que rituales y danza de origen afro. Los gaiteros de San Jacinto tocaron una maya lamento que conmocionó a todos los presentes que estábamos en dicho lugar, su sobrina Edelmira al compás de los tambores de su hijo Jean Betancourt, al igual que el maestro Julio Rentería, Esperanza Perea y un grupo de tamboreros y bailarines hicieron caso de los deseos del gran escritor.
El sábado se llevó a cabo hacia el medio día una misa en su honor y toque de ritual negro por la tarde y noche. El domingo fue llevado cargado a la iglesia de Teusaquillo al compás de las danzas de Delia Zapata y las últimas palabras del escritor David Sánchez Juliao quien le pidió a Dios que recibiera a Manuel en la puerta como él recibía a sus amigos cuando lo invitaba a su casa a comer mote de queso. Luego la carroza fúnebre partió hacia el cementerio donde sus restos fueron cremados.
El viernes 26, muy temprano a las 8:30 de la mañana, sus cenizas llegaron a Montería en un pequeño cofre de madera. En medio de la pertinaz lluvia se realizó una misa a su memoria en los pasillos del edificio de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad de Córdoba. Nuevamente el escritor David Sánchez Juliao tomó la vocería para rendirle un homenaje póstumo por su extensa obra literaria, su hija Edelma leyó poemas e hizo halagos de su trayectoria en la investigación de la cultura afroide.
Luego sus cenizas se trasladaron al auditorio Histórico de Córdoba, el cual lleva el nombre del escritor desaparecido. Allí el gobernador del departamento decretó honores para que las nuevas generaciones difundieran su pensamiento y obra, posteriormente fue llevado a la sala de sesiones de la Asamblea y de inmediato partió la caravana final hacia Lorica donde discursos politiqueros antecedieron sus últimos deseos.
Sus cenizas fueron arrojadas al río Sinú de su natal Lorica en medio de aplausos y llantos hacia el medio día. Su último deseo lo expresó diciendo: “quiero que el río me lleve por el mismo camino por el que llegaron mis antepasados a este continente, quiero encontrarme con los viejos que murieron durante el viaje por el Caribe y que la marea me lleve de regreso a África”.
Manuel y
Delia Zapata Olivella fueron defensores de los pueblos afrodescendientes y
amerindios especialmente, tanto Colombia y el mundo entero quedan en deuda con
todo su legado, por tanto merecen ser recordados como personajes inmortales.
Nosotros quienes nos consideramos sus discípulos, lo atendimos como todo un maestro aquí en Bogotá las veces que lo invitamos a conversatorios y reuniones informales. Recordamos que apenas el 18 de octubre cuando lo entrevistamos en Radio Súper nos manifestó que se encontraba bien de salud con los cinco sentidos en óptimas condiciones, como siempre presto a contestar nuestras inquietudes sobre la tradición gaitera.
Finalmente el sábado 27 en el Palenque de Delia en el barrio la Candelaria se llevó a cabo un ritual o misa negra desde las 6:00 p.m hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Allí cantó doña Libia Vides de Bazanta, se presentaron las chirimías del Chocó con sus danzas y participaron varios tamboreros.
Es una lástima que semejante personaje no haya tenido un gran reconocimiento por parte de algunas esferas políticas y sociales en su última morada, y sobre todo en las condiciones económicas en que se encontraba, sin tener algún subsidio estatal o por su condición de personaje público no tener una solvencia económica para una vida digna.
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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