Por: Alejandro Ulloa S.
Tomado de la revista: Pacífico Sur No.1 Agosto de 2002
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Los géneros folclóricos de estos países (la samba, el merengue, el son, la rumba y el guaguancó, la guaracha, la bomba y la plena, la cumbia y el porro) evolucionaron desde sus formas primarias hacia formas más complejas enriquecidas armónicamente con moderna instrumentación, fusionando géneros de origen afro y aprovechando la tecnología del sonido, en un proceso de experimentación, recreación y transformación permanente como el que se dio en las décadas del 50 y 60 con la aparición del bosanova en el Brasil y la salsa en Nueva York y Puerto Rico, productos nuevos, resultantes de los cruces con el jazz, el soul (para el caso del bosanova) y entre los géneros caribeños que configuraron la salsa, para dar lugar a nuevos cancioneros que hoy hacen parte del patrimonio musical del mundo.
La transformaci6n del folclor en música popular sucedió en las principales ciudades puerto de Latinoamérica y el Caribe, en el proceso de modemización ocurrido desde comienzos del siglo XX.
Mientras eso pasaba en el continente, la música del Pacífico permanecía aislada en lo más recóndito del litoral, reducida a sus manifestaciones falclóricas en las grupos de marimba y en las chirimías, con excepción de "Peregayo", y algunas orquestas chocoanas.

La música del Pacifico y la salsa
Algunos estudiosos como el músico Francisco Zumaqué y más recientemente el profesor Elías Sevilla, han atribuido esa marginalidad de la música del Pacifico al predominio evidente de la salsa en Cali (epicentro urbano de gran influencia en la región y por ello mismo reconocida como la "Capital del Pacifico"), creando así a nuestro modo de ver un falso dilema, una falsa oposición entre estas dos expresiones musicales. Zumaqué (en un foro que tuvimos oportunidad de compartir con él hace algunos años), con el argumento xenofóbico de que la salsa es música extranjera y por lo tanto ajena a nuestra historia y nuestras tradiciones (como si la historia y las tradiciones colombianas no tuvieran que ver también con el África y la esclavitud, a las que está indisolublemente ligada el origen y desarrollo de la música salsa). Sevilla, considerando la salsa como un espacio de exclusión social en la ciudad. Que la salsa se analice como una instancia de exclusión racista y esto parezca una paradoja, puede ser un punto de vista interesante si se tiene claro el sentido del juego de la inclusión y la exclusión, es decir, especificando que se incluye y que se excluye. Según el ensayo del profesor Sevilla ("Salsa, rumba y creaciones culturales negras en las lógicas sociales de identidad y exclusión de la ciudad de Cali"), se trata de la exclusión de la música negra del Pacifico, que habría sido desalojada de su espacio natural, por una intrusa ruidosa venida de Nueva York y del Caribe. La salsa, al habitar la ciudad y el cuerpo de los bailadores caleños (y de las ciudades del Pacífico, entre ellas Buenaventura) usurpó el lugar que le correspondía al currulao y los 25 aires restantes, que se según el musicólogo Abadía Morales, constituyen el folclor de esta costa colombiana (Guillermo Abadía Morales: Compendio General de Folclore Colombiano. 4a.edición revisada y acotada. Biblioteca Banco Popular, Bogota 1983 pag. 211).
Hay aquí una mirada simplificadora del fenómeno. Porque esa exclusión de la música del Pacífico hace parte de la exclusión social, política y cultural a la que han sido sometidas las poblaciones indígenas y negras de nuestro país. Esto también es obvio, pero parece que se olvidara, porque tal exclusión existe desde mucho antes que existiera la salsa en la ciudad, hace ya 40 años.
Decir que la salsa es una instancia de exclusión de la música del Pacífico es creer que la exclusión es un hecho reciente; es negar el carácter histórico de las distintas formas de dominación que han implicado el no reconocimiento, intencional, a la enorme contribución que la población negra del Pacífico ha hecho a la construcción de la nación colombiana, con todo lo que ella tiene de logros y de contradicciones. Decir que la presencia de la salsa en Cali le ha negado el espacio a la música del Pacífico es atribuirle un poder que no tiene la salsa porque supone creer que la complejidad de esa exclusión, entendida como un hecho histórico, se explica por la sobredeterminación de un factor único, suficiente y aislado de otras causalidades sociales. Sin considerar además que, de ser hipotéticamente cierto, la supuesta "responsabilidad" habría que compartirla con otros géneros de la música popular que a lo largo del siglo XX se expandieron por el mundo gracias a la industria y el mercado discográfico.
Contra esta falsa oposición quiero proponer un punto de vista antagónico, en el sentido de propiciar un feliz encuentro entre éstas dos expresiones musicales que tienen raíces comunes.

El Festival Petronio Álvarez
Sin duda alguna, el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, además de ser un acierto desde el punto de vista cultural, en los últimos cinco años, ha hecho posible el desarrollo de la música del litoral, promoviendo grupos tradicionales e inéditos así como ha estimulado la formación de nuevas bandas surgidas en Cali y otros municipios, y ha servido de plataforma de lanzamiento comercial a la buena producción de grupos como Bahía, Saboreo, La Contundencia, Marquitos Micolta y su élite, entre otros, incluyendo el trabajo de la Orquesta Sinfónica del Valle y su currulao sinfónico.
Pero no debemos olvidar que el festival está ligado también a un proyecto político de la dirigencia regional y el gobierno departamental interesados en vincular al Valle del Cauca a la cuenca internacional del Pacífico, en el marco de las nuevas configuraciones geopolíticas de la globalización. Esta consideración es pertinente en tanto muestra las articulaciones entre política, cultura y música (folclórica) como condición necesaria para definir una política cultural oficial, en la última década del siglo XX en nuestra ciudad.
Dos tendencias vigentes: la tradicional y la experimental
Por otro lado, desde el punto de vista musical se pueden reconocer dos tendencias o líneas de creación y producción presentes en el festival Petronio Álvarez. Esas dos tendencias que hay que fortalecer, promocionar y apoyar, son las siguientes: una, la tendencia autóctona, conservadora y tradicional, que interpreta los aires típicos sin modificación alguna, a través de las chirimías o de los conjuntos de marimba, como los grupos Naidí, Buscajá y Son de Pambil. Tanto la chirimía caucana tradicional propia del "Pacífico sur" (de Buenaventura hacia abajo), compuesta por flautas traversas de carrizo, bombo, requinto y triángulo (o maracas) como la chirimía chocoana, pero con instrumentos de viento (el clarinete, el bombardino y más tarde el saxofón), probablemente influenciadas por las bandas militares.
Esa tradición, fundamentalmente empírica, hay que preservarla y enseñarla a las nuevas generaciones, aprovechando los conocimientos de los mayores que han dedicado parte de su vida a cultivar el folclor, como una música que se ha producido por fuera de academias y conservatorios, pero estrechamente ligada a la vida cotidiana de los nativos. Pero también hay que cualificarla, involucrando a los jóvenes, dándoles la oportunidad de expresar sus vivencias. El músico guapireño Hugo Candelario González ha señalado, por ejemplo, cómo el concepto de afinación es ajeno a los músicos empíricos oriundos de la región y plantea la necesidad de que se estudien las técnicas de afinación para enriquecer su interpretación musical. Para ello es necesario activar un proceso de educación musical que comprometa a los músicos, empíricos y académicos, para confrontar sus diferencias, intercambiar sus saberes y construir un espacio común.
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MANUEL ANTONIO RODRÍGUEZ A .
(Músico pedagogo)
CONTACTOS: marmusico@hotmail.com - Bogotá Colombia
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